Fandom

MOCers Wiki

Viaje a las Memorias del Ayer

1.749páginas en
el wiki}}
Crear una página
Discusión0 Compartir
Viaje a las Memorias del Ayer
Serie
Creador(es) L.A.Miranda
Género Escrito
Estatus Finalizada
MOCers Wiki

Viaje a las Memorias del Ayer (título original Travel To The Yesterday's Memories) es el primer serial escrito por L.A.Miranda. Es la primera parte de la conocida como Saga de Lianyu, actuando como introducción de ésta (de ahí que se le considere como el 'capítulo 0 de Momento de Arrepentirse', pieza principal de la saga). Narra la vida de Toa Lianyu en el Universo Matoran.


HistoriaEditar

Capítulo 1Editar

No me preguntéis que hago aquí. Ni yo lo sé del todo. Sé que vengo a buscar una armadura. Lo que no sé es cómo voy a encontrarla aquí antes de que lo haga quien no debe.

Se supone que mi equipo debería ayudarme. Por eso nos han mandado a nosotros, los Toa Nui, recuperar la armadura. Porque somos el mayor y más equilibrado equipo Toa que sigue con vida. O al menos lo éramos.

Hace décadas que no sé nada de los míos. Nada.

Estoy solo.


Spherus Magna ha sido reconstruida. Nadie sabía que este era el verdadero motivo de la existencia de Mata Nui. Excepto el propio Mata Nui. Y nosotros.

Creados como uno de los primeros equipos Toa, entre nosotros hubo muchos experimentos. Por ejemplo, Elnida fue el primer Toa del Hierro, y yo de la Flora. Lo más que sé es que los Grandes Seres decidieron sustituir mi elemento en el Universo Matoran por el del aire. Pero Mata Nui no vio necesidad de sustitución. Podían perfectamente coexistir ambos elementos. De ahí surgí yo.

El Gran Espíritu creo miles de Toa a lo largo de su viaje. Cada uno, ya fuera en equipo o en solitario, con el propósito de velar por una zona, un continente, un lugar del Universo donde vivían. Nosotros no. Nosotros velábamos por todo el Universo Matoran. Protegiendo su corazón. Protegiendo su mente.

Sí. Éramos los Toa encargados de Karda Nui y del Procesador del Núcleo. Durante muchos años no hubo incidentes. Nos íbamos turnando, aunque por lo general yo solía quedarme en el procesador y Naraai en Karda Nui. Elnida iba de un lugar para otro, dado que generaba el material necesario para las reparaciones. El resto del equipo se iba turnando, protegiendo Karda Nui o el Procesador, o bien acompañando a Elnida en sus viajes, lo cual se daba pocas veces pues prefería ir solo. Si no viajaba estaba conmigo. Él era con quien más hablaba, quien mejor me entendía. También hablaba de vez en cuando con Mata Nui, y con los Glatorian que estaban ayudándole (que al poco tuve que poner en estasis porque empezaban a volverse locos. Como hombres de guerra que eran, estar en una cámara clasificando información hasta la muerte era demasiada tortura). Por muy grande que fuera un deber, se necesitaba a alguien con quien hablar durante el cumplimiento de éste. Miles de años solo, por muy ocupado que estuviera uno, llevan a la locura. Quizás ese era el verdadero motivo de mi existencia. Tendría que preguntarle a los Grandes Seres.

El caso es que tenía el honor de hablar con el Gran Espíritu de cuando en cuando. También lo ayudaba en la clasificación y asimilación de información, por lo que me volví uno de los seres con mayor conocimiento en todo el Universo Matoran. Hasta que ocurrió.


El Gran Cataclismo.


Capítulo 2Editar

Fue de improvisto. De hecho, aún sigo sin creérmelo del todo. Estábamos a punto de terminar la misión. De reconstruir Spherus Magna. De volver a casa.

Y de repente Mata Nui se calló. Estaba hablando con él, entusiasmado por este hecho, y se calló. Le llamaba, le gritaba y no me contestaba. Sólo oía a mi eco responder. Algo iba mal, y lo sabía. Intenté llamar a los demás, que vinieran corriendo. Recibí un mensaje de Naraai indicando que algo ocurría en el Núcleo, se estaba apagando. Le iba a responder. Pero empezamos a caer, atraídos por algo.

Aqua Magna.

Intenté evitarlo, intenté controlar el robot. Pero los paneles no respondían. Había un virus en el sistema.

Y entonces chocamos.

No sé cuando desperté. Cuánto tiempo había pasado. Recordé todo lo sucedido. Miré a mi alrededor. No había grandes daños, con la ayuda de Elnida podría repararlos. Sin embargo, las cámaras de estasis donde estaban los Glatorian estaban gravemente dañadas. Quise ponerme a repararlas rápidamente para intentar salvarlos, pero me di cuenta que ya habían muerto al poco de impactar. Tras lamentar su muerte, me puse a revisar las salidas. Me preguntaba si los demás estaban bien. Intenté contactar con ellos. Cabe decir que fue inútil. Decidí ir a buscarles.

Elnida no podría reparar esto, me temo.

En el Procesador apenas había daños, pero Metru Nui estaba irreconocible. Parecía una versión mal hecha de la zona de lianas de Bota Magna. Claro que no eran lianas. Sabía que eran, pero decidí corroborarlo. Intenté atraer una cepa hacia mí; no respondió a mi llamada. Entonces estaba confirmado. Tela Visorak. Sí que estaban mal las cosas para que una especie del Sur hubiera colonizado el Norte. En fin, lo prioritario era encontrar a los míos. Luego habría que activar el Protocolo de emergencia: activar a los Toa Mata, recuperar la Ignika…

Me distraje demasiado pensando. Cuando volví a mi ser, un ejército de arañas estaba delante de mí. Pude apreciar que se organizaban en una jerarquía que no era propia de ellos. Alguien los había entrenado y sometido a su poder. Analicé la situación. Podía derrotarlos a todos. En el caso más extremo, tendría que recurrir a un simple Nova Blast, pero después de ello podían aparecer más. ¿Y quién no me garantizaba que las arañas habían atrapado a los míos? No me quedaba otra. Di media vuelta y huí. Las arañas me siguieron, claro está. Las ralenticé con cepas, Thornax secas explosivas (no existían en el Universo Matoran, conté con pillarlas desprevenidas), polen adormecedor… Sabía que no las eliminaría. Pero no era eso lo que quería.

Llegué al Procesador. Con un poco de suerte, tendría la suficiente capacidad como para hacer lo que debía. Lo activé. Había conexión, pero la energía era escasa. Me di prisa y activé el lanzamiento de las cápsulas Toa. Tahu y los suyos debían de cumplir su deber.

Los Visorak se acercaban. El lanzamiento aún estaba cargando. Mientras tanto, me puse a activar las trampas que fui construyendo a lo largo de los años. Cuando activaba la penúltima, llegaron las arañas. Me sorprendieron, cabe decirlo. Contaba que llegarían un par de minutos después.

Mientras me aplastaban y me cubrían con su red, pude ver en la pantalla del procesador cómo se completaba la carga del lanzamiento y éste se llevaba a cabo.

“Ahora es cosa vuestra, Toa Mata. No nos falléis.” Fue lo último que pensé antes de caer víctima del sueño de las arañas.


Capítulo 3Editar

Demasiada tecnología.

Instalaciones demasiado tecnológicas para unos aracnoides que fabrican sus hogares con redes. Esto no era de las arañas, claro está. Quién me iba a decir a mí que desde una rendija se veía tanto. Lo malo es que las arañas saben apretar a la víctima en el capullo. Lo bueno es que no sabían de lo que era capaz esta víctima. No tardé mucho en liberarme de las redes. Bueno, en que me liberaran. Las Daikau tienen bastante fuerza cuando se trata de morder. No se dice que se traguen Matoran por decir. Lo cierto es que son peligrosas, sí… Gracias a Mata Nui que las peores partes de las Daikau vivan bajo tierra.

La sala en la que estaba tenía bastantes jaulas, hasta un enorme tanque de agua sellado, supongo que para los criminales subacuáticos. Yo estaba fuera, supongo que considerarían el capullo como suficiente prisión. Lo cierto es que había bastantes capullos apoyados en la pared. Muchos tenían Rahi, por lo que pude ver por las rendijas. Me daban algo de lástima, pero supuse que liberar a todas las criaturas sin saber dónde está la salida y tener que vigilarlas mientras la buscaba sería un latazo, así que decidí buscar la salida primero. No había guardia, pero sí algo que parecía similar a un puesto de vigilancia, así que pensé que estarían en el cambio de turno. O abandonado.

Después de largas vueltas y algunas sorpresas (como el choque contra uno de los guardias que se dirigía a su puesto y que tuve que atar y amordazar contra la pared con lianas antes de que dijera nada), terminé en un sala esférica, que pronto reconocí. Uno de los elementos perteneciente al Protocolo. La Sala de la Cuna de Energía, donde se debía colocar el Báculo de Arthaka y que pudiera liberar todo su poder y arreglar los daños. El problema es que, o bien los Visorak habían traído la Cámara hasta Metru Nui por algún motivo, o me han traído a Daxia sin saber por qué. Supuse que la Orden de Mata Nui no les habrá alquilado la Cámara a los manipulantes de los Visorak, así que tomé la válida por la segunda opción.

Intenté recordar más o menos el plano de la Fortaleza de Daxia, pero no me salía. Quería hablar con Helryx, pero no sabía cómo llegar a su habitación, así que no tuve otra. Cogí mi lanzador Thornax y disparé contra la puerta de la Sala. Después me senté y esperé.

Ni dos minutos habían pasado cuando llegó Tobduk. Ni medio segundo cuando me puso la daga en el cuello.

- Quién eres - Me dijo.

- Alguien a quién teníais retenido en los calabozos sin haber hecho nada y que quiere hablar con Helryx.

Tobduk se extrañó.

- ¿De qué la conoces?

- De nada. De hecho, os conozco a todos vosotros, pero nunca os vi en persona. Debiera bastarte con saber que soy un Toa, Tobduk.

- No me basta. Nidhiki es un ejemplo de ello.

- Cierto. Golpe bajo. Entonces te bastará con saber que sé perfectamente cómo neutralizarte y que aún no lo he hecho. Y que tu daga no me incomoda, pese a su posición respecto a mi garganta.

Tobduk dudó unos instantes, pero me quitó la daga del cuello.

- Te acompañaré hasta ella.

- Gracias.

Avanzamos por numerosos recovecos, pasillos, esquivando varias trampas. Hasta que llegamos a la habitación de Helryx. Entramos.

Discutía con la pared. Era una extraña estampa. Y lo mejor es que la pared respondía.


Capítulo 4Editar

Ante la estampa ante la que me encontraba, cualquiera pensaba que Helryx estaba loca. Claro que, gracias a la sugerencia de Leaxan, Toa Nui de la Piedra, instalamos en las Kanohi que llevábamos diversos tipos de visores que podían llegar a ser de ayuda. La verdad es que para algunos de nosotros no eran necesarios (como para Liicar, Toa del Sonido, que podía percibir cualquier presencia con el más mínimo silencio que hiciera), pero a la gran mayoría nos vino muy bien. Como a mí ahora.

El visor térmico me mostró que a un individuo, de casi 3 m de alto, con una espada en donde supuse que estaría la imperceptible boca de la pared. No recuerdo de memoria a todos los de la Orden de Mata Nui, pero estoy seguro que la última vez que lo revisé no había ninguno invisible o que tuviera una Kanohi Huna. Lo que importa es que por fin se habían dado cuenta de nuestra presencia, aunque quizás lo mejor es que no lo hubiera hecho.

Para ser una Toa del Agua, Helryx tenía muy mal humor, la verdad.

- ¿Qué quieres, Tobduk? ¿Y quién es el que te acompaña? - Helryx decía esto con un tono no muy agradable.

- Verá, es que este individuo quería hablar con usted… - Tampoco Tobduk parecía muy contento. - Él es…

- Soy Lianyu, un Toa de la Flora. Encantado de conocerla en persona, Toa Helryx.

- ¿Qué es lo que quieres y de qué me conoces?

- Lo cierto es que me gustaría echar una cabezadita sin tener un mal despertar, pero no me apetece probar con qué me encontraré la próxima vez que abra los ojos. Por ahora, me gustaría saber que ha pasado.

- Los asuntos entre los miembros de la Orden no son de tu incumbencia. - Esto lo dijo señalando a la pared.

- Esto… Helryx, estoy aquí - La voz venía de un poco más a la derecha de donde señalaba. Helryx le fulminó con la mirada.- No dije nada.

- No me refería al pobre invisible. Me refiero a la caída de Mata Nui. Qué ha pasado desde entonces.

A lo cual Helryx me fulminó con la mirada a mí.

- ¿¡Dónde vives tú para no saber nada de lo que ocurre!?

- Por ahora estuve en un capullo Visorak en tus calabozos. No se pilla bien la radio desde ahí, la verdad.

Ahí Helryx casi se me tira encima y me mata. Menos mal de Tobduk y el invisible (que luego me dijo que era Jerbraz y que se volvió invisible por un experimento, y que era una lástima porque se había perdido una belleza), que la sujetaron. Tras que se calmara un poco, conseguí que me explicara lo que sabía. Por lo visto, los Makuta se habían sublevado e iniciado una conquista para dominar el Universo Matoran. Por ahora las cosas les iban bien. Y no se sabía nada de los Toa Mata, ni de los habitantes de Metru Nui, que habían desaparecido por completo.

Me puse a pensar tras eso. No quedaba energía ya en el Procesador, no me servía de nada ir allí. Helryx me había tomado manía, por lo visto y decía que yo no era necesario, que por ahora se apañaban bien. Lo cierto es que yo sólo no podía hacer mucho. Tendría que buscar a mi equipo, pero tras preguntarle a Helryx, me dijo que no sabía nada de esos Toa, y que si siguieran vivos ella lo sabría. Quien no sabía era yo. No sabía qué hacer ahora.

- No eres necesario. -Me recalcó la Toa del Agua.- Ahora. Pero quizás sí más adelante.

- ¿Y mientras qué hago? ¿Limpio la base?

- No… Pero podemos hacer otra cosa. Tenemos un número de miembros en tubos de criogenización estática, para un futuro en los que los necesitemos. Nos quedan libres.

Me paré a pensar. Con la criogenización, podría esperar el tiempo que quisiera, y seguiría como ahora, pudiendo dar lo mejor de mí cuando fuera necesario. Si no, podrían matarme o convertirme en Turaga, y dejaría de ser útil.

Lo último que vi antes de dormirme en el tubo fue a Helryx despidiéndose con la mano antes de salir por la puerta. Parecía contenta de haberse librado de mí.


Capítulo 5Editar

El destino me quiere vivo.

Ésa es la deducción que extraje en aquel momento. En el que me quedó claro que no podría tener mejor despertar que el de saber que al menos he despertado.

Abrí los ojos. Me dolía la cabeza, es como si me hubiera despertado una pesadilla. Pero la pesadilla era lo que tenía ante mis ojos. Toda la cámara con los tubos de criogenización estaba derruida, con decenas de tubos destrozados. Muchos de los seres que tenían dentro estaban muertos, el resto estaban vacíos. Había muchos más tubos vacíos que cuando entré en la cámara, así que algunos individuos tuvieron la suerte que yo tuve y tras despertarse, se fueron. Decidí seguir su ejemplo.

Fuera estaba peor. Sobre la superficie de Daxia se extendía un manto de cenizas y ruinas impresionante. No quedaba prácticamente nada en pie dentro de la base. Se veía algún que otro cadáver por el suelo. La fuente de energía causante de esto tenía que ser superior a la de cualquier ser de este Universo. Menos dos. Y ambas posibilidades me preocupaban mucho.

Busqué indicios de qué había pasado. Me pasé más de tres horas revisando las ruinas de la base, pero en las zonas subterráneas el paso estaba cortado o bien las estructuras parecían muy inestables; y en las superficiales, no había mucho más que ruinas.

Encontré, en la habitación de Helryx, un diario. Supongo que sería el suyo. Debería pedirle permiso, pero ella está muerta o desaparecida, y yo no ando como para desperdiciar esta información. Así que me puse a leer.

Había bastantes noticias en ese diario. Las buenas: Mata Nui había muerto, pero Toa Matoro se sacrificó para resucitarlo. Gracias a ello, pudo llevarse el Protocolo a cabo con éxito. Las malas: eso era lo que querían los Makuta. Mejor dicho, el Makuta: Teridax se había adueñado del cuerpo de Mata Nui, y había enviado al Gran Espíritu al espacio, encerrado en la Ignika. Y para eso no teníamos Protocolo de Emergencia.

O séase, que ni Tren Krom se había hecho con el poder por venganza, ni Mata Nui se había vuelto loco. Menos mal… supongo. Teridax había usado su poder para aterrorizar a los habitantes del Universo Matoran, y para más seguridad, había eliminado a la raza Makuta y atacado Daxia.

Sentí la furia crecer dentro de mí. No iba a quedarme sin hacer nada. Me puse a buscar materiales entre las ruinas que pudieran serme útiles. Y empecé a construir. Una embarcación motorizada.

Voy a volver. Al Procesador del Núcleo. Voy a deshacerme de Teridax. A encontrar a Mata Nui. A cumplir la misión para la cual fue creado. Y a volver a casa.

Ahora sí que voy a ser necesario, ¿eh Helryx?


Capítulo 6Editar

Avanzaba por el agua a una velocidad no muy elevada, pero lo suficientemente grande como para mantener a los Rahi alejados. En cuanto al combustible, lo tenía ya pensado. Construí la barca de modo que funcionara con la combustión de madera. Mientras no se apagara el fuego, no tenía problema. Podía generar la madera que quisiera. Y encima el olor que desprendía no era precisamente agradable, así que también mantenía a los Rahi aéreos a raya. Pronto llegaría a Metru Nui. Si seguía abandonada, no tendría muchos problemas en esquivar a los Rahi.

Por los Rahi no tendría que preocuparme. No había ni uno. Ni Matoran. Ni Toa. Ni Turaga. Lo que había era patrullas de Rahkshi y Visorak por todos lados. Y no sólo eso. No me había parado a pensarlo, pero Teridax tenía los poderes de Mata Nui. Y entre ellos estaba el de controlar todo el Universo Matoran. Podía verme fuera adonde fuera. Pero tenía una esperanza: no había reaccionado ante mi presencia activa, ni en mi viaje hacia Metru Nui. Debe de estar ocupado con la resistencia que estaban ofreciendo los rebeldes. Me puse en camino.

Me llevó el doble de tiempo de lo que esperaba cruzar Metru Nui, aunque no tuve que entablar combate. Eso hubiera llamado la intención de Teridax. Pero debía llegar a la zona de debajo del Coliseo. Porque, al igual que Karda Nui, Teridax no podía controlar su interior, de ahí que tuviera que instalar las trampas. No sé por qué los Grandes Seres lo dispusieron así, pero ahora mismo se lo agradezco.

Sí se dio cuenta de mi presencia. O debe ser que los Visorak y los Rahkshi prefieren hacer guardia todos juntos. Pero lo considero poco probable. No me quedaba otra. Tenía que entablar batalla.

El ejército de Makuta no debía esperar que nadie se les plantara delante, porque no supieron reaccionar cuando me puse delante en pose desafiante. Aproveché su distracción para clavar la mano en el suelo y hacer crecer de él decenas de gigantescas cepas que organizaron un caos tremendo entre sus filas. Los Visorak fueron los primeros en reaccionar, lanzaron Rhotukas en mi dirección. Hice crecer árboles a mi alrededor para bloquear sus ataques. Mientras intentaban derribar los árboles, lancé al cielo gigantescas hierbas rodantes, que al caer y rebotar se llevaron por delante a varios soldados del ejército oscuro.

El caos reinaba entre las filas de Makuta, pero pronto la voz de Teridax inundó el ambiente, organizando las filas. Los Rahkshi de Visión Térmica se encargaron de las defensas arbóreas mientras que el resto atacaban las cepas y las hierbas rodantes. No tardaron en eliminar los árboles, ante lo cual me hubiera alarmado.

Si siguiera allí.

Ya hacía tiempo que me había ido. Había usado el caos entre las filas y los árboles para que no se dieran cuenta de que, usando las cepas,, hice que éstas me tragaran en la tierra y llegara al pasillo que había mucho más abajo, que llegaba al Procesador.

Emprendí el paso mientras oía al Makuta maldecir mi persona.


Capítulo 7Editar

Las paredes del pasillo estaban bastante ruinosas, los registros que entre los Glatorian y algunos Toa Nui habíamos tomado en ellas estaban prácticamente ilegibles. Era una lástima que toda aquella información se hubiera ido al traste. Aún recuerdo muchas de las cosas ahí guardadas, pero está claro que no podía recordarlo todo, de lo que recuerdo no creo que llegara a la mitad de lo que había allí registrado.

Por lo visto alguien había estado por allí antes, las huellas eran apreciables. Afortunadamente, la mitad de las trampas ya habían sido activadas, supongo que por los individuos que habían pasado previamente por aquí. Casi me olvido de la trampa de gravedad, y por los pelos llega a ser el último despiste que tengo.

Cuando llegué, la voz de Teridax no sonaba muy acogedora.

- Vete de aquí, pequeño Toa. No tengo tiempo para perderlo con insectos.

- ¿No? Craso error. Los insectos, si se les deja campar a sus anchas... –Diciendo esto, elevé los puños.-...causan estragos.

Clavé las manos en el suelo hasta hundirlas. Vi cómo montones de cepas taladraban las pantallas, los paneles, hacían estragos en las paredes. Se retorcían, abrían agujeros y grietas, sacaban mecanismos y cables… Mi poder parecía ser muy útil. Lo malo es que no era mi poder.

- No puedes engañarme, Makuta. Ésas no son mis cepas. No es más que una ilusión.

- Oh, pequeño Toa. Nadie había tardado tan poco en descubrir mi ilusión, y menos ahora que tengo todo este poder. Quería distraerte para luego encargarme de ti más tranquilamente, pero no has querido aceptar mi regalo. Me encargaré de ti... a la vez que de mi hermano.

No podía salir de mi asombro. Era imposible. Pero los monitores no mentían, y ahora lo veía claro. El Makuta que poseía el gigantesco robot quería que lo viera: un paisaje desértico, en el que millardos de criaturas intentaban escapar… Y un robot gigante, más pequeño que el que controlaba Teridax, pero colosal de todos modos, muy dañado, intentando levantarse del suelo en el que estaba tirado. Ese robot… era…

- ¿Mata... Nui? ¿ESTÁS LUCHANDO CONTRA MATA NUI?

- Yo no lo llamaría lucha cuando tu rival es alguien tan débil... Pero si lo quieres entender así, adelante. – Makuta reía.- No tenéis el poder suficiente para derrotarme. Ninguno. Tus cepas no pueden dañar siquiera el Procesador. No puedes hacerme daño. Muere junto con tu querido Gran Espíritu.

Mientras Makuta hablaba, observé por el monitor una figura resplandeciente en el suelo… Creo apreciar que era… ¿Tahu?

- Sé de sobra que el Procesador no puede verse dañado por la energía elemental de un Toa. Pero... La energía elemental de un Toa medio es muy pequeña. No es energía pura. En cambio... Yo tengo acceso a la pura energía de la flora.

Dicho esto, mi máscara comenzó a brillar. Con el poder de la Kanohi Zycra, la Máscara de la Pureza, activada, golpeé otra vez el suelo, mientras Teridax comentaba algo de un montón de Rahkshi muertos.

- Cae.-dije-Y desaparece en la auténtica pureza.


Capítulo 8Editar

Teridax se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos. La cabeza le dolía, y con razón. Pues auténticas cepas le atravesaban, con una fuerza inimaginable, las paredes del Procesador. Era como una molesta jaqueca. Muy molesta.

El robot había sido diseñado de forma que fuera extremadamente difícil causarle grandes daños. Tanto Karda Nui como el Procesador del Núcleo tenía férreas defensas. Yo no podía hacer más que eso con todo mi poder. Pero parece que fue suficiente.

Un brusco temblor me hizo caer al suelo. Teridax abrió momentáneamente los ojos, y pude ver cómo Mata Nui le embestía. Y cómo una enorme sombra, que se extendía por todo el horizonte, caía sobre nosotros. No lo dudé: dejé de taladrarle el cerebro a Teridax y me empecé a envolver en gruesas cepas lo más rápido que pude y lo más posible. Pese a que me había encerrado en una esfera con unas capas de grosor que ya pasaban los 20 m de una madera de una resistencia superior a la de la protoacero (y seguía creando capas), el momento del impacto fue brutal. Quedé casi inconsciente mientras caía de la cabeza del gigantesco robot, hacia el vacío, en una esfera que iba perdiendo capas mientras rozaba contra la superficie del robot. Al llegar casi abajo, de la esfera de madera no quedaba más que un par de metros, que no era lo suficiente ni de lejos para aguantar el impacto.

Antes de impactar, sonreí. Había vuelto a casa, después de todo.

Los Agori comentaron que antes de que Makuta se desplomara, hubo un gran impacto a su lado. Los que se fijaron lo difundieron, y después algunos curiosos se acercaron. Cuando vieron aquella desconocida madera se extrañaron y, cuando me vieron a mí inconsciente, me llevaron a las villas que habían construido provisionalmente (mientras buscaban un lugar para la Nueva Atero). Allí, muchos me dieron por muerto si había sido el que impactó en el suelo, pero otros Agori y Glatorian defendían que seguía vivo. Y afortunadamente, así fue. Desperté al cabo de una semana, bastante malherido, pero vivo. Y lo primero que vi fue a un Agori trasteando con mi Daikau Plantpack. Al estar conectada mentalmente conmigo (aunque la energía de la que dispone si no está acoplada a mí es muy pequeña), hice que le intentara morder para asustarle. Realmente no me gusta que toquen mis cosas.

El Agori se dio cuenta entonces de que estaba despierto, me pidió disculpas por andar donde no le llaman (alegó que mi Daikau le fascinaba) y se presentó como Berix, de la Tribu del Agua.

Le rogué que me pusiera al corriente de la batalla entre Teridax y Mata Nui. Por lo visto, Berix había conocido a Mata Nui en persona, y en cierta medida (me pareció que exageró demasiado y se dio muchos aires) le había sido útil para acabar con Teridax, cumplir su misión y salvarnos a todos. Le pregunté por dónde andaba ahora el Gran Espíritu, y me comentó que Tahu se había llevado a la Ignika, en la que seguía atrapado, a un lugar seguro.

Tras agradecerle la información, y pese a que no me andaba en condiciones de forzarme, hice un esfuerzo, me levanté y me dirigí a buscarle. Berix insistió en que tomara reposo, pero primero quería hablar con Mata Nui. Salí de la estancia, y me encontré con una Toa del Agua, con una armadura bastante diferente a la usual (no es que todas usen la misma, pero la suya era extraña). Pensé que era Helryx, que había modificado su armadura, y como acto reflejo me cubrí la cara con los brazos. No me quiso pegar un puñetazo (creo que me cogió bastante manía, o quizás exagero un poco), así que no debía de ser ella. Me fije en que llevaba una Kanohi Nuva, lo que me llamó la atención.

- Me alegro de que te encuentres mejor y te hayas despertado, pero deberías mantenerte en reposo. Por cierto, no nos conocemos, me temo. Soy Gali Nuva, Toa Nuva del Agua.

¿Había dicho Gali? Pero si es el nombre de una Toa Mata… Ah, cierto, se habían transformado, no me acordaba.

- Yo soy Toa Lianyu, un Toa de la Flora. Encantado de tener el honor de conocerla, Toa Gali Nuva, pero tengo algo de prisa. Quiero ver a su compañero Toa Tahu Nuva.

- Ahora está un poco ocupado. Y me temo que ya no es un Toa Nuva. Volvió a su forma original debido a un asunto con una armadura que sólo él debía usar.

Cierto, la Armadura Dorada. Recuerdo haber mirado algo de ella hace mucho tiempo.

- Sólo quiero hablar con Mata Nui. Sé que está en la Ignika.

- ¿Y por qué ibas a hablar con él?

- Ya lo hice antes. Menciónale que Lianyu quiere hablar con él.

Toa Gali me miró. Por la cara que puso, aunque debió de intentar disimularla, pensó que el impacto me había dejado tocado.

- Vale, no suena creíble. Pero confía en mí. Díselo. Total, Spherus Magna ha sido reconstruida, no creo que tengáis mucho que hacer, además de Nueva Atero.

Toa Gali suspiró.

- Ojalá eso fuera cierto…


Capítulo 9Editar

Por fin. Llevaba milenios esperando esto. Cierto que me los pasé durmiendo en estasis, pero de todos formas, estaba muy feliz.

O así debería estar.

Por fin había vuelto a ver a Mata Nui. Estaba contento de que estuviera bien, de que hubiera cumplido su cometido y ahora pudiera descansar de su dura misión, claro está, pero en mi interior no me encontraba a gusto con la situación. Había varias cosas de las que me di cuenta en ese momento.

No volvería a hablar con Mata Nui en mucho tiempo. Probablemente, nuestra última conversación será aquella que se interrumpió con el Gran Cataclismo. No se repetiría aquella rutina diaria que, en el fondo, tanto me gustaba: organizar información, hablar con Elnida, hacer reparaciones…

Mis compañeros habían desaparecido. Me centré tanto en el caos que se había organizado, en la misión que le correspondía a Mata Nui, que me olvidé de la mía: cuidar de mi equipo. Sabía que, con el robot destruido, las condiciones atmosféricas, gravitacionales y de temperatura, entre otras muchas, del Universo Matoran, la supervivencia allí no debería posible. Y por lo que sé, nadie en toda Spherus Magna ha visto a nadie de mi equipo, o eso me dijo Onua cuando le pregunté. Los había perdido. Estaba solo.

Y estaba sin deber. Sin destino. Mis misiones habían terminado, con malos resultados. Cierto es que ayudé a Mata Nui a derrotar a Makuta. De hecho, había ayudado a matar, lo cual sería una violación del Código Toa, aunque, dado que no sabía si Mata Nui lo mataría, no sé si realmente lo incumplí, pero no era lo que me importaba ahora. No había cumplido correctamente mis misiones, y ahora estaba solo y sin nada que hacer.

Me quedé mirando la Ignika durante un largo trecho, sin decir nada. Gali Nuva me acompañaba, y notaba que estaba incómoda. Acerqué la mano a la Ignika y, pese a que Gali Nuva quiso detenerme, la acaricié. Gali esperó que pasara algo, aunque sabía que a Kiina y Tahu no les pasó nada. Supo entonces que yo conocí hace tiempo al Gran Espíritu, pues si no la Ignika hubiera reaccionado por voluntad de protección propia de Mata Nui.

No pasó mucho tiempo hasta que Gali Nuva me dijo que debía irse, que tenía trabajo pendiente. Le indiqué que la acompañaba.

Tenía todo el tiempo por delante. Sin embargo, no era mi intención quedarme a proteger la Nueva Atero, y así se lo dije a Gali. Le dije que, en el caso de que necesitara algo, podría encontrarme en Bota Magna, cerca de la antigua localización de la Tribu De Hierro. Era un lugar que me había atraído desde que Mata Nui me lo mostró en el Procesador. Había minerales y vegetación de sobra, no me faltaría nada por allí. Me dedicaría el resto de mi vida a construir artefactos o intentando domesticar alguna criatura. Una vida tranquila para un Toa. O eso creía.

Tras arrodillarme ante la máscara que contenía a Mata Nui, me fui tras Gali Nuva, que ya se había adelantado.


PersonajesEditar

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar