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Toa Cehk - La Saga de Kaaciah

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Toa Cehk - La Saga de Kaaciah
La saga de kaaciah.jpg
Serie
Creador(es) Cehk
Género Acción
Estatus Concluido
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Capítulo 1 - Si Fuese un Toa

Año 427 después del Gran Cataclismo.

Cehk despertó aquel día, había buen clima en Kaaciah Onu-Koro, la aldea de Tierra de Kaaciah, isla donde habitaba, un lugar ubicado en el fondo de profundos acantilados, en cuyas paredes se podía apreciar los sedimentos de tierra, roca, y metales, la luz del día apenas llegaba a la aldea, siendo un lugar oscuro, perfecto para la comodidad de los Onu-Matoran. En las paredes se hallaban muchas cuevas pequeñas y grandes, las cuales servían como hogares para los ya mencionados Matoran, y estaban cavadas por ellos mismos, y la ventaja de aquellas casas era que ellos podían ampliarlas a su gusto mientras supieran como cavar tierra y piedras, y tenían agujeros en las paredes que servían como ventanas y puertas. La aldea se ampliaba por varios corredores de aquellos acantilados, los cuales hacían de calles, era como una pequeña ciudad en las profundidades de éstos, por los corredores se podían ver Onu-Matoran ir y venir caminando, y otros conduciendo pequeños vehículos motorizados con ruedas para desplazarse. A diario había bastante actividad. Al centro se encontraba en santuario que contenía el Toa Suva, y cerca estaba la casa del Turaga de la aldea, Makki. Cehk vivía en una de las casas cercanas a aquellos dos lugares, en una casa pequeña, sin tanto trabajo como otras. Aquel era otro día para ir a trabajar, en la mina de Protodermis Metálica en estado puro. Cehk era un Matoran con una Kanohi Sanok, un poco más alto que el resto en Kaaciah Onu-Koro, y su color era gris metálico oscuro, con algo de plateado y gris claro, a diferencia del resto, que eran de color negro con gris, negro con anaranjado, o negro con púrpura. El resto de los Matoran de dicha aldea lo molestaban y discriminaban por lucir diferente a ellos, y él no comprendía por qué era diferente, y de vez en cuando consultaba a Turaga Makki a cerca de eso, y él le respondía que era simplemente una variación.
“Otro día más de lo mismo.” Dijo Cehk saliendo de su hogar con la misma expresión diaria, de disconformidad y estrés por aquella rutina incómoda.

La mina quedaba a unos pasos, bastaba con caminar por uno de los corredores que se hallaban en la aldea, cuya entrada quedaba cerca de la casa de Cehk. La mina quedaba al fondo de aquel corredor, con una amplia entrada, había varios Matoran mineros dirigiéndose a ella, Cehk caminaba tratando de mantener la distancia, algunos simplemente lo ignoraban y otros se susurraban cosas sobre él, y a menudo las escuchaba, haciendo el intento por ignorarlos. Al entrar a la mina, algunos Matoran que siempre ya habían llegado antes empezaban a gritarle cosas como “¡Hola gris!” o “¡Como está su “grisesa”!”, y a él le irritaba, pero prefería mantenerse callado. Aunque Cehk tenía a alguien en quien confiar, era su amigo, Delme, un Onu-Matoran de color negro con gris y con una Kanohi Tryna, que vivía en una de las casas que se encontraban en el corredor que dirigía a la mina, por lo cual llegaba siempre antes que él, y quien era el único que lo respetaba por lo que era.
“Buenos días Cehk, ¿listo para el trabajo?” Dijo Delme cuando llegó Cehk con una actitud de simpatía.
“Buenos días Delme, sí, estoy listo como siempre.” Respondió Cehk con desánimo pero tratando de demostrar empatía con su amigo.
“Ignora a esos idiotas.” Dijo Delme al ver la cara de su amigo. “Solo saben juzgar sin conocer, esta sociedad es así, se están perdiendo las virtudes como la unidad.”
“Es bueno saber que al menos te tengo a ti, amigo.” Le dijo Cehk intentando sonreírle.
Ya se escuchaban los sonidos de las picotas, las palas, y los taladros cavando la roca, y recolectando Protodermis Metálica, la cual usan ingenieros de la isla para crear máquinas, y herreros para crear diferentes herramientas, y también para comerciarlas con otros lugares de la isla. También se escuchaban los sonidos de las máquinas excavadoras que se usaban para ampliar el túnel. Cehk y Delme empezaron a trabajar entonces. Ambos usaban picotas para excavar y recolectar el metal, pero a menudo Cehk hacía de transportador de lo que ya se había recolectado, era más una obligación que le habían impuesto más que algo que le agradecieran. No solo habían Matoran excavando y recolectando, también habían Matoran inspectores de seguridad, Matoran que construían los pilares para sostener el techo de la mina, Matoran encargados de instalar y mantener la iluminación (aunque no necesitaban tanta por ser Onu-Matoran), y Matoran capataces.

Después de unas horas de trabajo, ocurrió lo que nadie predijo, aunque ya había ocurrido varias veces: un derrumbe. Los Matoran empezaron a correr, guiados por los inspectores y los capataces, pero uno de ellos tropezó, Cehk se dio cuenta de ello, y por tener un buen corazón corrió a ayudarle. Pero un pedazo del techo compuesto por roca y metales empezó a caer encima de los dos.
“¡Cuidado!” Exclamó Cehk, y siendo también más resistente que el resto, se puso encima del Matoran para protegerlo. Cehk podía ver la cara de miedo, y a la vez de disgusto del Onu-Matoran que intentó rescatar. Después de que terminó de caer el montón de roca encima de él, la cual por suerte no fue tanta como para ganarle a su resistencia y dureza física, salieron de la mina y el Matoran al calmarse le dijo, sin poder mirarlo a la cara:
“Yo no te pedí ayuda, gris.”
“¿Pero no vez que te salvó la vida?” Le dijo Delme y luego exclamó enfadado: “¡Pudo haber muerto aplastado solo por intentar salvarte!”
“Ya, no importa, déjalo.” Le dijo Cehk con la cabeza gacha y poniendo su mano en el hombro de su amigo.
“Pero este malagradecido…” Dijo Delme, y se enfadó más, dándole un puñetazo en la máscara al Matoran, moviéndosela un poco de su cara y botándolo al suelo.
“¡Delme! ¡Dije que no importaba!” Exclamó Cehk.
“No se merecía que lo salvaras, si no le llegó ese montón de roca en su Máscara, al menos mi puño lo hizo…” Respondió Delme aun enfadado, pero temblando un poco. Otros Matoran amigos del que Delme golpeó se acercaron luego con expresiones amenazantes.
“Oye miserable, ¿quieres pelea?” Dijo uno.
“Démosle una paliza al amigo del gris.” Dijo otro.
Delme se puso a la defensiva temblando un poco más y poniéndose nervioso, pero Cehk intervino sin saber mucho qué hacer.
“Oigan cálmense todos.” Dijo Cehk preocupado por creer que él lo había causado, pero los Matoran enfadados se siguieron acercando, y justo antes de que pudieran pelear, se escuchó una voz con suma autoridad y sabiduría:
“¡Ya es suficiente!” Dijo Turaga Makki al llegar a la escena, acompañado por algunos Matoran guardias, a tiempo para detener la pelea. Turaga Makki era un Turaga de color negro con gris y con una Kanohi Komau con grietas que demostraban sus experiencias pasadas, y un bastón con una picota en la punta. “Que los heridos sean llevados a sanarse con la ayuda de sus compañeros, en vez de quedarse mirando una pelea sin hacer nada como una tropa de inútiles.” Los Matoran se quedaron mirándolo y exclamó: “¡Andando he dicho!” Luego los Matoran inmediatamente se movilizaron para hacer lo que les ordenó, sin posibilidad alguna de oponerse a su autoridad de Turaga. Makki, quien era como un mentor para Cehk y Delme, luego de eso se acerco a ellos, y dijo con un tono amable:
“Ustedes dos, ¿están bien?”
“Sí Turaga.” Respondió Cehk algo triste. Delme se limitó a permanecer en silencio.
“Se suspende el trabajo por hoy, váyanse a casa.” Dijo el Turaga. “Y no se preocupen, les daré una lección sobre gratitud a aquellos Matoran.”
Ambos, sin saber qué responder, partieron a sus casas. Cehk mientras caminaba de vuelta, se le vino a la mente algo que consideraría una locura en circunstancias normales: “Si fuese un Toa…”.

Al día siguiente, un estruendo se sentía en la aldea, algo estaba ocurriendo, y Cehk fue a ver.

Capítulo 2 - Toa Cehk y Toa Delme

Aquel día fue totalmente poco usual, más aun que el anterior. Cehk fue a mirar lo que ocurría, solo para ver un ser muy extraño para él, algo que jamás había visto en su vida. El ser era alto, tenia espinas en su espalda y hombros, y enormes dientes en su mandíbula, algo que le sorprendió era el parecido del color de su armadura con los colores de él. El ser tenía una lanza con tres cuchillas, caminaba por la aldea aterrorizando a los Matoran, pero sin atacarlos mientras no se le acercaran, rompiendo lo que tenía por delante, como vehículos, rocas talladas o máquinas, y exclamando:
“¡Makki! ¿Dónde estás?”
El ser llegó al centro de la aldea, en donde se encontraba el Suva y la casa de Turaga Makki, quien salió para encararlo, y dos guardias Matoran lo acompañaban.
“Yo soy Turaga Makki.” Dijo el Turaga muy serio. “¿Quién eres? ¿Por qué aterrorizas esta aldea solo para buscarme a mí? ¡Responde!”
El ser se rió y dijo bastante entusiasmado:
“¿No me recuerdas Makki? ¡Así que te volviste un Turaga!” Se volvió a reír.
“Espera... ¡Tú eres Zentrix, el Skakdi de Hierro!” Dijo Makki con mucha inquietud.
“¡Así que me recuerdas! ¡Mi creador, Makuta Kuradax, me ha ordenado eliminarte, y luego hacer lo que se me plazca con los Matoran de esta aldea!”
“¿Qué…? ¿Kuradax está aquí?” Dijo Makki perplejo y con una evidente expresión de preocupación. “No puedo creerlo… ¿ha vuelto…?”
“Así es, ¡mi creador ha vuelto para vengarse de todos ustedes! ¡Pero basta de charla, te haré sufrir Turaga, justo como me ordenó Kuradax! Y además... ¡También he querido hacer esto desde hace siglos!”
Después de terminar de hablar, los dos guardias intentaron atacar al Skakdi, pero fueron los dos lanzados lejos y noqueados rápidamente con un movimiento de su lanza. Luego de aquello, Zentrix agarró a Makki del cuello, presionándolo fuertemente, y empezó a apuntar su lanza hacia él.
“¡Debemos ayudarlo, rápido!” Gritó Cehk, pero ningún Matoran le respondió, estaban todos paralizados del miedo, incluyendo a otros miembros de la guardia al presenciar lo que pasaba.
Entonces Cehk saltó corrió hacia el Skakdi, para intentar ayudar a Makki.
“¡Sal de aquí, pequeño estorbo!” Dijo Zentrix, lanzando a Cehk con una patada a donde estaba el Suva de la aldea, rompiendo su pared y cayendo dentro. “Después será tu turno de morir, Matoran.”
“¡Cehk!” Gritó Delme al llegar y ver la escena, y corrió a ayudarlo.
Makki al ver a ambos Matoran estar en el Suva, pensó: “¿será ahora el momento, que descubrirán su destino?”
Cehk cayó aturdido en el santuario donde se encontraba el Suva, pero después de unos segundos logró recuperase. El lugar era amplio, cuyas paredes tenían muchas escrituras, y en el centro, estaba el Toa Suva de la aldea, una media esfera con símbolos y diseños, y con compartimentos en sus lados.
“¿Dónde estoy?” Se dijo, y llegó Delme para ayudarle.
“Estamos en el Suva.” Dijo el Onu-Matoran, mientras lo ayudaba a ponerse de pie. “Este es un santuario de los Toa, sólo los Turaga, un Toa, o un Matoran destinado pueden estar aquí, salgamos.”
“¿Y qué tal si nosotros estuviésemos destinados?” Dijo Cehk aún medio aturdido. “Uno nunca sabe…”
“Déjate de decir tonterías y salgamos de aquí.”
De pronto, un brillo empezó a emerger del bolso que siempre lleva Cehk consigo, y que cada Matoran de la aldea lleva para transportar sus cosas y herramientas personales.
“Cehk, ¿qué es eso que brilla en tu bolso?” Preguntó Delme apuntando al bolso de Cehk, quien lo abrió y sacó un objeto de piedra color metálico que siempre guardaba consigo.
“Es mi “piedra de la suerte”, que me regaló Makki hace muchos años.” Respondió Cehk sorprendido mirándola como brillaba. “¿Por qué estará…?” Repentinamente se percató que el bolso de Delme también brillaba. “Delme, ¡tu bolso!”
“¿Eh?” Dijo Delme sorprendido, y también sacó una piedra, esta vez de color negro. “La que me dio a mí también brilla…”
Al mismo tiempo que brillaban, dos compartimentos del Suva empezaron a brillar, enseguida Cehk, sin pensarlo dos veces y solo por instinto, fue hacia uno de los compartimentos, e insertó su piedra en él, Delme hizo lo mismo, luego una luz enceguecedora empezó a surgir del Suva, y un rayo comenzó a cubrir a ambos Matoran. Afuera, Zentrix quien sostenía a Makki miró como un brillo salía del santuario en donde se encontraba el Suva.
“¿P-pero qué Karzahni?” Dijo algo inquieto el Skakdi.
Después de que terminó la luz, los dos Matoran ya eran altos y con fuertes armaduras. Cehk tenía un aspecto voluminoso, sus extremidades eran gruesas, y era más alto que Delme, quien ahora tenía más partes plateadas en su armadura, y también era algo voluminoso, pero un poco menos que Cehk.
“¿Qué pasó?” Dijo Delme y vio a Cehk muy sorprendido. “C-Cehk… ¡eres un Toa!”
Cehk miró a Delme y respondió también sorprendido:
“¡Tú también eres un Toa!” Se quedaron mirando unos segundos, y Cehk añadió: “¡No hay tiempo de sorprendernos, elijamos una de esas herramientas y rescatemos a Turaga Makki!”
Cehk y Delme fueron a un muro del santuario en donde había diferentes herramientas y armas, sin pensarlo mucho Cehk eligió un espadón, mientras que Delme eligió un par de taladros grandes. Los dos rápidamente salieron del santuario y enfrentaron a Zentrix.
“¿Pero qué es esto? ¿Dos Toa? ¿De dónde salieron?” Se preguntó Zentrix. “Bueno no importa, ¡los acabaré primero!” Zentrix soltó a Makki y les prestó atención a los dos Toa.
“¿Los dos somos Toa de Tierra, verdad?” Dijo Delme.
“Eso supongo...” Respondió Cehk inseguro.
“¡Entonces ataquémoslo con nuestros poderes de Tierra!”
Los dos Toa dirigieron sus herramientas hacia el suelo y se concentraron, para poder usar sus poderes. De parte de Delme se levantó el terreno y se lazó contra Zentrix, quien no se movió un centímetro.
“Creo que me falta práctica…” Dijo Delme al darse cuenta de que su ataqué no sirvió mucho. Mientras que de parte de Cehk, sólo pudo crear un poco de Protodermis metálico en el suelo.
“¿Pero qué Karzahni es esto?” Dijo Cehk confundido. “No puedo usar tierra y sale esto, ¿qué está pasando?” Quedo en silencio un par de segundos. “No importa, lo atacaré con esta espada.”
Entonces Toa Cehk saltó blandiendo su espada contra el Skakdi, pero éste, lo bloqueó rápidamente con su lanza, rompiendo la espada de Cehk, quien exclamó:
“¡¿Pero qué?!”
Luego el Zentrix rió y dijo:
“Esta lanza está compuesta del metal más duro del universo, ¡el Protoacero! Ninguna de sus ridículas herramientas podrá hacer nada al respecto en contra de ella.” Se volvió a reír.
“Si no soy Toa de Tierra… ¿entonces Toa de qué soy?” Dijo Cehk intrigado.
“Toa de… Hierro…” Dijo Turaga Makki con algo de dificultad.
“¿Qué? ¿Aún puedes hablar?” Le preguntó Zentrix.
“¿Toa de Hierro? ¿Eso existe?” Dijo Delme incrédulo.
“¡Cehk... concéntrate en tu espada lo más que puedas... y crearás algo que podrá con la lanza de ese Skakdi!” Gritó Makki.
“¡Seas de hierro o no, te falta mucho tiempo y entrenamiento para poder crear algo así!” Dijo Zentrix.
Entonces Cehk, un poco desesperado, comenzó a concentrar todo su poder en su espada rota, creando una hoja nueva y más fuerte, con la que atacó al Skakdi, quien lo volvió a bloquear con su lanza muy seguro de que de nuevo podría romper su arma, pero sin embargo, ambas armas chocaron, la lanza se agrietó, y los dos quedaron forcejeando.
“¿Qué? ¿Cómo pudiste?” Dijo Zentrix estupefacto. “¡No puede ser que hayas creado Protoacero tan rápido!”
“Así es.” Dijo Makki. “Lo único que puede contra el Protoacero... es el mismo Protoacero. A diferencia de un experimento como tú, los Toa llevan su poder y habilidades en su instinto, de modo que en momentos desesperados pueden llevar al límite todo su potencial.”
“¡Maldito Toa!” Exclamó Zentrix, y saltó hacia atrás. “¡Ya verán todos!”
Repentinamente Zentrix escuchó una voz en su cabeza que decía: “Lo he visto todo, vuelve, es una orden…”, y el Skakdi dijo:
“Pero… ah… como usted diga.”
“¿A quién le habla?” Dijo Delme, y luego el Skakdi de Hierro tomo de su espalda un disco Kanoka de alto nivel, el cual golpeó contra sí mismo, para teletransportarse lejos del lugar.
“¡A dónde crees que vas!” Exclamó Cehk.
“Nos volveremos a ver muy pronto, Toa.” Dijo el Skakdi y termino de desaparecer.

En un lugar oscuro, levemente iluminado por lo que aparentaban ser líneas de energía que pasaban por los muros, Zentrix aparece, mientras que otros cinco seres los cuales solo se podían ver como sombras por lo oscuro del lugar, aparecen también, ante un ser cuya sombra era lo único que igualmente se podía distinguir de él.
“Mi creador… ¿Por qué me ordenó retirarme? Yo podía contra ellos dos solo…” Preguntó el Skakdi.
“Estúpido…” Respondió el Makuta. “Por más novatos que sean, no debemos subestimar el poder de esos nuevos Toa, pero descuida, ¡pronto los aplastaremos como la basura que son, junto con toda esta despreciable isla!” Terminó de hablar, y se empezó a reír perversamente.


Capítulo 3 - La Verdad de Cehk

Ambos Toa corrieron donde Turaga Makki, y le ayudaron a pararse.
“¿Está usted bien Turaga?” Le preguntó Delme.
“Sí, estoy bien, no se preocupen, la edad no me ha restado tanta resistencia.” Respondió Makki.
“Qué alivio.” Dijo Cehk sonriendo aliviado.
Los Matoran que presenciaron lo que ocurrió, estando estupefactos y con menos tensión, empezaron a aplaudir a los Toa. Muchos de ellos se acercaron, y pidieron disculpas a Cehk y a Delme por como los trataron durante tantos años, sin embargo Cehk no se sintió del todo conforme, puesto que ahora lo respetaban solo por el hecho de ser un Toa.

Minutos después, en casa de Turaga Makki, los dos Toa tuvieron una conversación con él:
“Turaga, nos debe una explicación.” Dijo Cehk, y Makki respondió:
“Cehk, Delme, ustedes y otros ocho Matoran más son los más jóvenes de ésta hermosa isla, ustedes dos solo llevan quinientos años viviendo, desde que el Gran Espíritu los trajo aquí, cuando aun nosotros, los Turaga de esta isla éramos Toa. Nosotros entendimos en seguida el mensaje del Gran Espíritu, ustedes, los diez Matoran estaban destinados a ser los nuevos Toa, y proteger el gran secreto que reside en esta isla. Por eso creamos las diez piedras Toa, construimos seis nuevos Toa Suva, uno en cada aldea, y nos convertimos en Turaga al depositar nuestro poder en ellos, para que algún día se activaran los poderes que vinieron con ustedes. Yo los crié a ustedes dos como su mentor, hasta que llegase este día.”
“¿Qué es ese secreto que debemos proteger?” Preguntó Cehk.
“Es algo muy importante creado por los Grandes Seres que se encuentra en algún lugar de esta isla, ni siquiera nosotros sabemos qué es, para qué sirve ni dónde está, y por esa razón debíamos mantener a toda amenaza fuera de esta isla. Entonces Kudarax, el Makuta asignado para supervisar esta isla, intentó encontrarlo y destruirlo, en ese momento no sabíamos por qué, pero entendimos que sus intensiones eran malignas. Posteriormente del Gran Cataclismo, entendimos el motivo, en todo el universo se supo que los Makuta se habían rebelado ante el Gran Espíritu, y orquestaron un plan para dejarlo profundamente dormido. Estamos seguros que lo que hay en esta isla tiene algo que ver con lo que están tramando.”
“Y ustedes detuvieron a Kudarax.” Dijo Delme. “¿Verdad?”
“Exacto. Unos misteriosos seres, que hablaban de mantener el orden, llegaron a nuestra isla y nos prestaron ayuda para derrotar a Kudarax, y luego de vencerlo, lo capturaron y no volvimos a saber nada de él, hasta ahora que volvió para vengarse y terminar su misión. Bueno, lo otro, tú Cehk eres un Toa del Hierro, o sea, antes no eras un Onu-Matoran, si no un Fe-Matoran.”
“¿Qué? ¿Y por qué no me lo habías dicho antes?” Preguntó Cehk.
“Para que no te sintieras tan diferente al resto, pero ahora que lo sabes, debes convivir con esta verdad, nunca fuiste de verdad uno de nosotros, pero al mismo tiempo si lo fuiste, eras parte de nuestra aldea, aunque los demás nunca lo aceptaron del todo… al menos siempre tuviste a tu hermano, Delme, a tu lado.” Los dos Toa se miraron y se sonrieron. “Ahora deben recibir el entrenamiento de un Toa.” Terminó añadiendo Makki.
“¿Entrenamiento?” Preguntaron los dos Toa.
“Sí, para poder después buscar a los otros ocho Toa, que probablemente ya deben haberse transformado también, y detener a Kudarax, quien estoy seguro que debe haber venido con más de sus creaciones. Después de reunirse deben ir a las Ruinas Malditas, la entrada a los túneles de esta isla, que se encuentra en su centro, donde de seguro está Kudarax. Es el lugar en donde él residía cuando vigilaba esta isla, y luego del ataque, pasaron a ser conocidas con ese nombre.”
“Nunca hemos visto un Makuta.” Dijo Cehk. “¿Cómo sabremos cómo combatirlo?”
“Tú eres la clave para derrotarlo, Cehk.” Respondió Makki.
“¿Yo?” Preguntó Cehk incrédulo.
“Precisamente, los Makuta le temen a los Toa del Hierro, porque son los más capaces de romper sus armaduras hechas de Protoacero, por eso supe que los Toa de Hierro han estado desapareciendo, tú eres uno de los últimos en el universo. Me temo que pudieron haberlos estado exterminando.” Le explicó Makki.
“Ya veo...”
“Turaga Makki.” Dijo Delme un poco tímidamente. “La verdad, estaba bastante asustado cuando nos enfrentamos a aquel ser, esto de ser un Toa es algo nuevo para nosotros, de hecho la inseguridad puede que no me haya dejado hacer un ataque más fuerte, en cambio Cehk es sorprendente, tiene una voluntad de hierro haciéndole honor a su elemento, pudo crear con facilidad el metal más duro del universo, y yo solo pude levantar un poco de tierra que apenas afectó al enemigo. ¿De verdad crees que alguien como yo pueda llevar a cabo una tarea como esta?”
“Delme, tú eres fuerte, lo demostraste al enfrentar y enchuecarle la máscara de un golpe a aquel Matoran malagradecido.” Respondió Makki. “Tu potencial como Toa es enorme, los Toa de Tierra pueden devastar el suelo, su fuerza y capacidad destructiva provocan miedo en sus contrincantes, serás un Toa muy fuerte y sabio, Delme, yo como Toa de Tierra que fui te lo aseguro, y además recuerda que mi poder reside en ti, y en Cehk. También no olvides que los Toa deben trabajar juntos, ese es el verdadero poder de los Toa, la unidad.”
“Sí, Turaga.” Respondió Delme aun inseguro.
“Deben comenzar su entrenamiento cuanto antes, y reunirse con sus hermanos Toa.” Terminó diciendo Turaga Makki.


Capítulo 4 - El Regreso de Zentrix

Toa Cehk y Toa Delme empezaron a entrenar al día siguiente cuando Turaga Makki les preparó sus entrenamientos específicos, justo afuera de su casa. Varios Matoran estaban mirando de lejos, como si lo que hacían los Toa fuera un espectáculo, pero la atención se centraba más en Cehk. El entrenamiento de Cehk consistió en disparar con un lanzador a un blanco pequeño y lejano, hasta poder darle. Y el entrenamiento de Delme, fue algo inusual y algo macabro, tenía que quedarse mirando el esqueleto de un Rahi pequeño de cuatro patas que había muerto por causas naturales, sin moverse, concentrándose en pensar que el esqueleto podría volver a moverse.
Después de un rato, Cehk se rindió por no poder darle al blanco.
“¿A esto le llaman entrenamiento? ¡Debería practicar con mi espada!” Dijo Cehk molesto. “Además desde siempre he tenido horrible puntería…”
“Lo tuyo no es nada comprado con lo mío, ¡yo tengo que estar aquí concentrándome en ver este feo esqueleto y pensar que se mueve! No se qué tiene en la cabeza ese Turaga.” Reclamó Delme.
“Pronto descubrirán para qué son estos entrenamientos, por más inútiles que parezcan.” Les respondió Makki caminando hacia ellos. De pronto, llegó un Matoran gritando:
“¡Auxilio! ¡Ha vuelto!”
“¿Quién ha vuelto?” Preguntó Makki.
“¡El ser de ayer, y viene acompañado!” Respondió.
Mientras los Matoran entraban en pánico, Zentrix se apareció ante ellos caminando, pero acompañado de dos enormes Rahi escorpiones negros llamados Onu-Jaga, con máscaras infectadas.
“¡He regresado!” Exclamó el Skakdi. “Mi creador me dijo que no los subestimara, así que me prestó a estos amiguitos para asistirme en la eventual masacre.” Y se rió.
“¡Zentrix!” Exclamó Cehk, y se acercó junto con Delme.
“¿Qué les pasa a esos Onu-Jaga?” Preguntó el Toa de Tierra. “¿Por qué le obedecen a Zentrix?”
“Deben estar bajo la influencia de Makuta Kudarax.” Respondió Makki. “Los Makuta crean babosas sombrías llamadas Kraata, las cuales usan para infectar Rahi y controlarlos.”
“¿Babosas? Suena asqueroso” Dijo Delme con una expresión de desagrado.
“¿Qué tal si empezamos la diversión?” Dijo Zentrix. “¡Ataquen, horribles bichos!”
Los Onu-Jaga vacilaron un segundo por cómo los llamó el Skakdi, pero al estar bajo el control de Kudarax, no les quedo otra opción que obedecer, y empezaron a acercarse rápidamente a los Toa para atacarlos.
“¡Recuerden tener cuidado con sus colas!” Les dijo el Turaga. “¡Intenten quitarles sus máscaras!”
“¡Entendido!” Exclamó Cehk.
“S-sus colas son muy venenosas...” Dijo Delme algo nervioso, y ambos sacaron sus herramientas, para ponerse en posición defensiva.
El primer Onu-Jaga se abalanzó contra Cehk, usando sus enormes pinzas, y el Toa de Hierro rápidamente se defendió usando su espadón.
“Este bicho es muy fuerte.” Dijo Cehk forcejeando, tratando de que sus piernas y brazos no cedieran ante la fuerza del Rahi.
El otro Onu-Jaga se acercó a Delme, quien pensó: “Debo pensar rápido…” Y antes de que el Rahi llegara a él, dirigió los taladros al suelo delante de él, concentró rápidamente su poder elemental, y provocó una explosión de tierra, dejando un agujero en el cual el Onu-Jaga cayó. El estruendo y el levantamiento de tierra hicieron que el Onu-Jaga que forcejeaba con Cehk soltara su espadón, y en eso Cehk aprovecho para saltar hacia atrás, y dijo:
“¡Bien hecho Delme!”
“¿De verdad hice esto?” Se preguntó Delme viendo al Onu-Jaga aturdido en el agujero que creó.
“Delme, encárgate de ambos Onu-Jaga, yo quiero saldar cuentas con Zentrix” Le sugirió Cehk. “¿Crees poder contra los dos?”
“Esto… Creo que sí” Respondió Delme algo inseguro. Cehk aprovechó para pasar entre ambos Onu-Jaga, y fue donde Zentrix para enfrentarlo.
“¿Quieres tentar tu suerte, Toa novato?” Le dijo Zentrix a Cehk, sacando su lanza.
“Ya veremos quién necesitara suerte” Respondió Cehk poniéndose en posición defensiva, pero inmediatamente se puso a la ofensiva, y disparó rayos metálicos a través de su espadón, los cuales dos no alcanzaron a Zentrix, y uno logro llegar hasta él, mas el Skakdi creó un escudo de hierro en frente de él usando su lanza para evadir el rayo, y dijo: “Eres patético.” Y el Skakdi lanzó un rayo más fuerte y preciso hacia Cehk, quien a cuestas retuvo con su espadón.
“¿Hacia dónde apuntabas? Que hayas podido crear una espada de Protoacero, no significa que seas mejor que yo. ¡Novato patético!” Dijo Zentrix y se rió.
Delme por mientas lidiaba con los Onu-Jaga, el que estaba en el agujero empezaba a dejar de estar aturdido, y a intentar salir de ahí.
“¡Tú te quedas ahí!” Dijo Delme, y pensando rápido que más hacer, volvió a dirigir sus taladros al suelo, y concentrándose creó puños de tierra que salieron de las paredes del agujero, los cuales golpearon al Onu-Jaga, impidiendo que subiera, y aturdiéndolo un poco de nuevo. Sin embargo, Delme no se percató que el otro escorpión se acercaba por detrás de él.
“¡Delme, detrás de ti!” Exclamó Turaga Makki, y Delme rápidamente se dio vuelta, y al sorprenderse, retrocedió y cayó al agujero que él mismo creó, cayendo encima del Onu-Jaga aturdido, y soltando sus taladros al caer.
“Eso dolió… Grandioso, caí en mi propia trampa.” Dijo el Toa de Tierra, y justo después, el Rahi se recupero y apuntando su cola hacia él, procedió a atacar. Delme rápidamente sostuvo la cola con sus manos, quedando el aguijón muy cerca de su torso. “Maldito bicho...” Dijo el Toa muy nervioso por lo del veneno, y en un intento desesperado, haciendo toda la fuerza que pudo, le torció el aguijón, y luego rápidamente, mientras el Rahi se sacudía de dolor, fue hacia donde estaba su máscara infectada, y con fuerza, procedió a retirarla de su lugar, haciendo que el Rahi quedara inconsciente.
Mientras eso ocurría, Zentrix apuntó su lanza hacia una viga de metal que había en un lado, y generó púas en ella, las cuales se desprendieron y volaron hacia Toa Cehk. Pero Cehk logró esquivarlas dando una voltereta, y luego blandiendo su espada, corrió hacia el Skakdi. Los dos empezaron un combate cuerpo a cuerpo.
“No puedes contra mí” Dijo Zentrix mientras forcejeaban con sus armas, las separaron y la golpearon de nuevo.
“Tu aliento apesta, desde aquí puedo sentirlo.” Dijo Cehk.
“¿Crees que puedes reír último pedazo de basura?” Dijo el Skakdi alterado y siguieron golpeando y defendiendo con sus armas, hasta que Zentrix derribó a Cehk con una patada hacia sus pies.
“Novato, es tu fin.” Dijo el Skakdi de Hierro apuntando con su lanza hacia Cehk, sin embargo en ese instante estaban parados sobre una plataforma de Protodermis metálico, por lo que Cehk aprovechó, y concentrando su energía en él, creó un puñetazo metálico hacia arriba, con el cual derribó a Zentrix, botándole uno de sus dientes en el proceso. Delme luego de inhabilitar a uno de los Onu-Jaga, tomó sus taladros y miró hacia arriba, donde estaba el otro escorpión esperándolo. El Toa pensó: “Es peligroso acercarme a él desde abajo, lleva ventaja al estar en altura, ¿qué hago…?” Se puso a pensar detenidamente por breves instantes. “¡Ya sé!” Delme dirigió sus taladros hacia la pared del agujero, los encendió, y rápidamente se abrió paso bajo la tierra. Pasaron unos segundos en el que el Onu-Jaga buscaba al Toa confundido, y de repente el Toa apareció por debajo del Rahi, haciendo que volara hacia arriba diagonalmente hacia atrás, dando una vuelta completa en el aire. El Toa luego de eso rápidamente corrió hacia el Onu-Jaga, y le retiro su máscara, dejándolo completamente inconsciente.
Por su parte, Cehk luego de derribar a Zentrix, tomó su espada, y la apuntó hacia él.
“Al parecer la suerte está de mi parte.” Dijo Cehk confiado. Pero Zentrix rápidamente se movió y tomó su lanza para poder volver a estar en combate, sin embargo Cehk rápidamente soltó su espada, y tomó la lanza de Zentrix también.
“Me tomé un poco de tiempo anoche de leer sobre los Skakdi, y ustedes no pueden acceder a su poder elemental si no tienen una herramienta para canalizarlo, o si no trabajan entre dos Skakdi, y eres el único aquí.” Dijo el Toa de Hierro, y absorbió la lanza de Zentrix con sus manos.
“¿Qué? ¡No!” Exclamó el Skakdi, y al intentar pararse y para alejarse, Cehk creó una jaula de hierro alrededor de él. “Te atrapé.” Dijo Cehk recogiendo su espada, y sonriendo en señal de victoria. Luego Delme llegó junto a su amigo.
“Veo que te encargaste del Skakdi.” Dijo el Toa de Tierra, y Cehk vio hacia donde Delme estaba ocupado, y dijo: “Puedo ver que tú también te encargaste de tus asuntos amigo.”
“Es sorprendente lo que podemos hacer siendo Toa” Dijo Delme algo emocionado.
“Ahora hay que ver qué hacer con este sujeto.” Añadió Cehk apuntando a Zentrix en su jaula.
“Al parecer los termine subestimando de todas formas…” Dijo el Skakdi decepcionado y empezó a sacar nuevamente un Kanoka de teletransportación de su espalda. “La próxima vez que nos veamos pelearé en serio, los demás Toa serán eliminados por mis hermanos, ¡y nunca podrán detener a mi creador!” Activó el Kanoka y desapareció riéndose.
“¡Karzahni! Volvió a escapar.” Dijo Cehk algo alterado.
“Al menos todos están a salvo, por ahora” Dijo Delme, y le mostro su puño como señal de amistad. “Lo hicimos bien, hermano.”
“Bien, tienes razón.” Respondió Cehk, y puso su puño junto al de Delme. “Por cierto, ¿ya pensaste en un nombre para tus herramientas Toa?”
“¿Debemos ponerles nombre?” Preguntó el Toa de Tierra confundido.
“He leído historias, y en ellas los Toa les ponen nombres a sus armas. Creo que a mi espada la llamare, Espadón de Protoacero.” Respondió Cehk mirando su espada. “Y creo que le daré una forma más genial.” Luego se concentró, y cambió un poco la forma del mango de su espada con sus poderes, moldeando su forma y diseño a su gusto.”
“Es genial que puedas hacer eso.” Dijo Delme sorprendido y tomó uno de sus taladros. “Taladros…. Ammm…. ¿Sismo? ¡Taladros Sismo! Así se llamarán.”

Un rato después, Cehk se preparaba para partir de la aldea.
“Cehk, ¿a dónde crees que vas?” Le preguntó Makki.
“Turaga, ya no puedo continuar con este entrenamiento, mejor iré a buscar a los otros Toa.” Respondió el Toa de Hierro, listo para salir.
“No, no debes apresurarte, termina tu entrenamiento.” Reiteró Makki.
“No Turaga, no hay tiempo, debo ir a buscar a los demás Toa”.
“¡Iré contigo Cehk!” Dijo Delme llegando a donde se encontraban los dos.
“Delme amigo, sería muy grato que me acompañaras” Dijo Cehk, y puso su mano en el hombro de Delme. “Sin embargo, debes quedarte para cuidar la aldea por algún eventual ataque de Rahi, o por si vuelve Zentrix, y también aprovecha de completar tu entrenamiento.”
“Bien…” Respondió el Toa de Tierra con la cabeza gacha, y luego puso su mano en el hombro de Cehk también. “Pero iré a las Ruinas Malditas apenas termine el entrenamiento, me esforzaré en completarlo rápido, así asegúrate de ir ahí con el resto de los Toa cuando vaya.”
“Estaré esperando volver a verte, hermano.” Dijo Cehk sonriéndole. “Solo no te desmayes por ver demasiado ese esqueleto.” Y se rió, y Delme puso una expresión de desagrado diciendo:
“No me lo recuerdes ahora, o me arrepentiré.”
“Supongo que no puedo detenerte, Cehk, pero antes de que te vayas, déjame que les explique algo a los dos.” Dijo Makki y les explicó el Código Toa detalladamente.
Antes de que Cehk se fuera, un grupo de Matoran llego a él y uno de ellos le dijo: “Toa Cehk, sabemos que quizás nunca podamos compensarte por todo lo que te hemos hecho desde que llegaste a la aldea, pero al menos queremos intentar darte una ayuda.”
Y el Matoran apuntó hacia un vehículo de dos ruedas motorizado, de color metálico. “Los ingenieros de la aldea, con la ayuda de varios de nosotros, lo hicieron a tu medida, para que pudieras desplazarte por la isla rápidamente. Y es todoterreno, puedes conducirlo tanto en las calientes arenas del desierto, como en las nieves eternas de las montañas.”
Cehk quedó fascinado, se quedó contemplándolo un momento, y luego se subió a él.
“He manejado vehículos así, pero para tamaño Matoran.” Dijo Cehk. “De verdad, gracias a todos, supongo que los perdono, aunque sean unos hipócritas que ahora me piden disculpas solo por el hecho de ser un Toa.” Los miró seriamente, y los Matoran no supieron que decir, y luego les sonrió. “Nos vemos, ¡cuiden a Delme por mí!”
“¡Lo haremos!” Dijo uno de los Matoran, y Cehk partió rápidamente a través de los corredores de la aldea, mientras los Matoran le abrieron el paso, hasta donde uno de los corredores de acantilado empezaba a subir, para llegar a la superficie.
“Que el Gran Espíritu te guie, joven Toa” Dijo Makki mientras se iba.
“Empezaré yendo al norte, a las montañas, donde se encuentra Kaaciah Ko-Koro.” Se dijo Cehk, tomando rumbo al norte.


Capítulo 5 - Los Toa de Hielo y del Sonido

Cehk llegó hasta las montañas en su vehículo motorizado en menos de una hora, era un lugar muy helado, lleno de cumbres nevadas, mientras más se acercaba Cehk a Kaaciah Ko-Koro, el viento helado se intensificaba y más nieve empezaba a haber, tanto en el suelo, como en el aire. Al ser todoterreno, no había ningún problema al conducir el vehículo en la nieve que cada vez se hacía más y más gruesa. A lo lejos, se podía ver el monte Konui, la cumbre más alta de Kaaciah, en cuya ladera se encontraba la aldea de hielo. La aldea consistía en varios edificios construidos de piedra y hielo, ubicados en cimientos para sostenerse de la ladera, unidos a ella desde la tierra bajo la gruesa nieve, era un trabajo arquitectónico excepcional que había perdurado durante eones, para transportarse entre los distintos lugares de la aldea, los Ko-Matoran utilizaban varios teleféricos, que iban de arriba abajo en la montaña, aunque también habían varias escaleras de piedra entre las edificaciones para quienes prefirieran caminar. Al centro de la aldea, se encontraba una estructura más grande que el resto, la cual guardaba el Suva, y a sus alrededores estaban la casa del Turaga, y varias construcciones grandes que pertenecían a escuelas y centros de estudio. Los trabajos que se hacían en la aldea eran varios, desde escultores de hielo, cazadores y buscadores, hasta estudiosos y profetas, entre otros.
Cehk no tardó mucho en llegar, frenó su vehículo, y se dio cuenta de que algo inusual estaba sucediendo, veía a los Ko-Matoran dirigirse a un solo lugar. Uno de ellos lo vio y le dijo:
“¿Otro Toa? ¡Es otro Toa!” Y varios Matoran dirigieron su mirada hacia él, con expresiones llenas de curiosidad.
“Mi nombre es Cehk, soy el Toa de Hierro de Onu-Koro.” Dijo Cehk alzando un poco la voz. “Que alguien me diga qué está sucediendo.”
Uno de los Matoran se acercó para explicarle lo que sucedía:
“Un ser alto, con una apariencia desagradable vino a atacar nuestra aldea, y nuestros Toa lo están combatiendo, por favor, ¡ve a ayudarlos!”
“Precisamente a eso vine, ¡díganme por dónde!” Respondió Cehk decidido.
“¡Síguenos!” Dijo el Matoran y fueron todos corriendo al lugar del suceso, en el centro de la aldea a través de unas amplias escaleras rodeadas de edificios. Al llegar al lugar, el cual estaba construido de modo que no estuviese inclinado por la ladera como el resto del suelo de la aldea para emplazar el santuario en donde estaba el Suva, Cehk vio a tres seres más altos que un Matoran, eran dos Toa peleando con otro ser, y también había algunos Rahi inconscientes repartidos por el lugar, los cuales eran dos Osos Plateados y varias aves Manutri. Uno de esos Toa era un Toa de Hielo de color blanco con gris claro, cuya armadura tenía un saliente que pasaba un poco por encima del cuello, tapando la parte inferior de su máscara un poco, y con una Kanohi Miru y su arma era una Espada de Hielo Doble. El otro Toa un Toa del Sonido de color gris con plateado y con una Kanohi Akaku, y su arma era una Lanza del Sonido. Y el ser con el que estaban luchando era un Skakdi de colores amarillo y verde, aparentemente modificado, que ya no tenía espina en la espalda, pero tenía un enorme cañón en su brazo derecho y una lanza en su mano izquierda.
“¡Acabaré con ustedes, Toa! ¡El poderoso Rofgak los derretirá con su ácido!” Dijo Rofgak mientras los atacaba con su cañón de ácido. Los dos Toa lo esquivaron deslizándose por la nieve y el hielo del suelo con una excelente habilidad, y el Toa de Hielo procedió a disparar un rayo congelante con su arma, el cual fue repelido con una potente ráfaga de ácido proveniente del cañón de Rofgak.
“Veo que no requieren tanta ayuda.” Dijo Cehk mientras observaba de lejos junto a los Matoran. “Ya vencieron a todos esos Rahi, y se las están pudiendo apañar contra aquél ser parecido al que ataco nuestra aldea.”
Luego de que el Toa de Hielo parara de disparar su rayo congelante, el Skakdi modificado volvió a disparar al Toa con su cañón, quien volvió a deslizarse por la nieve, mientras que el Toa del Sonido llego deslizándose también hasta donde estaba Rofgak para intentar atacarlo con su lanza, sin embargo el Skakdi se defendió usando su lanza también.
“¡No puedes contra Rofgak!” Exclamó el Skakdi forcejeando con el Toa, quien empezaba a ceder a causa de su fuerza brutal. El Toa del Sonido entonces decidió crear una breve onda de sonido que aturdió un poco al Skakdi, e hizo que retrocediera, y al recuperarse dio un salto hacia atrás. Luego el Toa de Hielo se empezó a acercar deslizándose alrededor de Rofgak.
“¡Rofgak está harto de sus deslizamientos!” Gruñó el Skakdi, y decidió disparar ácido al suelo, tapando la trayectoria del Toa blanco, impidiendo que siguiera deslizándose, y luego disparó a varios lugares alrededor de él, después se rió y dijo: “¡Ya no podrán deslizarse con facilidad!”
El Toa de Hielo intentó congelar el ácido, pero su intento resultó inútil.
“¡Es inútil, tu hielo no puede contra el poderoso ácido de Rofgak!” Volvió a exclamar el Skakdi y se volvió a reír.
“¿Qué te parece esto entonces?” Dijo el Toa de Hielo, y dirigiendo su espada al suelo, provocó un gran levantamiento de la nieve que se encontraba debajo del ácido que disparó Rofgak con su cañón, y dirigiéndola toda hacia el Skakdi modificado, quien quedó cubierto por nieve y ácido por todo su cuerpo. El ácido no tenía efecto alguno sobre él, pero de todas formas se enfureció gritando:
“¡Rofgak está furioso! ¡Rofgak los derretirá a todos!” Luego dirigió su cañón hacia arriba, y comenzó a disparar grandes cantidades de ácido a varias direcciones diagonalmente, haciendo que subiera a gran altitud para luego empezar a caer.
“¡Esto no es bueno!” Exclamó Cehk mirando como el ácido empezaba a caer.
“¡Oh no! ¡Los Matoran!” Exclamó el Toa del Sonido mirando a los Matoran y la aldea, y en un intento desesperado, disparó hacia arriba en donde caía el ácido una ponte onda sonora, que hizo que se separaran y volaran lejos las partículas de ácido. Sin embargo, la onda sonora llegó lo suficientemente lejos para alcanzar la cima del monte Konui, y luego de unos segundos, se empezó a desprender una enorme cantidad de nieve de ahí, dirigiéndose rápidamente a la aldea.
“Este lugar está condenado, ¡Rofgak se larga de aquí!” Dijo Rofgak sacando un Kanoka de teletransportación, y desapareció del lugar.
“¡Karzahni!” Dijo el Toa del Sonido sintiéndose culpable.
“No debiste ser tan impulsivo, Netel.” Le dijo el Toa de Hielo con una expresión fría. De pronto Cehk salió corriendo, dirigiéndose a la parte más alta de la aldea, se subió a un edificio y empezó a desplazarse saltando por sus techos para llegar más rápido hasta arriba.
“¿Quién era ese?” Preguntó Netel aún algo choqueado.
“No tengo idea, pero será mejor que vayamos con él.” Respondió el Toa de Hielo, y ambos empezaron a seguirlo. Los Matoran por tanto corrían sin saber qué hacer.
Cehk al llegar hasta lo más alto, volvió al suelo en donde estaba el límite de la aldea, y empezó a concentrarse mucho.
“Espero que esto sirva.” Se dijo, mientras llegaban los otros dos Toa del mismo modo que él subió. Inmediatamente después, Cehk extendió sus brazos, con las palmas de sus manos mirando hacia adelante, y empezó a crear un enorme y grueso muro de hierro, que se adentraba profundamente bajo la nieve, llegando hasta la superficie de tierra bajo ella, en la cual también lo enterró para crear firmeza, y mientras lo expandía hacia arriba también llegando más alto que la avalancha.
“¡Sorprendente!” Dijo Netel mirando atónito lo que hacía el Toa de Hierro. La avalancha llegó e impactó la pared de hierro creada por Cehk, quien concentrándose mucho se mantenía ahí conteniendo la enorme fuerza de la nieve con sus poderes. El Toa de Hielo saltó a donde estaba el muro, y creó pilares de hielo diagonales a lo largo de éste, que lo conectaban con el suelo, para darle más firmeza. Cehk se mantuvo hasta que la avalancha se detuvo, logrando contener su gran fuerza, luego de eso, el Toa de Hierro se tiró al suelo muy cansado.
“¡Uff! Lo logramos…” Dijo, mientras el Toa de Hielo estaba de pie mirándolo.
“Eres fuerte y hábil” Le dijo el Toa de Hielo intentando recuperar aliento. “Yo sólo no habría podido absorber toda esa nieve, o desviarla con mis habilidades que aún no he dominado a la perfección, te lo agradezco, has salvado nuestra aldea, dime tu nombre, hermano.”
“Soy Cehk… Toa de Hierro… Vengo de Onu-Koro…” Respondió aun con dificultad. “¿Cuál es el tuyo…?”
“Mi nombre es Jekal, Toa de Hielo, y mi compañero es Netel, Toa del Sonido.” Respondió el siempre calmado Toa de Hielo.
“Lo siento, esto es culpa mía.” Dijo Netel llegando donde los otros dos Toa.
“Descuida hermano… Salvaste a los Matoran… De ese ácido…” Respondió Cehk en un intento de que no se sintiera culpable, y se empezó a poner de pie con algo de dificultad. Los Toa, ayudando un poco a Cehk a caminar, volvieron al centro de la aldea, en donde los Ko-Matoran procedieron a ovacionarlos, pero de un modo menos ruidoso por ser de naturaleza más calmada.
“¿Nunca antes hubo una avalancha aquí?” Preguntó Cehk con su aliento ya recuperado.
“No, porque este lugar siempre se ha caracterizado por ser bastante silencioso.” Respondió Netel. “Y además aquella nieves eternas del monte siempre estuvieron en su lugar desde que tenemos memoria, bueno, hasta que metí la pata hace unos momentos.”
“Ya veo, eso explica mucho.” Dijo Cehk. “Como el hecho de que no tuvieran protección para avalanchas allí arriba. Bueno, ¿saben a qué vine a esta aldea no?”
“Turaga Giell ya nos contó todo.” Dijo Jekal. “Las profecías siempre hablaron de un mal que regresaría a Kaaciah sediento de venganza, y que diez nuevas luces de esperanza aparecerían para salvar la isla, pero nunca creí que esas profecías que nosotros mismos estudiábamos se referían a nosotros.”
“Es fascinante como la vida de uno puede cambiar tan drásticamente, así es el destino para algunos.” Añadió Netel y luego apuntó con su dedo hacia una de las construcciones del lugar. “En fin, Turaga debe de estar meditando en su casa acerca de todo lo que está sucediendo, y es casi imposible interrumpirlo… Ni con todo este estruendo salió de ahí.”
“Entonces ya saben que somos diez Toa en total.” Supuso Cehk. “Y ya saben lo que debemos hacer.”
“Exacto.” Afirmó Jekal. “Netel, tú acompaña a Cehk a ver a los demás Toa, yo me quedaré cuidando la aldea, además que tú ya completaste tu entrenamiento rápidamente.”
“¿Lo completaste?” Preguntó Cehk.
“Sí, y pude activar el poder de mi máscara, el cual es visión de Rayos-X.” Respondió Netel.
“Así que de eso se trataba el entrenamiento, aprender a usar nuestras máscaras.” Dijo el Toa de Hierro.
“Yo apenas pueda iré a las Ruinas Malditas a reunirme con todos.” Dijo Jekal, y se dio vuelta en dirección opuesta, levantando su brazo en modo de despedida. “Nos vemos entonces.”
“Siempre tan frio, bueno, como todos aquí.” Dijo Netel. “Siempre fui diferente a los demás, solía hablar mucho más que el resto, y eso causaba que no les agradara mucho a los demás Matoran, pero Jekal es quien más me soportaba, y ahora supe el motivo de eso cuando me convertí en Toa.”
“Te entiendo perfectamente, hermano.” Le dijo Cehk sonriendo y sintiéndose identificado. “Ya, debemos irnos cuanto antes.”
“Sí, ven conmigo, usaremos algo para movernos.” Dijo Netel y empezó a caminar en dirección a su casa.
“¿Qué pasará con mi vehículo?” Preguntó Cehk.
“¿Trajiste un vehículo?” Preguntó Netel deteniéndose. “Déjalo en la aldea, es más efectivo lo que tengo yo.”
“Nosotros cuidaremos tu vehículo, Toa de Hierro.” Dijo uno de los Matoran que recibieron a Cehk.
“Está bien, gracias.” Respondió Cehk y empezó a seguir a Netel. “¿Y qué es eso que usaremos?”
“¿Recuerdas lo que usó Rofgak para escapar?” Dijo Netel agachándose para ingresar a su casa, la cual estaba hecha para su forma Matoran.
“Era un disco Kanoka.” Respondió Cehk. “Actualmente es difícil de encontrarlos, y más aún de buena calidad, desde el Gran Cataclismo, porque en su mayoría los hacían en Metru Nui si no me equivoco, y desde entonces no hay ningún tipo de importación de allí.”
“Exacto.” Dijo Netel saliendo de su casa con un objeto envuelto, y luego lo desenvolvió. “Es un disco Kanoka de Teletransportación, igual al que llevaba aquel ser, pero de un nivel más bajo, lo compré a un comerciante que venía de Metru Nui pocos meses antes del Gran Cataclismo, y lo guarde por si alguna vez de verdad necesitaba usarlo, y ese día nunca llegó hasta ahora. Es suficientemente poderoso como para llevarnos a ambos hasta cerca de Kaaciah Ga-Koro.”
“Perfecto, aprovechare de ver a una vieja amiga, que siempre que visitaba mi aldea me hablaba para subirme el ánimo.” Dijo el Toa de Hierro. “Si es que está en su aldea en estos momentos, trabaja llevando envíos y mensajes entre las distintas aldeas.”
“¿Ahnia la Mensajera?” Preguntó Netel.
“Ella misma.” Respondió Cehk. “¿La conoces?”
“Es la persona más simpática que conozco, cuando viene a hacer entregas aquí suelo hablar con ella más de lo que hablo con cualquier Matoran de aquí durante todo un mes, y créeme que viviendo aquí uno desea mucho tener a alguien con quién hablar.”
“Te entiendo. Bueno, ¿cómo activamos el disco?” Preguntó Cehk.
“Se supone que debemos juntarnos.” Dijo Netel, y se puso al lado de Cehk, con su brazo en el hombro del Toa de Hierro. “Y luego pegar el disco a nosotros dos, ¡Así!” Terminó de decir, y golpeó el disco con los torsos de ambos Toa al mismo tiempo, con algo de fuerza, luego el disco se activó, y ambos Toa desaparecieron del lugar.


Capítulo 6 - Las Toa de Psiónica y de Agua

Un instante después ambos Toa se encontraban en una planicie, muy al sur de donde estaban hace unos segundos atrás. A lo lejos se veía el Mar de Protodermis, y un acantilado con una bajada que llevaba a una extensa playa, y en la costa de ésta, se podía ver la aldea de agua, Kaaciah Ga-Koro. La aldea se edificaba en pequeños islotes, en donde estaban emplazados los edificios, cada islote ocupado estaba unido por puentes de madera, también había edificios cuyos cimientos estaban en el agua. Los islotes también contaban con muelles, usados principalmente para estacionar embarcaciones que utilizaban las Ga-Matoran para navegar.
“Llegamos bastante cerca.” Dijo Cehk. “Desde aquí puedo ver la aldea.”
“Sí, sabía que esta cosa serviría en algún momento.” Dijo Netel mirando la aldea, pero de pronto puso una expresión seria. “Espera un momento, escucho algo desde ahí, y créeme que tengo muy buen oído.” Luego utilizó los lentes telescópicos de su Kanohi Akaku para ver bien la aldea. “Me parece, que están bajo ataque, veo Ga-Matoran peleando contra Rahi acuáticos, y a dos seres que me parece que son Toa enfrentando a un ser bastante alto en el puente de la entrada principal.”
“¡Debemos ir rápido!” Dijo Cehk.
“El disco debe recargar su energía antes de volver a usarlo, deberemos ir a pié.” Dijo Netel, y ambos Toa partieron corriendo lo más rápido que pudieron rumbo a la aldea de agua.
Llegaron rápidamente cerca del puente principal, el cual era ancho y hecho de madera muy resistente. Cehk quedó sin aliento de nuevo, porque aún no se recuperaba totalmente de lo que había hecho en la aldea de hielo, así que se agachó poniendo sus manos en sus rodillas para recuperar su aliento.
“Ellas deben ser.” Dijo Netel señalando a dos Toa femeninas en el puente, una con armadura azul y dorada y con una Kanohi Faxon, y sosteniendo una lanza de dos puntas en sus manos, y la otra Toa tenía armadura azul y plateada y con una Kanohi Ruru, y en sus manos sostenía con facilidad una enorme arma que aparentaba ser muy pesada, quienes enfrentaban a una ser femenina también, alta, de armadura roja, y con enormes cuchillas implantadas en sus brazos.
“Espera… La Toa de armadura dorada… ¿Es Ahnia…?” Dijo Cehk tratando de recobrar el aliento nuevamente.
“Así parece, son los mismos colores y máscara que recuerdo de Ahnia la Mensajera.” Respondió Netel.
“Pero qué sorpresa… Bueno… Por el momento… No interfiramos en su pelea…” Sugirió Cehk.
“Tienes razón, puede que logren arreglárselas ellas dos solas, y las Matoran pueden apañárselas con los Rahi, son auténticas guerreras del mar.” Afirmó Netel. Cehk se sentó en el suelo, mientras que Netel permaneció de pie observando. Luego dos de las tres seres se les vio hablando, y comenzaron combate cuerpo a cuerpo.
“No logro escucharlas desde aquí.” Dijo Cehk tratando de escuchar. “Dijiste tener buen oído, ¿qué es lo que dicen?” Mientras hablaban, la Toa con armadura plateada disparaba ráfagas de agua hacia Vinkah, quien las esquivaba con una agilidad y flexibilidad impresionantes, y al mismo tiempo lograba bloquear los ataques que Ahnia, quien seguía atacando con su lanza.
“Así es, escucho perfectamente todo lo que dicen.” Aclaró Netel. “La ser alta y roja, quien se hace llamar Vinkah, dijo que dos Toa de Agua no eran rivales para ella, luego Ahnia preguntó con evidente tono burlesco ¿de veras? Antes de que volvieran a pelear.” Netel se quedó en silencio unos segundos. “Hay algo intrigante en Ahnia.”
“¿A qué te refieres?” Dijo Cehk.
Mientras las tres seguían combatiendo. Vinkah hacía ataques bastante rápidos con sus cuchillas a Ahnia, quien se encontraba más cerca de ella, mas Ahnia los bloqueaba y esquivaba muy fácilmente, como si predijera cada movimiento de su adversaria. Mientras la otra Toa hacia salir grandes cantidades de agua del Mar de Protodermis encima del puente con gran fuerza, intentando derribar a Vinkah, ataques que Ahnia igualmente predecía y saltaba hacia atrás cada vez que lo hacía, sin embargo Vinkah demostrando muy buenos reflejos, realizaba acrobacias para esquivar el agua.
“Siempre me pareció extraño el color de Ahnia cuando era Matoran, supuestamente las Ga-Matoran no tienen color dorado en sus cuerpos, al menos no de forma natural.” Aclaró Netel. “Y a eso súmale el hecho de que solo la otra Toa está usando su poder elemental de Agua, y Ahnia sólo está usando ataques cuerpo a cuerpo.”
“¿Eso significa que Ahnia es de un elemento raro como nosotros dos?” Preguntó Cehk sorprendido.
“Eso mismo, o simplemente no quiere gastar energía elemental.” Respondió Netel, sin dejar de concentrarse en la pelea. “Pero es probable que sea lo otro, así que me pregunto, ¿qué es ese elemento que no conocemos?”
En ese momento Ahnia dirigió su mirada hacia los Toa espectadores unos segundos, y les guiñó un ojo en señal de saludo y de que sabía que se encontraban ahí.
“Cualquiera que mi creador Kudarax desee que elimine, ¡su cuello será rebanado por mis cuchillas!” Exclamó Vinkah a las Toa. “¡Prepárense, ustedes no serán la excepción!”
“Heji, ¡Ahora viene lo bueno!” Le dijo Ahnia a la Toa de Agua, y dio un salto hacia atrás quedando al lado de su compañera.
“¿Lo bueno?” Le preguntó Heji algo nerviosa. Luego de eso Vinkah se empezó a concentrar, y segundos después, aparecieron dos Vinkah más, luego tres atrás de las Toa, y finalmente la cantidad de ellas se duplicó. Inmediatamente después todas las Vinkah saltaron hacia un mismo punto en el aire y cayeron en distintos lugares a los que estaban antes.
“¿Q-Que? ¡Ahora son muchas!” Dijo Heji algo nerviosa.
“No te preocupes hermanita, no es lo que aparenta.” Respondió Ahnia. “Son solo ilusiones.”
Cehk se puso de pie y dijo: “¡Aquella ser se multiplicó! ¿Deberíamos ir ahora?”
“No. Ahnia descubrió fácilmente el truco de la enemiga, se trata de una simple ilusión.” Respondió Netel con seguridad.
“¿De verdad? Bueno, tú eres quien escucha.” Dijo el Toa de Hierro y se volvió a sentar.
Las múltiples figuras de Vinkah empezaron a correr velozmente alrededor de las Toa, en distintas direcciones, y dijeron al mismo tiempo:
“Veo que descubriste que es una ilusión… ¡Pero intenten adivinar quién de nosotras es la verdadera! ¡Lanzaré sus cadáveres al mar y serán alimento para los Takea!”
De pronto un cuchillazo rápidamente se dirigió a Heji, quien logró esquivarlo con dificultad, e intentó atacar con su arma a la figura de Vinkah que creyó que vio atacar, pero sin éxito. Luego otro cuchillazo se dirigió a Ahnia, logrando cubrirse con facilidad usando su lanza.
“Hermana, ¿cómo sabremos cuál es cuál?” Preguntó Heji.
“Pues…” Respondió Ahnia y cerró sus ojos un momento. “¡Así!” Exclamó la Toa, y con el lado de su lanza golpeó a la única figura sólida de Vinkah en el rostro, recibiendo un fuerte golpe por la velocidad con la que se movía.
“P-Pero… ¿Cómo….?” Dijo Vinkah y cayó al suelo.
“¡Muy fácil!” Respondió Ahnia y sonrió. “Tú eras la única de todas, que pensaba.”
“Así que ese es su poder, mis sospechas eran correctas.” Dijo Netel un tanto sorprendido.
“¿Qué? No entendí qué pasó…” Dijo Cehk con una expresión de no entender nada.
“Yo habría sido capaz de descubrir quién era la verdadera al escuchar su respiración, pero en cambio, Ahnia lo hizo escuchando sus pensamientos. ¡Se trata de una Toa de Psiónica!” Aclaró Netel.
“¿Toa de Psiónica? ¿Qué significa psiónica?”
“Es el poder… De la mente.”
Vinkah se intentó levantar diciendo: “Esto aún no ha terminado, no permitiré que…”
Y antes de que terminara de hablar, una gran ola surgió del Mar de Protodermis, cuya fuerza golpeó a Vinkah, arrojándola del puente. Se podía ver a Heji terminando de agitar su arma, y dijo con una expresión de desagrado: “Ya me harté de ti.”
“¡Así se hace hermanita!” Exclamó Ahnia abrazando a Heji por detrás.
“¡Argh! ¡Nunca me habían humillado así!” Gritó Vinkah furiosa desde el agua. Mientras detrás de ella apareció una enorme aleta dorsal, y la ser volteó la cabeza para mirar.
“¿Q-Qué es eso?” Preguntó nerviosa. Ahnia se acercó a la orilla del puente, se agachó flexionando las rodillas, y dijo:
“Él es un Takea gigante que vive aquí, y tú estás perturbando sus aguas.”
“¿¡Un qué!?” Preguntó Vinkah asustada, y el enorme tiburón Takea salió de las aguas plateadas del Mar de Protodermis, abriendo su enorme mandíbula con la intensión de atacar a la aterrada guerrera.
“¡Esto no se quedará así!” Gritó Vinkah antes de activar su disco Kanoka de Teletransportación, y desaparecer del lugar, dejando al Takea gigante mordiendo tan solo agua.
“Las Matoran…” Dijo Heji mirando hacia la aldea, y vio como las Ga-Matoran lograban terminar de repeler a todos los Rahi marinos infectados, quienes se retiraban a falta de una comandante.
Finalmente los dos Toa decidieron acercarse a las Toa femeninas, y antes de que pudieran llegar a ellas, Ahnia corrió hacia ellos y abrazó a ambos al mismo tiempo diciendo:
“¡Cehk! ¡Netel! ¡Me alegro de verlos!” Luego los soltó y dijo: “También son Toa, eso significa que somos hermanos ahora.”
“También me alegro de verte Ahnia.” Dijo Netel.
“Yo también, tenemos muchas cosas que contarte.” Dijo Cehk sonriendo.
“No es necesario.” Dijo Ahnia y puso sus manos en las cabezas de los dos Toa, concentrándose. Luego de unos segundos hablo: “Ya veo, así que el buen Delme, y el aburrido de Jekal también son Toa, sus aldeas fueron atacadas por secuaces de Makuta Kudarax, y han venido hasta aquí usando un disco Kanoka.”
“¿Cómo supiste todo eso?” Preguntó Cehk incrédulo.
“Como te dije, se trata de una Toa de Psiónica.” Aclaró Netel. “Ella posee habilidades de percepción extrasensorial y otras habilidades psíquicas. Como también te dije, es el poder de la mente. Así que acaba de leer nuestros recuerdos recientes.”
Heji se acercó diciendo:
“A Ahnia le encanta hacer eso, leer mentes antes de que alguien hable.”
“Por ahora leer mentes es lo único que sé hacer. Las Toa de Psiónica podemos hacer muchas cosas más además de eso, sólo que me falta entrenamiento. ¡Ah! Déjenme presentar a nuestra compañera.” Dijo Ahnia y tomó el brazo de Heji. “Ella es mi hermanita, Heji, Toa de Agua, es tímida, así que sean buenos con ella.”
“No era necesario decir eso hermana.” Dijo Heji con volumen un poco bajo y corriendo la mirada.
“¡Mucho gusto Heji!” Le dijo Cehk. “Yo soy Cehk, Toa de Hierro de Kaaciah Onu-Koro.”
“Es un gusto.” Le Dijo Netel. “Yo soy Netel, Toa del Sonido de Kaaciah Ko-Koro, Ahnia me habló algunas veces de que tenía una querida amiga a la cual llamaba ‘hermanita’.”
“E-el gusto es mío.” Respondió Heji mirando al suelo tímidamente.
“¡Tu arma es genial!” Dijo Cehk. “¿No te pesa?”
“Esto… Compruébalo tú mismo.” Respondió la Toa de Agua entregándole su herramienta. Cehk la pudo sostener sin dificultad diciendo:
“De verdad es muy liviana, pero muy dura.”
“Sí… Se llama “Rompe-Maremotos”.” Explicó Heji aún algo tímida. “Está hecha de un material hallado en el fondo de este mar, es muy duro y liviano a la vez, pero muy escaso.”
“Era el arma que usaba Turaga Nella en sus años como Toa.” Añadió Ahnia. “Ella quiso que Heji la heredara. En cambio yo elegí esta Lanza de Combate porque combinada con mi armadura y para combate cuerpo a cuerpo, pero realmente no la necesito para usar mis poderes.”
“Ya veo, de verdad está genial tu arma, Heji.” Dijo Cehk devolviéndole el Rompe-Maremotos.
“Turaga Nella ya nos lo contó todo después del primer ataque de Rahi y habernos transformado.” Dijo Ahnia. “Ahora fue que apareció aquella ser alta y roja, a diferencia de ustedes que el secuas de Kudarax apareció antes también.”
“¿Alguien de ustedes vendrá con nosotros a visitar a los demás Toa?” Preguntó Netel.
“¡Me encantaría acompañarlos!” Dijo la Toa de Psiónica con entusiasmo. “Adoro ir a diferentes lugares de esta hermosa isla.”
“Yo me quedaré a cuidar a aldea” Afirmó Heji. “Además que Ahnia ya descubrió el poder de su máscara, y yo… aún no.”
“¿En serio? ¿Qué poder tienes?” Preguntó Cehk.
“Tengo la máscara del parentesco, con ella puedo copiar las habilidades de los Rahi.” Explicó Ahnia. “Y no se preocupen en decirme los de ustedes, ya sé que el de Netel es de visión de Rayos X, y tú Cehk aún no descubres el tuyo.”
“Menudo poder tienes.” Dijo Cehk, y Ahnia sonrió cerrando los ojos.
“La cosa es dónde ir ahora.” Dijo Netel. “La aldea más cercana es Kaaciah Po-Koro, y la más lejana es Kaaciah Le-Koro, que queda al otro extremo de la isla.”
“Vamos primero a Le-Koro.” Dijo Cehk y un segundo después Ahnia dijo:
“Lo dices porque si vamos ahí primero podremos ir después a Po-Koro, que queda cerca de Kaaciah Ta-Koro, la cual queda más cerca de las Ruinas Malditas, y así llegar más directamente.”
“¿Me leíste la mente verdad?” Dijo Cehk entrecerrando un poco sus ojos, y Ahnia le guiñó un ojo.
“Me parece buena idea.” Dijo Netel. “Pero si queremos llegar rápido…”
“Necesitaremos un vehículo acuático.” Interrumpió Ahnia. “Y no tuve que leer tu mente para inferir eso.”
“Exacto, el disco Kanoka no puede teletransportar a tantos objetivos.” Afirmó el Toa del Sonido.
“Yo tengo uno que podrían usar.” Dijo Heji. “Es lo suficientemente rápido como para rodear toda la isla en dos horas.”
“Me leíste la mente hermanita.” Dijo Ahnia en un tono irónico. “Justo te iba a decir si nos lo prestabas.”
Minutos después los Toa se encontraban en el islote en que habitaba Heji, subiéndose a su vehículo acuático, el cual era lo suficientemente grande como para que cupieran ellos tres, y sobrara algo de espacio.
“¡Nos vemos después en las Ruinas Malditas! ¡Cuídate mucho hermanita!” Exclamó Ahnia desde los controles del bote.
“¡Tengan cuidado! ¡Estaré en el centro de la isla en poco tiempo!” Respondió Heji desde el muelle, alzando su brazo en señal de despedida. Cehk y Netel hicieron lo mismo.
“¡Sujétense! Será un viaje algo agitado.” Advirtió Ahnia encendiendo el motor, y el bote partió acelerando a gran velocidad.
“Kaaciah Le-Koro, ¡ahí vamos!” Exclamó Cehk mientras el vehículo se alejaba rápidamente, rumbo al este, en donde estaba la espesa selva de Kaaciah.

Capítulo 7 - Los Toa de Aire y de Flora

Los tres Toa, Cehk, Netel y Ahnia, navegaban a gran velocidad rodeando el sur de la isla de Kaaciah, a lo lejos se podía ver el desierto de Kaaciah, con sus numerosos acantilados, a medida que avanzaban el terreno árido que se veía se convertía en terreno fértil, con plantas, y luego árboles, en menos de media hora ya estaban rodeando la espesa jungla de Kaaciah, la cual cubría como un cuarto de toda la isla, y en la cual dos ríos pasaban a través de ella. Ahnia, conduciendo el veloz bote, decidió ingresar a la jungla entrado por la desembocadura del río del sur, el cual pasaba por la aldea Kaaciah Le-Koro más adentro en la selva.
“La jungla es un lugar demasiado ruidoso.” Alegó Netel.
“Relájate hermano.” Dijo Cehk. “Tampoco me acomoda tanto este lugar, pero hay que reconocer que es hermoso de cierto modo.”
“Durante el Gran Cataclismo, el volcán de Kaaciah hizo una gran erupción.” Añadió Ahnia. “El fuego del volcán llegó hasta esta selva, quemando mucha vegetación, pero con la ayuda de muchos Matoran que nos hicimos voluntarios, incluyéndome, en un poco más de dos siglos pudimos arreglar este gran rincón verde del mundo, ahora está tan rebosante de vida como antes de aquel desastre. Me hace recordar a un Matoran muy particular que vive en Le-Koro, se trata de un naturalista llamado Muzek, quien fue el que dirigía a los Matoran voluntarios en limpiar la tierra quemada y replantar los árboles.”
“Debe ser alguien que de verdad adora las plantas y todo eso.” Dijo Netel. “A mí mucho verde no me acomoda mucho a la vista.”
“Me pregunto cómo estará Muzek, hace meses que no enviaba un pedido hacia o desde su aldea.” Dijo la Toa de Psiónica.
“Amigos, creo que estamos cerca.” Dijo Cehk mientras entre los árboles que rodeaban al río, se podía empezar a ver la aldea, que era como una ciudad de piedra entre la jungla, construcciones que los Le-Matoran que habitaban se lo debían a los Po-Matoran de la isla, quienes adoraban la construcción como la gran mayoría de los Po-Matoran del universo. En su centro se encontraba una construcción con forma piramidal, que contenía el Suva en su parte más alta. En las calles de la aldea, las cuales estaban conformadas por caminos de piedras, había canales de regadío para cosechas o árboles que se hallaban repartidos por toda la mini-ciudad, se podía apreciar cómo los Le-Matoran que habitaban el lugar vivían en suma armonía con la naturaleza. En los edificios más altos había cables con poleas, con los que los Matoran podían desplazarse de un edificio a otro de modo de cánopi.
El bote de los Toa ya se adentraba en la aldea cuando se dieron cuenta del caos. Los Le-Matoran se enfrentaban a una horda de insectos Rahi de variadas especies: libélulas Nui-Kapowa, moscas Nui-Rama, avispas Nui-Kopen, entre otros. Los Matoran los enfrentaban con diferentes herramientas defensivas, como ballestas, lanzas, algunas armas de fuego que disparaban balas, y cañones que estaban instalados en las partes altas de las construcciones.
“¡Los Matoran tienen problemas!” Exclamó Cehk al ver la situación.
“Tal parece que los ataques en los que se involucran Rahi son cada vez más intensos.” Dijo Netel preocupado.
“Espero que nuestras aldeas no lo estén pasando muy mal.” Añadió Ahnia también preocupada.
“¡Busquemos al o a los Toa de esta aldea y ayudemos a los Matoran, luego tendremos tiempo de charla!” Ordenó Cehk y bajó rápidamente del bote.
“Ya parece nuestro líder, ¿eh?” Dijo Ahnia tomando su lanza y bajándose del bote, y Netel la siguió.
Mientas Cehk corría adentrándose en la aldea, dos Nui-Rama se acercaron a él con la intensión de atacarlo. “Intentaré una cosa.” Pensó el Toa de Hierro, y rápidamente convirtió su Espadón de Protoacero en un enorme Martillo de Protoacero usando su poder para controlar los metales, el cual usó para golpear a ambos insectos gigantes, noqueándolos de un solo golpe. Luego devolvió el martillo a su forma original de espadón.
“Sí que estás lleno de sorpresas Toa de Hierro.” Le dijo Netel llegando hacia él junto con Ahnia. Cehk se rió y dijo:
“Sí, ando probando diferentes cosas que pueda hacer.”
Aquello llamó la atención de uno de los Matoran combatientes, quién bajó de la altura del edificio en donde se encontraba, hasta donde estaban los tres Toa.
“¡Ustedes también son Toa!” Dijo el Le-Matoran. “¡Como Tihur y Muzek!”
“¿Muzek el naturalista se convirtió en Toa?” Dijo Ahnia sorprendida. “No me lo esperaba. Y aquel Matoran creído que le encanta exagerar, Tihur, menos aún.”
“¿Dónde se encuentran?” Preguntó Cehk.
“¡Síganme!” Dijo el Matoran, y empezó a correr hacia la dirección opuesta a donde miraba a los Toa. Mientas corrían, un Nui-Kapowa se acercó rápidamente para intentar atrapar al Le-Matoran con sus garras, pero Netel justo antes de que el insecto pudiera tocar al Matoran, usó su lanza para crear una onda sónica que aturdió al Rahi, dejándolo completamente inconsciente. Los cuatro siguieron corriendo hasta girar en una de las calles, que llevaba a una de las entradas de la aldea, la cual estaba rodeada por árboles de la selva. Ahí se podía ver a dos Toa de color verde, uno de ellos tenía lo que parecían alas, una Kanohi Kualsi, y dos pistolas, una en cada mano. El otro Toa tenía una apariencia más exótica, su armadura tenía partes de color azul, y adornos con formas de espinas, su máscara era una Kanohi Zatth, y en cada mano contaba con guantes cubiertos de largas púas. Se les veía enfrentarse a un ser bestial con apariencia insectoide, tenía cuatro patas, era de color blanco con negro, poseía tenazas en su mandíbula, y lo que era peor, podía hablar. Al llegar cerca, los otros tres Toa pudieron escuchar a uno de los Toa verdes hablar:
“¡Aún me sorprende que este horrendo Rahi pueda hablar!”
“¡Ya dije mil veces que no soy un Rahi!” Dijo el ser enfadado.
“Es evidente que no lo eres.” Dijo el otro Toa. “Solo que cuesta un poco hacer que una idea entre en la cabeza de mi compañero. ¡Aún así eres un monstruo que está perturbando la naturaleza en este lugar!”
El Le-Matoran que guió a los tres Toa hasta el lugar explicó:
“El de las alas es Tihur, Toa de Aire, y el de las púas es Muzek, Toa de Flora.”
“¿Toa de Flora?” Preguntó Cehk.
“Los Toa de Flora son capaces de controlar y crear todo tipo de plantas y vegetales.” Explicó Netel.
“Eso explica su obsesión con las plantas y la naturaleza cuando era Matoran.” Dijo Ahnia.
“¿¡Qué significa esto!?” Gruñó el ser de cuatro patas. “¿Tres Toa más?”
Los dos otros Toa voltearon la mirada hacia ellos.
“¡Pero qué sorpresa!” Dijo Tihur.
“¿Vinieron a ayudar?” Preguntó Muzek. ¡Por favor, mantengan alejados a los insectos, que no interfieran en nuestra pelea con este monstruo!”
“Ya escucharon a nuestro hermano.” Dijo Cehk. “¡No dejen que los insectos se acerquen!”
“Ya está actuando como líder de nuevo.” Dijo Netel poniéndose en posición.
“Al parecer le queda lo de liderar a nuestro amigo de hierro.” Dijo Ahnia también en posición, luego miró al Matoran que los acompañaba. “Ve a ayudar a tus compañeros Matoran.”
“¡Sí!” Respondió el Matoran, luego corrió y saltó ágilmente hacia arriba de los edificios a ayudar a los demás Matoran. Una horda de insectos Rahi luego se acercó a los Toa desde el interior de la aldea.
“¡Rahi! ¡Destruyan a los Toa estorbadores!” Ordenó el ser mirando a los insectos Rahi acercándose, y luego miró a los dos Toa que estaban justo en frente de él. “En cuanto a ustedes dos, recuerden el nombre de quién los hará pedazos… ¡Yo soy Vahtor!”
“Un horrible nombre para un Rahi horrible.” Se burló Tihur. “La verdad te queda.”
“¡Silencio!” Gruñó Vahtor, luego saltó e intentó morder al Toa de Aire con sus tenazas, pero Muzek lo atrapó con unas enredaderas que hizo salir del suelo, sin embargo se logro liberar con la fuerza de sus patas delanteras, y saltó hacia atrás. Seguido de eso Vahtor enterró sus patas delanteras en el suelo, perforando el camino de piedra.
“¿Qué crees que haces bicho?” Preguntó Muzek.
Vahtor solo se rió, y de pronto enormes espinas brotaron del suelo en donde estaban parados los Toa, quienes lograron saltar justo a tiempo evitando ser perforados por ellas.
“¡Eso estuvo muy cerca!” Exclamó Tihur.
Mientras los otros tres Toa se ocupaban de los numerosos insectos que los atacaban. Cehk volvió a transformar su espadón en el enorme martillo que usó hace unos momentos, con los que golpeaba a los Rahi insectos que se acercaban a él, dejándolos fuera de combate al instante. Ahnia mientras repelía a los Rahi usando su lanza de combate. “Son demasiados.” Dijo la Toa de Psiónica. “Si supiera usar mejor mis poderes no sería tan complicado.”
Netel mientras aturdía a los insectos con fuertes ondas sónicas que salían de su lanza. “¿No puedes hacer telequinesis?” Preguntó el Toa del Sonido.
“¡Lo intentaré!” Y Ahnia se concentró lo más que pudo apuntando sus manos a uno de los Nui-Kopen más grandes que habían cerca, de pronto el Rahi se detuvo de su rumbo de vuelo, y la Toa aún más concentrada, movió al enorme insecto hacia unos cuantos Nui-Rama y Nui-Kapowa que estaban cerca de los Toa, golpeándolos fuertemente, y dejándolos nocaut al instante. La Toa algo cansada flexionó sus rodillas y se apoyó con su lanza. “Cansa la primera vez que logras algo así.”
“Descansa Ahnia, nosotros nos encargamos del resto.” Dijo Cehk blandiendo su gran martillo mientras más insectos se acercaban.
Más espinas salieron del piso en donde se encontraban Tihur y Muzek. El Toa de Aire saltó pero esta vez disparó desde el aire con sus dos pistolas a Vahtor diciendo: “¡Trágate esto bicho!” Vahtor no tuvo más remedio que moverse de su posición para poder evadir los proyectiles que salieron con mucha fuerza de las pistolas, propulsados por ráfagas de aire generadas gracias al poder elemental del Toa, y los cuales golpearon el suelo con gran poder. “¡A estas las llamo las Poderosas e Invencibles Pistolas Gemelas del Gran Héroe Toa Tihur! Nombre corto: Pistolas Gemelas.”
“Prefiero el nombre corto.” Dijo Muzek.
“Siempre quitando los detalles interesantes Muzek.” Respondió Tihur.
“¡Me tienen harto sus payasadas!” Gruñó Vahtor muy exaltado, y nuevamente saltó, intentando usar sus patas delanteras directamente para atacar al Toa de Aire, sin embargo cuando llegó hasta él, ya no se encontraba donde se suponía que estaba, si no que ahora se encontraba detrás de Vahtor.
“¡Estoy aquí!” Dijo Tihur y se rió. “Parece que te caigo peor que Muzek.”
“¡¿Pero qué?!” Exclamó el monstruo confundido.
“¿No es genial el poder de mi máscara?” Dijo el Toa de Aire, y luego golpeó con una fuerte y rápida patada la parte trasera de Vahtor, haciendo que se elevara un poco, y haciendo que por unos momentos quedara de cabeza en el aire, momento que Muzek aprovechó diciendo:
“¡Ahora yo me encargo!” E hizo que de los árboles que rodeaban el camino brotaran muchas ramas, las cuales atraparon a Vahtor en el aire, dejándolo inmovilizado de sus patas.
“¡No! ¡¡No!!” Gritó el monstruo desesperado.
“¡Te vencí!” Exclamó Tihur contento.
“Evidentemente ambos lo vencimos, Tihur.” Respondió Muzek.
“Sí como digas Muzek.” Luego el Toa de Aire susurró: “Yo lo vencí.”
“¡Aaaah! ¡Esto no puede ser!” Gruñó Vahtor, pero luego esforzándose un poco, usó su mandíbula para tomar un disco Kanoka que mantenía bajo su caparazón inferior, el cual usó para teletransportarse lejos del lugar.
“Escapó.” Dijo Muzek. “Al menos por ahora no seguirá perturbando esta bella selva.”
Cehk, Netel y Ahnia vieron cómo los insectos Rahi infectados empezaban a alejarse de la aldea a falta de un comandante. Así que voltearon para ver a sus otros dos hermanos.
“Al parecer ganaron.” Dijo Cehk volviendo a convertir su martillo en el Espadón de Protoacero. Entonces Tihur y Muzek se acercaron a los tres Toa forasteros, mientras las cosas en la aldea se calmaban.
“¡Ustedes son los Toa que mencionó Turaga Divuor!” Exclamó Tihur. “Yo soy Toa Tihur, apuesto y poderoso Toa de Aire. ¡Gusto en conocerlos hermanos!”
“Yo soy Muzek.” Dijo el Toa de Flora. “Aún más apuesto y poderoso Toa de Flora, y no es que me guste llevarle la contra a Tihur.” Se rió.
“Esto, yo soy Cehk, Toa de Hierro de Kaaciah Onu-Koro.” Se presentó Cehk.
“Mi nombre es Netel, Toa del Sonido de Kaaciah Ko-Koro.” Se presentó Netel.
“Ya me deben conocer, paso por aquí a menudo.” Dijo Ahnia. “Me volví Toa de Psiónica.”
“¡Pero si eres Ahnia la Mensajera!” Dijo Muzek. “La amable y simpática Ga-Matoran de colores extravagantes, veo que no eras Ga-Matoran después de todo.”
“Acérquense.” Les dijo Ahnia a los dos Toa verdes. “Intentaré un truco con ustedes.”
Ambos Toa se acercaron a la Toa de Psiónica, y ella puso sus manos en sus frentes. De pronto, muchos recuerdos de ella y los que había leído de Cehk y Netel, llegaron a las mentes de Tihur y Muzek.
“¡Genial!” Exclamó Tihur fascinado. “¡Ahora sé por todo lo que han pasado!”
“Ahora sé que puedo transmitir recuerdos a otros seres.” Dijo Ahnia con entusiasmo. “Ya sé leer mentes, realizar telequinesis, y ahora esto.”
“Felicidades Ahnia, cada vez controlas más tus poderes.” La felicitó Cehk.
“Esperen, ¿ustedes pasaron por una clase de entrenamiento para descubrir los poderes de sus máscaras?” Preguntó Muzek confundido.
“Así es, ¿ustedes no?” Dijo Netel.
“Turaga Divuor nunca nos habló de ningún entrenamiento.” Respondió Tihur. “Yo encontré por mi propia cuenta el poder de mi máscara, un momento que estaba con flojera y no quería caminar, ¡y repentinamente aparecí en el lugar donde quería ir! Fue gracioso.” Se rió, y el resto puso expresiones de extrañeza.
“Qué Turaga más irresponsable…” Dijo Ahnia.
“Y… ¿Por qué llevas alas en tu espalda?” Preguntó Cehk. “¿Son naturales?”
“No pues.” Respondió el Toa de Aire y se volteó un poco para mostrar mejor sus alas. “Luego de convertirme en Toa, le pedí al mejor ingeniero de la aldea, Balamm, que hiciera realidad el sueño que siempre tuve por si me convertía en Toa, ¡tener alas! Así que me construyó estas alas y las implantó en mi espalda, con ellas puedo desplazarme en el aire canalizando mi energía elemental a través de ellas. Son geniales, ¿no?”
“Sí, supongo...” Respondió Cehk aún con expresión de extrañeza. “Bueno, debemos ir a la siguiente aldea.”
“Yo me quedaré en la aldea.” Aclaró Muzek. “Debo proteger esta selva ante cualquier eventualidad, y además, debo interrogar a ese perezoso Turaga sobre mi entrenamiento de mi máscara…”
“¡Yo voy con ustedes!” Dijo el Toa de Aire con mucho ánimo. “¡Los puedo llevar volando a los tres!”
“¿Qué haremos con el bote de Heji?” Preguntó Ahnia, y de pronto un Le-Matoran llegó corriendo hacia los Toa.
“¿El bote que se encontraba en el río es de ustedes Toa?” Preguntó.
“Así es.” Respondió la Toa. “Bueno, en realidad es de otra Toa que no se encuentra aquí.”
“Bueno, pues… síganme.” Dijo el Matoran preocupado, y los Toa lo siguieron. Al llegar, a su sorpresa vieron el bote destrozado. Ahnia se puso pálida.
“Lo sentimos, quedó así durante la batalla contra los insectos.” Dijo el Matoran.
“Heji… me va… a matar…” Dijo la Toa de Psiónica nerviosa.
“Te destruirá.” Dijo Cehk.
“Fue un gusto ser tu hermano, Ahnia.” Dijo Netel, luego Ahnia agachó la cabeza y suspiró.
Minutos más tarde los cuatro Toa se despidieron de Muzek, y se prepararon para partir. Tihur se amarró a su cintura una cuerda lo bastante firme como para sostener a los tres Toa que irían como sus pasajeros, y ellos también amarraron partes de la cuerda a sus cinturas.
“¡Prepárense, y abróchense bien sus cuerdas de seguridad!” Dijo Tihur preparándose. “Gracias por volar con Toa Tihur.”
“Yo estoy listo.” Dijo Netel.
“Yo también.” Añadió Ahnia.
“¡Adelante! ¡A Po-Koro!” Instruyó Cehk.
“¡Entonces nos vamos!” Terminó diciendo el Toa de Aire, abrió sus alas, se concentró, y su poder de aire empezó a salir de ellas, haciendo que se elevara, rápidamente la velocidad del aire que expulsaba aumentó, haciendo que volara a gran altura elevando a los otros Toa también, dirigiéndose rápidamente hacia el gran desierto de Kaaciah. Ya estaba empezando a oscurecerse.

Capítulo 8 - Ataque en el Desierto

Toa Tihur voló a toda velocidad llevando a sus compañeros Toa, llegando a sobrevolar el desierto en pocos minutos, sin embargo, no corría mucho viento desde hacía rato, y su poder elemental eventualmente se empezó a agotar, quedándose cada vez con menos energía. Los otros tres Toa empezaron a notar que iban desplazándose más lentamente.
“¡Tihur! ¿Te encuentras bien?” Preguntó Cehk preocupado.
“Creo… que no puedo… más…” Respondió Tihur exhausto, y empezó a descender lentamente con el poder elemental que le quedaba, pero se le agotó estando aún en algo de altura, comenzando a caer en picada junto con los otros Toa, quienes gritaban mientras caían. Rápidamente los Toa cayeron en la arena del desierto, enterrándose un poco en ella, pero resultando ilesos por lo blando que era el suelo cubierto de la ya mencionada arena.
“¡Hermanos! ¿Están bien?” Preguntó Cehk mientras se levantaba y se quitaba la arena de encima.
“¡Sí! ¡No te preocupes!” Respondió Ahnia quien cayó a unos pocos metros de él.
“Por suerte no caímos en una roca.” Dijo Netel, quitándose la arena de los lentes de su máscara. “Quien no se ve muy bien es nuestro hermano alado.”
“¡Tihur!” Exclamó Cehk y corrió a donde el Toa de Aire, que aún no se podía levantar.
“Descuida… estoy bien… solo necesito… respirar…” Respondió Tihur con apenas aliento para hablar.
“No podemos dejarlo aquí.” Dijo el Toa de Hierro mientras los otros dos se acercaban. “Netel, ayúdame a cargarlo.” Netel y Cehk tomaron cada uno un brazo del agotado Toa de Aire.
“Creo que mi idea fue estúpida… Lo siento…” Dijo Tihur aún exhausto.
“Descuida hermano, hiciste tu mejor esfuerzo, descansa.” Le intentó animar Ahnia.
“Deberemos ir a pie hasta Po-Koro.” Dijo Cehk. “Ahnia, tú que viajas muy seguido, ¿cuánto crees que nos tomará caminando?”
“Estimo que alrededor de media hora.” Respondió la Toa.
“Ya va a oscurecer.” Dijo Netel mirando al cielo. “En las noches salen a cazar los Desleton, serán un problema.”
“De hecho creo que esta ya es la hora en que empiezan a salir de sus escondites.” Aclaró Ahnia algo preocupada.
“No importa, unos cuantos nómadas esqueléticos no podrán con nosotros.” Dijo Cehk decidido. “¡Así que andando!”
Los Toa empezaron a caminar rumbo a Kaaciah Po-Koro con Tihur a cuestas, y Ahnia, quien era una experta para recorrer la isla, delante de ellos guiándolos. El ambiente estaba tranquilo, y el cielo cada vez más oscuro debido al proceso de atardecer en el Universo Matoran.
“Sí que está tranquilo.” Dijo Cehk.
“A mí me fascinan los sonidos del silencio.” Dijo Netel. “Por eso nunca me aburrí de Ko-Koro, por más apáticos que fueran los Ko-Matoran.”
“Creo que no te habría gustado vivir en Onu-Koro.” Le respondió Cehk. “El sonido de las máquinas, las excavaciones y ruidos subterráneos son lo de cada día. A mí me agradaba vivir ahí por cierto ambiente industrial que se siente, creo que debido a mi elemento.”
“Y a ti Ahnia, ¿qué te agrada de tu aldea?” Preguntó Netel.
“A mí pues me relaja el mar, aunque siempre fui horrible nadando comparada con las Ga-Matoran, el ambiente costero, el sonido de las olas, siempre me pareció muy relajante, por lo que podía pasar horas pensando sentada frente al mar o en un bote, mientras las demás practicaban natación.” Respondió Ahnia.
“Al menos encajábamos de cierto modo en estos ambientes con nuestros elementos poco usuales.” Dijo Cehk.
“Creo que soy el único aquí con un elemento normal.” Dijo Tihur. “Por cierto, ya puedo caminar por mí mismo, gracias por el aventón.” El Toa de Aire se soltó, pudiendo sostenerse de pie solo.
“Espera, ¿nos llamaste anormales?” Preguntó Ahnia con una mirada de desaprobación.
“No, no, no quise decir eso.” Respondió Tihur nervioso. “Es solo que…”
“¡Alto!” Exclamó Netel, haciendo que los Toa cesaran de caminar.
“¿Qué sucede Netel?” Preguntó Cehk.
“Oigo algo, detrás de esos pedruscos de adelante.” Respondió el Toa del Sonido señalando a unos pedruscos que se situaban unos cuantos metros delante de los Toa. “Ahnia, ¿puedes usar tus poderes para detectar qué se esconde ahí detrás?”
“Claro.” Respondió Ahnia, y comenzó a concentrarse en aquellos pedruscos. “Lo tengo, son al menos diez Desleton, esperando a que nos acerquemos para emboscarnos.”
De pronto los Desleton al darse cuenta de que los descubrieron, empezaron a salir de su escondite. Eran unas criaturas esqueléticas de color blanco, no muy altas pero de aspecto amenazante. Cada uno poseía armas de combate cuerpo a cuerpo de diversos tipos, desde espadas, hasta garrotes y hachas. Todos hacían sonidos guturales.
“Así que por fin se muestran.” Dijo Cehk sacando su espadón de su espalda mientras los demás Toa sacaban sus respectivas armas también.
“¡Enseñémosles a que no deben meterse con nosotros!” Dijo Tihur sonriendo.
“Veo que ya puedes combatir hermano.” Dijo Ahnia.
“Como dije, solo necesitaba respirar un rato, así recargo mi energía elemental.” Respondió el Toa de Aire. Los Desleton se acercaron rápidamente para atacar a los Toa, Cehk se acercó también para ser el primero en atacar, chocando espadas contra un Desleton que poseía dos espadas con pinchos. “¡Nos están estorbando!” Exclamó el Toa de Hierro para luego hacer un movimiento con su espada hacia arriba que sacó volando al Desleton, noqueándolo en un instante.
Dos Desleton se intentaron acercar a Tihur velozmente, quien saltó hacia atrás exclamando: “¡Disparo a la cabeza!” y disparó con sus ambas pistolas, dando en la cabeza a ambos Desleton, quienes quedaron inconsciente en un instante por el impacto.
Un Desleton se aproximó a Netel. “Los ruidos que hacen ustedes me desagradan.” Dijo el Toa del Sonido bloqueando el ataque de su agresor, que era un Desleton con una sola espada, sosteniendo su lanza con una sola mano. La otra mano la colocó en la cara del Desleton, y comenzó a emitir de ella ondas sonoras muy agudas, las cuales solo el Desleton podía oír. “Para que aprendas a no hacer ruidos grotescos.” El Desleton cayó inconsciente.
Dos Desleton más, uno con un garrote y otro con un hacha, intentaron atacar a Cehk, quien bloqueó fuertemente con su espadón, haciendo que retrocedieran ambos, luego dejó su espadón enterrado en la arena, luego se acercó rápidamente a los Desleton colocando sus manos en sus armas, y procedió a absorberlas por estar hechas de materiales metálicos.
“Gracias por la energía.” Dijo Cehk y agarró las cabezas de los Desleton, haciendo que se golpearan entre ellos fuertemente, dejándolos inconscientes.
Cuatro Desleton que quedaban mientras se acercaron a Ahnia, quien quedo algo atrás del resto de los Toa. La Toa pensó “Intentaré algo.”, luego se concentró con su mano en su frente, y exclamó: “¡Atáquense entre ustedes!” Entonces los cuatro Desleton empezaron a luchar entre ellos, sin embargo, Ahnia accidentalmente también miró a los demás Toa, y Cehk, Netel y Tihur también cayeron bajo el efecto de Ahnia, apuntando sus armas entre ellos tres. “¡E-esperen!” Dijo la Toa intentando concentrarse solo en ellos tres. “¡Ustedes vuelvan a la normalidad!” Y los Toa volvieron en sí.
“¿Eh?” Dijo Cehk.
“¿Qué estaba haciendo?” Dijo Tihur.
“Oye, oye, eso es peligroso.” Dijo Netel a Tihur quien seguía apuntando.
“Creo que accidentalmente les controlé la mente a ustedes también.” Dijo Ahnia.
“No vuelvas a usar tu control mental en nosotros ¿Entiendes?” Le dijo Cehk algo alterado.
“Mejor no vuelvas a usar tus poderes raros nunca más… ¡Nunca más!” Dijo Tihur aún más alterado, y retrocediendo un poco atemorizado.
“No daré comentarios…” Dijo Netel intentando no demostrar estar alterado.
“Bien, lo siento. Cálmense. No me regañen, aún debo aprender a controlar bien mi poder.” Se disculpó la Toa de Psiónica.
“Sigamos caminando mientras el efecto del control mental de Ahnia sigue en ellos.” Dijo Netel.
“No seas aguafiestas, se ven graciosos peleando entre ellos.” Dijo Tihur observándolos y se rió.
“Netel tiene razón, debemos llegar a Po-Koro cuanto antes.” Dijo Cehk. “Andando Tihur.”
“Bien, bien.” Luego dijo en voz baja: “Aguafiestas todos.”
Ahnia se puso delante de todos nuevamente. “Estimo que ya falta poco para llegar.”
Los Toa siguieron caminando en dirección a Kaaciah Po-Koro.


Capítulo 9 - El Antiguo Traidor

Los cuatro Toa caminaron hasta que las sombras de la noche cubrieron las arenas del desierto, el pesado calor se había transformado en brisas que se hacían tan heladas como las de las montañas de Kaaciah en una nevada. Sin embargo los Toa no desistieron, debían llegar a esa aldea para poder continuar su misión. A lo lejos ya se podía divisar las murallas de piedra que rodeaban la aldea, era una construcción magnífica, hecha por los más expertos arquitectos y obreros Po-Matoran, con las más finas y duras rocas halladas en el desierto, una fortaleza impenetrable hecha para proteger la aldea de cualquier amenaza, ya sea Rahi, o de los feroces Desleton.
“Puedo ver las murallas, ya estamos llegando.” Dijo Ahnia.
“Apuremos un poco el paso.” Dijo Cehk. “Ya se me están poniendo rígidas las articulaciones.”
“H-ha-hace un f-f-fr-frio e-e-es-espantoso.” Dijo Tihur tiritando.
“Esto no es nada comparado a las heladas ventiscas de épocas de más frio en las montañas.” Dijo Netel sin quejarse en lo absoluto.
“¡Y-ya no p-p-pu-puedo aguantar este frio!” Exclamó Tihur y extendió sus alas. “D-de-debo llegar y e-en-encontrar abrigo p-pr-pronto!” Y luego emprendió vuelo lo más rápido que pudo hacia la fortaleza.
De pronto Ahnia puso su mano en su frente y dijo: “Siento una presencia muy cerca de aquí.” En seguida extendió su brazo en dirección a Tihur y exclamó: “¡Tihur espera!”
Tihur voló rápidamente, hasta que de la nada apareció en frente de él una figura de aspecto oscuro, quien soltó un fuerte puñetazo en la máscara de Tihur, derribándolo en pleno vuelo.
“¡Tihur!” Exclamó Cehk, y rápidamente él y los otros Toa comenzaron a correr hacia donde estaba el Toa de Aire.
Al llegar lograron ver a su atacante, se trataba de un Toa de armadura marrón con negro, de aspecto corpulento, con una capa negra, y con una Kanohi Miru. Cehk se agachó para comprobar si Tihur estaba bien, y vio que estaba inconsciente por el fuerte golpe que sufrió a toda velocidad.
“¡¿Ésta es tu manera de saludar a un compañero Toa?!” Exclamó Cehk enojado al misterioso Toa.
“Espera.” Dijo Netel con una expresión muy seria. “Hay algo muy inusual en él.”
“No solo es el color de su armadura.” Dijo Ahnia con preocupación. “Puedo sentir algo malvado en él, y por algún motivo, no logro leer su mente.”
“¿Quién eres? ¡Responde!” Lo interrogó Cehk. El Toa, quien observaba en silencio la situación que creó, finalmente rió un poco y dijo:
“Me presento, mi nombre es Hakjo, Toa Kaaciah de Piedra.”
“Espera, ¿dijiste Toa Kaaciah?” Dijo Netel sorprendido.
“Así se llamaba el grupo de Toa al que pertenecían los Turaga de esta isla.” Afirmó Ahnia igualmente sorprendida.
“¡Entonces tú eres aquel Toa traidor!”
“Veo que sabes bastante pequeña Toa.” Dijo Hakjo. “Me estaba dirigiendo a hacerles una visita a mis viejos colegas de la aldea, y me encontré a unas pequeñas molestias en el camino, así que decidí acabar con ustedes primero.”
Los tres Toa empuñaron sus armas y se colocaron delante del inconsciente Tihur.
“¿Piensan enfrentarme en vez de resignarse a su destrucción, novatos?” Dijo el Toa traidor muy confiado, y sacó sus armas, las cuales parecían dos enormes trituradoras.
“Peleen en serio, usen todo su poder.” Aconsejó Cehk. “Ya presenciaron su enorme fuerza, noqueó a Tihur con un solo golpe de puño.”
“Lo tenemos muy en claro.” Respondió Ahnia.
“No me contendré, preparen sus oídos.” Advirtió Netel.
Los tres Toa saltaron para atacar a Hakjo al mismo tiempo con sus armas de combate cuerpo a cuerpo, sin embargo él pudo repeler los tres ataques simultáneamente usando sus dos armas para cubrirse, y sin retroceder ni un centímetro. “Aún les falta mucho, novatos.” Dijo, y con solo un movimiento de sus brazos, empujó a los tres Toa hacia atrás. Cehk, quien fue el que menos retrocedió, se abatió contra él nuevamente, sin embargo, el Toa habiendo soltado una de sus armas, detuvo el Espadón de Protoacero con una de sus manos.
“¿¡Pero qué...!?” Exclamó Cehk.
“Con que Protoacero, aprendiste bastante rápido a crearlo para ser un novato, Toa de Hierro.” Dijo Hakjo.
“Al parecer tengo talento.”
“El talento no es suficiente para sobrevivir en este mundo.” Terminó de decir, y golpeó fuertemente en el estómago a Cehk con su arma, lanzándolo lejos a la vez.
“¡Cehk!” Exclamó Ahnia.
“Descuida hermana.” Dijo Cehk levantándose. “Estoy bien.”
“Ya veo.” Dijo Hakjo observando el abdomen de Cehk, que tenía una placa de Protoacero algo doblado por el golpe. “Justo cuando te golpeé creaste esa placa en tu abdomen, creo que te subestimé un poco.”
“De todas formas tu golpe sí que dolió, fue como una enorme roca cayéndome encima.” Dijo Cehk adolorido. “Si no fuera por esto, probablemente habrías aplastado mi abdomen del golpe, y no estaría de pie en este momento.”
“¿Aún así piensas luchar, Toa?”
“Esto no me hará rendirme, te venceremos y continuaremos nuestra misión.”
“Pequeño necio.” Dijo el Toa traidor, y colocando sus dos armas en la arena, se concentró y rápidamente creó unas enormes púas de piedra que salían del suelo, y se dirigían a los Toa, quienes saltaron de su posición para esquivarlas, y Ahnia en una maniobra rápida, empujó a Tihur unos pocos metros de su lugar usando su telequinesis mientras aún estaba en el aire por el salto.
Al llegar al suelo, Netel dirigió su lanza hacia Hakjo, y concentrando una gran cantidad de su poder, disparó una poderosa onda sónica dirigida al Toa traidor, la cual dispersaba una gran cantidad de arena y piedras a su alrededor. Al estar a punto de llegar a su objetivo, una enorme cantidad de arena se levantó, no dejando ver bien lo que ocurría.
“Usé una enorme cantidad de mi poder en ese ataque.” Dijo Netel cansado. “Eso debió incapacitarlo, esa onda podría destrozar a la más dura roca... ¿¡Pero qué...!?”
Sin embargo, al disiparse la arena, se vio una masa de energía sombría en frente de Hakjo, y al Toa traidor de pié intacto. Luego esa masa se dispersó, y Hakjo dijo: “Ustedes no conocen mi poder.” Luego, usando esa misma energía sombría, levanto una gran cantidad de rocas de tamaño mediano que habían bajo la arena. “Yo tengo la capacidad de controlar el elemento más poderoso del universo. ¡Las sombras!”
“¿¡Sombras!?” Exclamó Cehk estupefacto.
“¿No eres un Toa de Piedra?” Preguntó Ahnia confundida.
“Como pueden ver, puedo controlar ambos, es gracias al entrenamiento al que fui sometido.” Aclaró Hakjo. “Ahora que lo saben, ¡espero que puedan morir en paz!” Después de eso, comenzó a arrojar las piedras con mucha fuerza hacia los Toa. Netel, quien estaba bastante cansado por su ataque, dijo arrodillándose en la arena: “Creo que hasta aquí llegué...”
“¡No mientras esté yo!” Dijo Cehk corriendo hacia delante de todos, y con una gran cantidad de poder creó una enorme y gruesa barrera de Protodermis metálico, la cual sostenía con sus manos mientras le seguía canalizando su poder para mantenerla en pié. Las rocas golpeaban fuertemente la barrera, aboyándola en muchas partes mientras Cehk intentaba no retroceder.
“Es inútil.” Dijo Hakjo mientras sacaba y arrojaba más piedras de alrededor de él con sus poderes de Sombras y Piedra combinados. Cehk empezaba a retroceder más y más. “¡Yo te ayudo hermano!” Dijo Ahnia, y luego usando su habilidad de telequinesis, ayudó a Cehk a mantener la barrera en pie.
“Gracias hermana, pero, tarde o temprano nuestro poder se agotara, y ahí nos hará pedazos.” Dijo Cehk empezando a cansarse.
“No te rindas Cehk.” Dijo Ahnia concentrándose lo más que podía.
“Les demostraré que enfrentarse a mí fue un gravísimo error de su parte, novatos.” Dijo Hakjo, y esta vez sacó cinco piedras tres veces más grandes que las que sacaba hace un momento. “¡Debo reconocer que tienen bastante potencial, Toa, sin embargo hasta aquí llegó su viaje, es una lástima!”
Cehk y Ahnia cerraron sus ojos como resignándose, pero justo antes de que Hakjo lanzara las enormes piedras, una piedra de gran tamaño golpeó desde el suelo al Toa traidor, haciendo que brincara y soltara las piedras que había levantado con sus sombras. “¿¡Quién fue!?” Exclamó. Luego, rápidamente detrás de él apareció la figura de otro Toa, quien lo golpeó con su arma, lanzándolo hacia la arena. Hakjo detuvo su caída con su máscara de la levitación, y observó al Toa que lo golpeó, quien cayó de pie en la arena luego de eso. Se trataba de un Toa también corpulento, de armadura marrón claro con plateado, y de estatura un poco más baja que Hakjo. Tenía en su mano una doble maza, y en su cintura llevaba guardada una especia de arma de fuego. De máscara poseía una Kanohi Kakama.
“Así que de esto se trataban los ruidos que no dejaban dormir a nuestros trabajadores Matoran.” Dijo el Toa. “Deben dormir bien para mañana poder trabajar duro nuevamente. Yo, Fajit, Toa de Piedra, no permitiré que perturbes sus horas de sueño.” Luego observó a los otros Toa. “¡Ni tampoco que sigas hiriendo a mis hermanos Toa!”
“Ya veo, otro novato, solo tengo que...” Dijo Hakjo, pero de pronto, Fajit ya se encontraba en frente de él a punto de atacarlo con su maza, por lo que se cubrió rápidamente con sus armas. “¡Ugh! Veo que ya dominas tu máscara, se dice que es una de las máscaras más útiles que hay para nosotros los Toa de Piedra.”
“Qué bueno que lo reconozcas.” Dijo Fajit, y desapareció de enfrente de él para aparecer por detrás, e intentar golpearlo, sin embargo, Hakjo se cubrió haciendo su arma para atrás de él. “No te será suficiente para derrotarme, después de todo sigues siendo un novato.” Dijo el traidor, seguidamente desapareció en el suelo entre las sombras, apareciendo a un lado de Fajit, y golpeándolo con una patada, la cual lo lanzó un poco lejos. “Pudiste golpearme antes porque estaba desprevenido solamente, pero lo único que lograste fue retrasar un poco la muerte de esos Toa.”
“Yo sé quién eres, el jefe Nidrek habla todo el tiempo de ti.” Dijo Fajit.
“Precisamente a él venía a ver.”
“Dudo que sea solo a ver. ¿No que era tu mejor amigo?”
“Eso quedó en el pasado, y ese pasado es lo que venía a destruir de una vez por todas.”
“Entonces destrúyeme ahora.” Dijo una voz que venía desde la fortaleza. “Y deja a esos Toa en paz.” Hakjo al reconocer la voz se volteó, y miro a un Po-Matoran que se acercaba a ellos.
“Viejo amigo, así que viniste tú mismo.” Dijo Hakjo prestándole atención al Matoran.
“¡Jefe Nidrek! ¡¿Por qué vino?!” Exclamó Fajit.
“Antes de destruirme, te suplico que me digas la razón exacta de por qué te uniste a Kudarax.” Dijo el Matoran.
“¿La razón de por qué me uní a Kudarax?” Dijo Hakjo algo dudoso. “¿La razón...?”
“Así es Hakjo, tú que siempre fuiste uno de los más nobles y fuertes Toa que el universo haya visto, ¿por qué decidiste prestarle tus fuerzas al mal?”
“¿Que por qué...? Yo.....” Dijo el Toa traidor cada vez más confundido, y puso sus manos en su cabeza. “Yo... ¡Yo...!” Hakjo se comenzó a desesperar tratando de recordar.
“¿Qué le sucede? Se ve atormentado.” Se preguntó Cehk mientras observaba de lejos la situación.
“¿Tendrá que ver con ese Matoran?” Dijo Netel aun cansado. “Mi cansancio no me permite escucharlos bien...”
“Acabo de leer la mente del Matoran y del Toa.” Dijo Ahnia. “Aquel Matoran llamado Nidrek es quien solía ser el mejor amigo de Hakjo, y le preguntó por qué fue que los traicionó para unirse a Kudarax, pregunta que puedo suponer que puso así a Hakjo, pero no comprendo por qué.”
“¡Hakjo! ¡Dinos qué fue lo que te incitó a traicionarnos!” Exclamó Nidrek.
“¡Yo....! ¡Tú....! ¡¡TÚ.......!!” Luego de gritar eso, Hakjo quitó sus manos de su cabeza, y gritó nuevamente: “¡¡Debes morir...!!” Rápidamente, y fuera de control, se transportó por sombras hasta la muralla de la fortaleza, en donde usando toda su fuerza y poder, desprendió un gran trozo de ésta, dejando un agujero en la fortificación de la aldea. “¡¡Muere Nidrek...!!” Volvió a gritar, levantando el gran trozo de muralla, y lanzándolo en contra del Matoran, quien permaneció de pie con la cabeza en alto en todo momento. Entonces Fajit corrió usando el poder de su máscara, y con su maza golpeó el pedazo de muralla con toda su fuerza, partiéndolo por la mitad. Luego de que ambos pedazos cayeran en los lados de ellos, sacó su arma de fuego y apuntó a Hakjo, quien seguía atormentándose, sin embargo justo cuando hizo dos disparos, una gran cantidad de sombra apareció por debajo de Hakjo, tragándoselo en el suelo, y desapareciendo del lugar. Los proyectiles no alcanzaron a darle.
“Se fue.” Dijo el Toa de Piedra.
“Hakjo, ¿de verdad esto es lo que deseas?” Dijo Nidrek.
Los demás Toa llegaron al lugar. Cehk llevaba a Tihur en su espalda.
“Sentí una presencia con una enorme presión cuando Hakjo se fue.” Dijo Ahnia.
“Quizás fue Kudarax quien se lo llevó.” Dijo Cehk.
“Gracias por salvarnos, hermano.” Dijo Netel.
“Fue un placer serles de ayuda, compañeros, mi nombre es Fajit, Toa de Piedra.” Dijo el Toa de Piedra y los demás se presentaron:
“Yo soy Cehk, Toa de Hierro.”
“Yo Ahnia, Toa de Psiónica.”
“Mi nombre es Netel, Toa del Sonido, y nuestro amigo noqueado es Tihur, Toa de Aire.”
“Entren a nuestra aldea, los guiaré a mi hogar, para que descansen y hablemos.” Dijo Nidrek.
Los Toa entraron a la aldea de piedra Kaaciah Po-Koro. Mientras caminaban contemplaban las edificaciones de piedra hechas con una afinidad de detalles sorprendente, era una gloriosa ciudadela, fortificada en medio del desierto. Se podían también observar muchas estatuas de diferentes cosas, desde figuras de los antiguos Toa Kaaciah, hasta figuras de grandes Rahi. También se veían variadas máquinas de construcción, creadas por los más expertos ingenieros Matoran, para facilitar las labores de construcción que se llevaban a cabo a diario en la aldea. Sin embargo había silencio, después de que terminó la batalla, cada Matoran curioso que había sido despertado por los ruidos, al cesar éstos volvieron a sus aposentos para poder descansar, y estar listos para un arduo día de trabajo.
Minutos después los Toa llegaron a donde vivía Nidrek, se trataba de un gran edificio, parecido a donde viven los Turaga de las demás aldeas. Recostaron al aún inconsciente Tihur, y se sentaron junto a Fajit y Nidrek. Ahnia les traspasó sus recuerdos de todo lo que habían pasado antes de aquel encuentro.
“Debió ser un buen golpe el que recibió el hermano de aire.” Dijo Fajit.
“Sí, sigue inconsciente.” Dijo Cehk.
“Al menos lo puedo oír respirar.” Dijo Netel.
“Esperemos que despierte pronto.” Dijo Ahnia. “Y se volverá a desmayar la abolladura que quedo en su máscara por el golpe seguramente.”
“Bueno, como pueden ver, yo soy el jefe de esta aldea, mi nombre es Nidrek.” Dijo el Matoran.
“A falta de un Turaga tuvimos que elegir a alguien quien nos guiara y representara, así que por votación unánime elegimos a Nidrek.” Afirmó Fajit.
“Eso explica bastante.” Dijo Cehk.
“Cuando Fajit se convirtió en Toa durante un ataque Rahi en la aldea, supe que más Toa vendrían.” Dijo el Matoran. “Sin embargo también sentí que Hakjo volvería.”
“Leí su mente durante la batalla, Hakjo era su mejor amigo, ¿correcto?” Dijo Ahnia.
“Así es, él desde antes de ser un Toa, y mientras fue parte del antiguo grupo Toa Kaaciah, fue mi mejor amigo.” Dijo Nidrek algo nostálgico. “Él siempre fue tan noble, heroico, amigable, y siempre quería proteger a todos sin importar quien fuese. No logro entender qué fue lo que le sucedió durante el ataque de Kudarax. Lo único que sé es que antes de eso, cuando Kudarax investigaba los túneles de esta isla, él le pidió a Hakjo que lo asistiera en su tarea, y creemos que algo tuvo que ver con su transformación. Poco tiempo después de eso, sucedió el conflicto, y él ya estaba del lado de Kudarax. Cuando los Toa derrotaron al Makuta, él desapareció de la isla, y no volvió hasta ahora.”
“Él se veía atormentado cuando usted le preguntó por qué los traicionó.” Dijo Cehk.
“Algo muy extraño la verdad.” Afirmó Nidrek.
De pronto Tihur finalmente recobró el conocimiento, y se levanto de salto diciendo:
“¡¿Eh?! ¿Qué sucedió? Recuerdo que algo me golpeó y caí, y luego nada, todo negro.”
Ahnia se acercó a él y puso su mano en la cabeza del Toa de Aire.
“Un momento.” Dijo y se concentró unos segundos. “Listo.”
“Ah, ya veo. Con que eso sucedió.” Dijo Tihur, y de pronto se exaltó tocando en donde recibió el golpe. “¿¡Qué!? ¡No puede ser! ¡Mi perfecta máscara! ¡Voy a encontrar a ese maldito y le voy a...!”
“Tihur tranquilo, tú solo no podrías en contra de él.” Dijo Netel.
“Ese Toa era increíblemente fuerte.” Dijo Cehk.
“Mejor guarda tus energías para mañana hermano, apenas amanezca saldremos a Kaaciah Ta-Koro.” Dijo Ahnia.
“Bien bien, está bien, dormiré un rato entonces.” Dijo el Toa de Aire y cerró los ojos.
“Vayamos a dormir también.” Dijo Netel y se fue a recostar por ahí.
Minutos después, mientras el resto dormía, estaba Cehk mirando hacia afuera de la ventana, pensando en todo lo que había ocurrido esa noche.
“¿No puedes dormir hermano?” Dijo Ahnia llegando a su lado.
“Así es, ¿tú tampoco?” Preguntó.
“No, tus pensamientos no me dejaban.” Respondió la Toa.
“¿Me estabas leyendo?” Dijo Cehk mirándola.
“Lo siento, a veces no puedo evitar leer la mente de quienes me rodean, incluso a veces me llegan sus pensamientos sin querer leerlos, y pasa más seguido con quienes considero mis cercanos.”
“Ya veo. Entonces descuida.”
“Supongo que aún debo aprender a controlar más mi cabeza.” Luego se rió.
“Ahnia, después de lo que pasó hace un rato, ¿crees que de verdad podamos salvar esta isla?”
“¿Estás dudando Cehk?”
“No... No lo sé. Solo que aquel Toa, aunque sea un traidor, es un veterano que repetidamente nos llamó novatos, y la diferencia de fuerza era abrumadora. Solo llevamos un par de días siendo Toa, él probablemente lleva miles de años.”
“Pero ya hemos vencido a otros contrincantes durante todo este día.”
“Pudo ser porque se confiaron, o quizás sí éramos más fuertes, no lo sé, a veces pienso en cómo sería si no me hubiese convertido en Toa.”
“Quizás ya estaríamos todos muertos. Las cosas no ocurren por casualidad, Cehk.”
“Puede que tengas razón, y le estoy dando demasiadas vueltas. Sin embargo recuerda que al final nos enfrentaremos a un Makuta, un ser muy peligroso.”
“¿Le tienes miedo?”
“Un poco... Tampoco podría mentirte si digo que no, porque lo sentirías.”
“Yo también le tengo algo de miedo, y estoy segura que el resto también, después de todo, Hakjo tiene razón, somos unos novatos. Pero, eso no hará que desistamos en nuestro deber, si permanecemos siempre unidos como hasta ahora, estoy segura que triunfaremos, y seremos reconocidos como auténticos Toa, tanto por los Matoran, como por nuestro adversarios.”
“Tienes razón, no nos rendiremos, debemos superar nuestro temor. Ve a descansar hermana, yo iré en un momento, cuando aclare bien mis ideas.”
“Está bien, buenas noches Cehk.” Le sonrió.
“Ah, e intentaré pensar más bajo para no despertarte. Buenas noches Ahnia.” También le sonrió.
Al día siguiente, Cehk despertó y vio que sus hermanos ya estaban de pié.
“Eres el último en despertar Cehk.” Dijo Netel.
“Sí que duermes hermano.” Dijo Tihur.
“Lo siento, me desvelé.” Se disculpó Cehk y se puso de pié.
“Yo iré con ustedes hermanos.” Dijo Fajit.
“¿Qué hay de la brecha en la muralla?” Preguntó Ahnia.
“No se preocupen.” Dijo Nidrek. “Nuestros obreros despertaron a primera hora de la mañana y comenzaron en seguida las reparaciones, y además se reforzaron los puestos de defensa en las murallas, nada podrá acercarse.”
“¿Qué tal si Hakjo vuelve?” Preguntó Cehk.
“Dudo mucho que lo haga en ese estado.” Respondió el Matoran confiado. “Así que le sugerí a Fajit que fuera con ustedes.”
“Insistí en quedarme, pero al final me convenció.” Dijo el Toa de Piedra.
Los cinco Toa salieron de la magnífica aldea de Kaaciah Po-Koro, rumbo a la aldea del volcán, Kaaciah Ta-Koro, a encontrarse con el Toa faltante.

Capítulo 10 - Secuestros

En la guarida de Kudarax, en lo profundo de las Ruinas Malditas, una sombra se encontraba ante el malvado Makuta, quien le dijo:
“Cambié de parecer. Tráemelos vivos, ¡ellos deben sufrir! De ser posible, no pierdas tiempo con los Toa. ¡No me falles!”
“Sí, mi creador. Esta vez no le fallaré.” Respondió aquella figura entre las sombras con una voz siniestra.

Toa Delme, Toa de Tierra despertó luego de una noche de sueño reparador, ya que el día anterior, inmediatamente después de que Cehk partió de viaje, él siguió entrenando, y no solo su poder de la máscara, también aprovecho de entrenar arduamente sus habilidades y su cuerpo. También pequeñas oleadas de Rahi siguieron llegando a la aldea durante el día anterior, y él junto con algunos Matoran voluntarios, los repelieron.
“Hora de seguir entrenando y estar alerta.” Dijo mientras salía de su casa, la cual le tuvo que agrandar la entrada para que su nueva estatura cupiera en ella. Los Matoran que pasaban cerca de su casa y lo veían, lo saludaban en seguida, incluso muchos que antes de esos sucesos nunca le hablaban, o se llevaban mal con él. Él los saludaba sin importarles eso, simplemente por cortesía. Llegó caminado al patio de Turaga Makki, en donde se encontraba el esqueleto de Rahi que debía observar e imaginar que se movía, aún sin saber que ese era su entrenamiento de su máscara.
“Es rarísimo que un Toa lleve aquella máscara Kanohi inmoral.” Pensó Turaga Makki mientras lo observaba. “No me imagino cómo se pondrá el noble Delme al darse cuenta de ello. El gran espíritu sabrá por qué le concedió tal horrible máscara.
“¿Sucede algo Turaga Makki?” Preguntó Delme. “Veo que me observa con una expresión de preocupación.”
“No es nada Delme, prosigue con tu entrenamiento.” Respondió el Turaga.
Pasó alrededor de una hora, y Turaga Makki llegó por un lado del Toa de Tierra, y usó su bastón para golpear su cabeza.
“¡Auch!” Exclamó Delme y sobó el lugar del golpe. “¿Por qué hizo eso?”
“Debes aprender a estar siempre alerta, el enemigo puede atacarte desprevenido, y eso puede ser fatal.” Respondió Makki.
“Entiendo, entiendo.”
“Por fallar, correrás cien vueltas alrededor del centro de la aldea.”
“¿¡Cien vueltas!?”
“Cuando era un Toa eso no era nada para mi, así que andando, debes completar tus entrenamiento e ir al centro de la isla cuanto antes.”
“¡Ya voy!” Luego Delme salió corriendo de ahí y empezó a dar vueltas alrededor del centro de la aldea.
“Esto me recuerda cuando en nuestro tiempo libre jugaba con Cehk a atraparnos, pero eso era cuando hacía poco tiempo de que llegamos a la isla, cuando empezaron a hostigarlo perdió las ganas de divertirse. A veces incluso solía quedarse en su casa todo el día sin ir a trabajar. Ahora que lo pienso, su transformación en Toa de algún modo lo revitalizó. Realmente me alegró volver a verlo con tanta energía nuevamente.” Pensó Delme mientras corría. “Quizás pueda aprender un poco de él.” Luego de ese último pensamiento, aceleró un poco.
Luego de un rato, Delme terminó la vuelta número cien, y se sentó un momento a descansar.
“¿Qué clase de bestia era Turaga Makki para decir que esto no era nada?” Se preguntó en voz alta.
“Te escuché.” Dijo el Turaga detrás de él.
“¡Ah! Turaga Makki.” Dijo el Toa de Tierra volteándose nervioso. “No fue mi intensión decirle bestia ni nada parecido. Solo que yo...”
“Entiendo que este es apenas tu tercer día siendo un Toa, y que aún no controlas bien ese cuerpo ni su potencial. Descansa unos minutos, luego pasaremos al siguiente entrenamiento.” Afirmó Makki y caminó hacia un lado.
“Entendido.” Dijo Delme calmándose. Luego pensó mirando hacia arriba: “Me pregunto las proezas que podré hacer cuando esté mejor entrenado y preparado, me empieza a emocionar la idea.” Y sus ojos empezaron a brillar más.
Luego de eso, repentinamente se oyeron unos gritos hacia donde había caminado Turaga Makki.
“¿Qué estará pasando? ¿Nueva oleada?” Se preguntó Delme, y corrió hacia esa dirección. Lo que vio fue algo mucho peor que una simple oleada de Rahi. Se trataba de un ser de aspecto maligno, de la estatura de un Toa, y de armadura negra con partes de color rojo fuerte. Traía consigo una enorme lanza que emanaba un aura muy perversa.
“No puede ser... ¡Tú eres...!” Dijo Makki muy nervioso.
Cuando llegó Delme un Matoran llego hacia él diciendo: “¡Aquel ser apareció de la nada frente a Turaga Makki!”
“¡¿Quién Karzahni eres tú?!” Exclamó Delme preguntándole al ser mientras sacaba sus armas.
“¡No Delme! ¡Mantente alejado de él!” Exclamó Makki. “¡Es demasiado peligroso!”
“No te preocupes Turaga.” Dijo el ser, con una voz igualmente sombría, que encajaba bien con su aspecto. “No voy a perder el tiempo con ese insignificante Toa, ni voy a matarte, solo me ordenaron llevarte conmigo.” Luego el ser colocó su mano sobre Makki, y ambos desaparecieron del lugar.
“¡No! ¡¡Turaga Makki!!” Exclamó fuertemente Delme después de que se fueron, y se puso de rodillas en el suelo. “No pude hacer nada...”
De pronto, una nueva oleada de Rahi ya estaba en la aldea, espantando a los Matoran menos aptos, mientras que los con mas iniciativa cogían sus equipamientos de combate. Delme entonces reaccionó, y corrió ferozmente hacia los atacantes, viéndolo como una oportunidad de descargar su ira hacia sus enemigos y hacia él mismo.

Alrededor de aquella misma hora, Toa Jekal, Toa de Hielo de Kaaciah Ko-Koro, practicaba su poder de levitación de su máscara Kanohi Miru, el cual había conseguido aprender hace poco. El Toa levitaba a la vez que meditaba, en lo alto del centro de la aldea. Meditaba acerca de los sucesos recientes, de cómo sería su nueva vida de Toa, y se preguntaba cómo estará su hermano Netel, lo cual hacía que perdiera algo de concentración, por estar evidentemente preocupado por él, a pesar de que no lo admitiera ni a sí mismo. Luego de un rato bajó al suelo, y pensó: “Creo que es hora de que me ponga en marcha, según mis cálculos, Netel, Cehk y los demás deberán llegar al centro de la isla hoy, dentro de poco.” Entonces caminó por la aldea, para verificar que las defensas Matoran estuviesen bien preparadas e instaladas. Jekal llegó ante el capitán de la guardia Matoran de la aldea para darle su evaluación de todo, se quedó mirándolo unos segundos, e hizo un gesto con su cabeza asintiendo, por lo cual el Matoran hizo el mismo gesto, y Jekal se fue caminando. Después de eso el Toa de Hielo caminó y se presentó ante Turaga Giell, con quien también se quedó mirando unos segundos, y sin pronunciar ni una sola palabra, hicieron el mismo gesto que con el Matoran. Sin embargo, justo antes de que Jekal se voltease para irse, aquel mismo ser que minutos antes secuestró a Turaga Makki apareció detrás de Turaga Giell.
“¿¡Pero qué...!?” Rompió el silencio Jekal. Los demás Matoran que estaban alrededor ocupados en sus asuntos, giraron la cabeza hacia ellos ante repentina exclamación del Toa. Sin decir nada, aquel ser puso su mano sobre la cabeza de Turaga Giell, quien recién se estaba volteando para ver qué había detrás de él, y ambos desaparecieron del lugar.
“¡No!” Volvió a romper el silencio el Toa de Hielo, y lo sin pensarlo, lo primero que hizo fue salir corriendo rumbo al centro de la isla, decidido a encontrarse con los demás Toa y buscar a Turaga Giell.

En ese mismo instante, el mar que rodeaba el archipiélago de islotes que conformaba a Kaaciah Ga-Koro tenía una cantidad inusual de oleaje. Las Ga-Matoran de la aldea, audaces guerreras que unidas pueden desafiar hasta los más feroces Rahi marinos, preparaban sus herramientas y equipamientos para un eventual nuevo ataque de aquellas bestias. Turaga Nella junto a Toa Heji lo observaban preocupadas, como si se tratara de un mal augurio. Lo observaron hasta que Nella miró a la Toa de Agua diciéndole:
“No temas a tu destino Heji, y lleva a cabo tu deber con la cabeza en alto. Posees mucho potencial, en un día lograste superar bastante tu miedo a la oscuridad, y con ellos revelaste el poder de tu máscara. El mar y las aguas obedecen a tu voluntad. Ve, tus hermanos Toa te esperan. Tu querida hermana Ahnia te espera.”
“S-... ¡Sí, haré mi mejor esfuerzo!” Respondió la tímida pero decidida Toa del Agua. Después de unos segundos, ambas se voltearon hacia el otro lado, y se llevaron una desagradable sorpresa, aquel mismo ser que había ya secuestrado a dos Turaga estaba ahí, justo delante de ellas. Heji quedó paralizada unos segundos, pero luego se armó de valor para enfrentarlo.
“Q-... ¿Quién eres y de dónde saliste?” Preguntó la Toa de Agua algo asustada aún.
“Me ordenaron llevarme a Turaga Nella, y me dijeron que no perdiera el tiempo con los Toa.” Respondió aquel ser. “Pero si interfieres, será todo un placer matarte.”
Nella lo observaba estremecida, y al ver que Heji se empezaba a acercar a él de a poco, decide empujarla al mar. Luego la Turaga se asomó a ver a donde había caído Heji y le dijo con una sonrisa:
“Lo siento mi pequeña Heji, no puedo dejarte que enfrentes a este ser sola.”
Justo en ese instante el ser se acercó por detrás de Turaga Nella, poniendo su mano sobre ella, y desapareciendo.
“Turaga Nella... ¡¡Turaga Nella!!” Exclamó la Toa de Agua impotente.

Al mismo tiempo que eso ocurría, en Kaaciah Le-Koro, los ágiles guerreros Le-Matoran de la aldea se enfrentaban constantemente a oleadas de insectos y bestias Rahi de la gran jungla, con el apoyo de Muzek, Toa de la Flora. El Toa creaba barreras de troncos y enredaderas para mantener a raya a los Rahi tipo terrestres, mientras que los Matoran se encargaban de repeler a los Rahi tipo insectos voladores y aves.
“Veo que la diversión no termina.” Dijo Turaga Divuor llegando a donde estaba Muzek, y se rió.
“No le veo la diversión a esto.” Respondió el Toa. “Mejor vaya a un lugar seguro a seguir durmiendo como siempre, puede salir lastimado.”
“Siempre tan aguafiestas, por eso no le agradas mucho al resto, solo a tu hermano Tihur.” Respondió el indiscreto Turaga.
“Con todo el respeto que se merece como Turaga, por favor cierre la boca.” Dijo Muzek mirándolo y luego volteó su cabeza para seguir concentrándose en mantener la barrera. El Turaga se rió unos segundos, y luego dijo:
“Matoran irrespetuoso, largo de mi aldea.”
“¿Eh?” Respondió Muzek sorprendido.
“Nada de ¿eh?, dije que te largaras.” Respondió el Turaga. “Anoche descubriste el poder de tu máscara, ¡Mata Nui! ¡Aquel bicho que hiciste aparecer hizo un alboroto de proporciones! Fue la noche más divertida que ha tenido esta aldea. Ya manejas bien tus poderes, y mira, los Matoran se la apañan bien. No sé qué estás esperando para ir con tus hermanos, por eso busqué una excusa para echarte, y la encontré.”
“Pero...” Dijo el Toa inseguro.
“¿Qué otra razón necesitas? ¡Solo vete ya!” Insistió Divuor, y justo en ese momento apareció aquel ser oscuro al lado de ellos. Ambos lo miraron unos pocos segundos, y el Turaga dijo:
“¡Oh, eres tú! ¿Te unes a la fiesta?”
“No. Tú vendrás a nuestra fiesta de dolor y desesperación.” Dijo el ser. Muzek estaba a punto de reaccionar a la situación, cuando justo el ser puso su mano sobre Divuor, quien dijo:
“Aquí tienes una buena razón para irte de aquí.” Y ambos desaparecieron.
“¿Turaga Divuor...? ¡Oh no!” Dijo el Toa algo desesperado, luego terminó rápidamente de formar la barrera, y exclamó a los Matoran que presenciaron el hecho: “¡Encárguense de todo! ¡Volveré pronto!” Inmediatamente creó una liana con su mano, amarrándola a uno de los árboles de la salida de la aldea, para impulsarse rápidamente y salir.

Capítulo 11 - Pérdida

Los cinco Toa que iban de viaje, Cehk, Ahnia, Netel, Tihur y Fajit cruzaron el desierto hacia el norte durante toda la mañana, hasta que las dunas de arena se iban convirtiendo en terrenos de tierra y roca volcánica. Al fondo se podía ver el gran volcán de Kaaciah, siempre activo macizo, escupiendo lava y roca día y noche. Los Toa subieron por la falda del volcán sin descanso, Tihur prefería ir volando a ratos, Fajit se encargaba de mover rocas que pudieran impedir el paso, y Ahnia iba a la delantera, guiándolos por saberse de memoria el camino de ida. Mientras se iban acercando a la aldea, iban apareciendo ríos de lava incandescente en el camino, por lo que los Toa debía mirar bien donde pisaban, para no caer por accidente. Finalmente, los Toa pudieron llegar a la aldea de fuego, Kaaciah Ta-Koro, para encontrarse con el Toa faltante. La aldea, que estaba ya cerca del cráter del volcán, parecía una pequeña ciudad compuesta de varios edificios hechos de lava solidificada. Los Ta-Matoran ahí se dedicaban a varias cosas, algunos eran granjeros de lava y trabajaban en el río de lava más cercano que provenía del cráter, otros usaban esa misma lava ya solidificada para construir, otros para forjar herramientas y artesanías, los más temerarios se dedicaban al surfeo de lava, y algunos a otros trabajos menos comunes en Kaaciah Ta-Koro.
“Así que esto es Kaaciah Ta-Koro.” Dijo Cehk contemplando las edificaciones mientras entraban. “Nunca había estado aquí antes.”
“Es ciertamente la aldea más complicada a la que llegar.” Dijo Ahnia dando nuevamente a conocer lo experta que es recorriendo la isla. “Es por el volcán siempre activo que va modificando el terreno año tras año.”
“Oí que después del Gran Cataclismo tuvieron que reconstruir toda la aldea a causa de la erupción.” Dijo Netel, quien disfrutaba estudiar tanto historia como profecias futuras.
“Nosotros los Po-Matoran ayudamos encantados a reconstruirla.” Dijo el amable y cooperador Fajit. “Fue interesante aprender a trabajar arquitectura con roca volcánica.”
“Vaya lugar para elegir edificar una aldea.” Dijo Tihur de modo despectivo.
“Les propusimos a los Ta-Matoran reconstruirla en un sitio más seguro.” Respondió Fajit. “Pero ellos se negaron.”
“Es comprensible.” Dijo Ahnia. “Aquí es donde los Ta-Matoran se deben sentir más cómodos, y es acá donde tienen sus trabajos.”
Mientras los cinco Toa se adentraban en la aldea, los Ta-Matoran hacían una pausa en sus trabajos, y se acercaban a verlos.
“Ya llamamos la atención.” Dijo Netel.
“Pues claro, nos vemos grandiosos.” Dijo Tihur extendiendo su brazo para saludar a los Matoran.
“¿Alguien sabe dónde encontrar al Toa de esta aldea?” Pregunto Cehk alzando la voz. Un Matoran se acercó a ellos de entre la multitud y dijo:
“¡De verdad son Toa! Síganme, yo los llevaré con él.” En seguida el Matoran se volteó, y comenzó a caminar, inmediatamente los cinco Toa lo siguieron hacia donde se dirigía. A unos pocos pasos llegaron al centro de la aldea, en donde se ubicaba un alto edificio de piedra volcánica, el cual estaba conectado con la cámara del Suva. Justo afuera de él, se encontraban un Toa de fuego, de armadura roja con negro, con una Kanohi Huna, y don grandes cuchillas guardadas en su espalda; un Ta-Matoran de colores anaranjado y rojo, con una noble Kanohi Kakama; y un Turaga de colores también anaranjado con rojo, y con una noble Kanohi Mahiki, discutiendo:
“Vamos amigo, déjame ir contigo.” Insistía el Matoran.
“Ya te dije que es demasiado peligroso Daral.” Respondió el Toa. “¿Que no entiendes acaso?”
“Zokua tiene mucha razón.” Afirmó el Turaga. “Debes comprender que esto es algo que solo él y el resto de los Toa pueden llevar a cabo.”
“Pero Turaga Huobul...” Persistió el Matoran.
“Nada de peros, si no quieres estorbar a tu amigo, quédate en la aldea sin quejarte.” Dijo el estricto Turaga. Luego Zokua se puso de rodillas frente al Matoran, y puso su mano sobre su cabeza diciendo:
“Eres muy valiente amigo, sin embargo no sé si podré protegerte, quédate cuidando la aldea, y cuando regrese te contaré cómo triunfé ante ese malvado Makuta.”
Daral miró hacia el suelo unos segundos, y luego exclamó enojado:
“¡Yo debí ser quien se convirtió en Toa! ¡¡Yo debería protegerte a ti y a la aldea!!”
Inmediatamente el Matoran salió corriendo del lugar.
“¡Daral!” Dijo Zokua extendiendo su brazo hacia donde se fue el Matoran, quien se perdía entre los edificios.
“Déjalo Zokua, pronto entenderá.” Dijo Huobul poniendo su mano sobre el brazo de Zokua, y luego señaló a los recién llegados. “Mejor préstale atención a tus hermanos Toa que acaban de llegar.”
Zokua miró a los Toa recién llegados y dijo:
“Creí que no llegarían nunca, ya estaba listo para partir y reunirme con ustedes en las Ruinas Malditas.” Luego cada Toa se presentó:
“Yo soy Cehk, Toa de Hierro.”
“Yo soy Ahnia, Toa de Psiónica.”
“Mi nombre es Netel, Toa del Sonido.”
“Tihur, glorioso Toa del Aire.”
“Y yo soy Fajit, Toa de Piedra, un gusto hermano de fuego.”
Luego Cehk extendió su mano para saludar a Zokua, el Toa de fuego le dio la mano con algo de falta de ganas, y la soltó en seguida diciendo:
“Yo soy Zokua, el de fuego. Bien. Vámonos.”
Zokua se dio media vuelta, y Turaga Huobul lo golpeó en la cabeza con su bastón para luego decir:
“Disculpen a este descortés y antipático Matoran. Su transformación, los constantes ataques de Rahi a la aldea, y este tema con su amigo lo debe tener algo alterado.”
“No se preocupe Turaga.” Dijo Cehk. “Haremos lo posible por llevarnos bien con él. ¿No es así hermanos?”
Los demás asintieron, mientras que Zokua empezó a caminar murmurando algunas cosas.
“Los acompañaré a la salida jóvenes Toa.” Dijo Huobul, y todos partieron rumbo a la salida de la aldea.
El grupo dio unos pasos fuera de la aldea, Turaga Huobul estaba preparándose para decirles una última cosa antes de dejarlos, cuando repentinamente el ser oscuro que secuestró a los demás Turaga apareció en frente de ellos.
“Vaya sorpresa, no creí encontrar a tantos Toa en un mismo lugar.” Dijo el ser. Los Toa reaccionaron desenfundando sus armas al detectar el peligro en el ser que se había presentado ante ellos.
“¡¿Quién eres tú?!” Preguntó Cehk blandiendo su espadón.
“¡No puede ser! ¡Es Dhotter!” Exclamó Huobul muy tenso.
“¿Dhotter? ¿Es un sirviente de Kudarax?” Preguntó Zokua.
“Exacto, y es el más peligroso de ellos.” Afirmó el Turaga.
“Así que me recuerdas.” Dijo Dhotter con una sonrisa maliciosa. “Tus hermanos tuvieron la misma expresión cuando aparecí ante ellos minutos atrás.”
“¿¡Qué dices!? ¿¡Qué les has hecho!?” Preguntó Huobul preocupado.
“¡Los demás Turaga!” Exclamó Netel.
“¡Oh no! ¡Turaga Makki! ¡Delme! Espero que esten bien...” Dijo Cehk igualmente preocupado. Ahnia y Tihur también demostraban preocupación por sus mentores Turaga y sus hermanos Toa.
“Pues verán, hubo un cambio de planes de parte de nuestro creador Kudarax.” Dijo Dhotter con un tono siniestro. “Me ordenó que llevara a los cinco Turaga de esta isla ante él sin matarlos. Él desea que pasen por una cantidad equivalente al dolor y sufrimiento por el que pasó durante más de dos mil años capturado.”
“¿Dolor y sufrimiento?” Preguntó Huobul sorprendido. “¿Qué barbaridades habrán hecho con Kudarax los seres que se lo llevaron?”
“Cuando te lleve con él puede que lo averigües. Ahora ven, y estos Toa no tendrán que salir lastimados.”
“¿Crees que te dejaré llevarte a Turaga Huobul así?” Dijo Zokua y empezó a acercarse con sus cuchillas en cada mano hacia Dhotter ferozmente.
“¡No seas imprudente, Zokua!” Exclamó Huobul.
“¡Ayudémoslo, ahora!” Dijo Cehk, y los cinco demás Toa se acercaron a Dhotter rápidamente. Zokua estuvo a punto de llegar a él y conectar un golpe con su cuchilla, sin embargo Dhotter dio un golpe con su enorme lanza en el suelo, generando que rayos sombríos salieran de él, golpeando al Toa de Fuego y a los demás, alejándolos.
“¡Tengan mucho cuidado con su lanza!” Les advirtió Huobul. “¡Si llega a golpearlos directamente con ella, morirán!” “¿Qué dijo? ¿Tan peligrosa es?” Preguntó Ahnia mientras se recuperaba de aquel ataque.
“Háganle caso a ese Turaga.” Dijo Dhotter. “Esta lanza creada por la brillante mente de Kuradax, está diseñada para absorber la energía vital de quién toca con su filo hasta vaciarla. Mientras más seres mato con esta lanza, más poderosa se vuelve.”
“Hermanos, ¿no creen que este tipo es excesivamente poderoso?” Dijo Tihur.
“No importa, debemos vencerlo para ir a rescatar a los demás Turaga.” Dijo Cehk.
“¡Toda la razón hermano de hierro!” Exclamó Fajit y disparó unas tres veces a Dhotter con su pistola, sin embargo, él bloqueó los tres disparos moviendo su lanza. Netel entonces disparó una potente onda sonora hacia Dhotter, sin embargo él rápidamente se teletransportó detrás de él, y preparó su lanza para golpearlo diciendo: “Tú serás el primero.” Pero justo antes de golpearlo, Tihur se teletransportó también entre ellos, y bloqueó la lanza usando sus pistolas cruzadas.
“No eres el único que se puede mover así, tipo espeluznante.” Dijo el Toa de Aire, luego movió sus pistolas un poco para apuntar a la cara de Dhotter, y disparó. Para desgracia de él, Dhotter lo esquivó hacia atrás doblando su espalda, y empujó al Toa al volver hacia delante sin tener que usar mucha fuerza. De inmediato Cehk llegó por detrás de Dhotter para darle un golpe con su espadón, pero falló ya que su objetivo volvió a teletransportarse, esta vez detrás del Toa de Hierro quien exclamó: “¡Karzanhi!”, y a quien iba a golpear con su lanza, cuando Ahnia usando su poder de telequinesis sobre esa arma, la detuvo, para que Dhotter no pudiera asestar su golpe fatal.
“¡Debemos quitarle la lanza!” Exclamó la Toa de Psiónica mientras se concentraba en detenerlo. Cehk entonces enterró su espadón en el suelo, y rápidamente aprovechó de agarrar el brazo de Dhotter con una mano, y el mango de la lanza con la otra para intentar quitársela mientras Ahnia lo detenía.
“Es inútil.” Dijo Dhotter, y de la lanza salió expulsado algo de energía, lo cual provocó que Cehk la soltara y retrocediera. Luego Dhotter con su otra mano disparó una bola de sombras hacia Ahnia, la cual la derribó haciendo que perdiera concentración. Una gran llamarada entonces salió de la nada, haciendo que Dhotter volviera a teletransportarse unos metros hacia el lado. De donde salía la llamarada apareció Zokua, quien usaba el poder de su máscara para hacerse invisible y atacarlo por sorpresa.
“Maldición, este tipo tiene muy buenos reflejos.” Dijo el Toa de Fuego. “De todas formas somos seis contra uno, deberíamos tener la victoria asegurada.”
“No te confíes Zokua.” Dijo Huobul.
“¡Como sea!” Exclamó Zokua y comenzó a disparar múltiples bolas de fuego hacia Dhotter, las cuales ninguna asestaban, ya que él o las esquivaba, o las bloqueaba con la lanza. Algunas bolas de fuego llegaban accidentalmente a donde estaban los demás Toa, quienes debían esquivarlas también.
“¡Oye ten más cuidado, ‘volcán andante’!” Exclamó Tihur mientras evadía una de ellas.
“El hermano de fuego no conoce el trabajo en equipo.” Dijo Fajit después de evadir una también.
“¡Ataquemos con todo!” Exclamó Cehk, luego saltó hacia Dhotter y creó un gran puño de hierro que cubría su brazo izquierdo, con el que intentó atacarlo, sin embargo Dhotter volvió a teletransportarse detrás de él, disparándole una ráfaga de sombras la cual lo mandó a volar unos metros, derribándolo. Inmediatamente después llegó Fajit a toda velocidad usando el poder de su máscara, luego extendió sus brazos hacia arriba, creando una roca de gran tamaño, con la cual intento arrojar encima de Dhotter, pero el oscuro ser uso su lanza para partir la roca por la mitad mientras caía encima de él, haciendo que ambos pedazos cayeran a sus lados. Ahnia en seguida tuvo una idea, la cual le transmitió a Netel y Tihur mentalmente, quienes en seguida se colocaron en frente de cada pedazo de roca (Netel estaba cerca, y Tihur usó su teletransportación), Ahnia las logró levantar con telequinesis usando toda la concentración que podía pero sin poder hacer más por lo limitado que eran sus poderes aún, y los dos las empujaron hacia Dhotter con sus respectivos poderes, Tihur disparando una ráfaga de aire y Netel con ondas sonoras capaces de empujar la roca, haciendo que se juntaran con fuerza. No pasaron ni cinco segundos, y la roca explotó en varios trozos que salieron volando, las cuales golpearon y derribaron a Ahnia, Netel y Tihur, y Dhotter estaba ahí rodeado por un campo de fuerza de sombras, el cual se disipó rápidamente. Zokua nuevamente arremetió saltando hacia cerca de Dhotter, y clavó sus cuchillas en el suelo, para convertirlo en lava, y luego hacerla explotar en él.
“Se les olvida que puedo teletransportarme, Toa.” Dijo Dhotter apareciendo unos metros atrás de Zokua.
“¡Maldito seas!” Exclamó Zokua dándose vuelta y volviendo a dispararle llamaradas a Dhotter, quien se teletransportó justo delante de él, y usando la palma de su mano desocupada golpeó la cabeza de Zokua hacia el suelo.
“¡Zokua!” Exclamó Cehk aún de rodillas en el suelo.
“Ya me harté de contenerme, ahora morirán basuras.” Dijo Dhotter preparando su lanza. “Por tu actitud aparentas estar ansioso de ser el primero, Toa de Fuego.”
Repentinamente apareció Daral, quien había seguido a escondidas a los Toa, frente a Zokua diciendo:
“¡No permitiré que lo hagas!”
“¡Daral! ¡¡Te dije que te quedaras en la aldea!!” Exclamó Zokua.
“Quítate, estorbo.” Dijo Dhotter, y golpeó al Matoran con su lanza, absorbiendo rápidamente su energía vital.
“Daral...” Dijo Zokua viendo lo que sucedía intentando ponerse de pie lo más rápidamente posible y a punto de caer en desesperación.
“Al final... Pude serte... Útil... Amigo...” Dijo el Matoran en sus últimos momentos de vida, y su cuerpo cayó el suelo al agotarse su energía vital.
“¡¡No!! ¡¡Daral!!” Gritó Zokua desesperadamente, luego soltó un alarido de furia y dolor combinados, mientras su cuerpo se cubría de intensas llamaradas que salían hacia arriba. Las llamaradas se extendieron rápidamente, lo que produjo que Dhotter se teletransportara unos metros hacia atrás, cubriendo un poco su rostro por la intensa luz que provocaban las llamaradas. Un segundo después, Zokua, quien instantáneamente se impulsó hacia él usando llamaradas como propulsión, golpeó con todas sus fuerzas la cara de Dhotter antes de que pudiera percatarse, con su puño encendido en fuego, aturdiéndolo y haciéndolo caer al suelo, luego, lleno de ira y con ambas cuchillas unidas en una sola mano, golpeó la lanza de Dhotter, haciendo que la soltara. Zokua rápidamente la recogió y la apuntó hacia Dhotter exclamando:
“¡Morirás miserable!”
“¡Zokua no lo hagas!” Exclamó Huobul acercándose. “¡No te rebajes a su nivel!”
“Vamos Toa, mátame, y conviértete en un despiadado asesino como yo.” Dijo Dhotter.
“¡No lo hagas!” Exclamó Cehk.
“¡Ustedes no me dan órdenes! ¡Él debe pagar!” Respondió Zokua lleno de ira. Sin embargo, Dhotter aprovechó el momento para teletransportarse, quitarle su lanza, y corrió hacia donde estaba Huobul, poniendo su mano encima de él, diciendo:
“Creo que te subestimé Toa, es momento de irme de aquí con el Turaga.” Y ambos desaparecieron del lugar.
“¡Cobarde! ¡¡Regresa aquí!!” Gritó Zokua lleno de impotencia.
Los demás Toa estaban estupefactos al presenciar el gran poder de Zokua, preguntándose si ellos también podrían llegar a tal cantidad de fuerza, y también se preguntaban qué decirle a su hermano Toa, que acababa de perder a su mejor amigo.
Minutos más tarde, Zokua logró calmarse, mientras que un grupo de Matoran llegó para llevarse el cadáver de Daral.
“Lo siento mucho amigo... No pude protegerte...” Dijo Zokua dándole el último adiós a su amigo antes de partir definitivamente del lugar.
“Zokua...” Dijo Cehk, y antes de que él pudiese decir algo más, Zokua les dijo a todos:
“Ustedes tampoco hicieron nada en ese momento... ‘Hermanos’...”
El Toa de Fuego, comenzó a caminar para ir al centro de la aldea, antes que los demás.
“No se puede hacer nada por él de momento...” Dijo Ahnia. “Está muy confundido, lleno de ira, y siente más miedo que todos nosotros...”
“Pues entonces vamos detrás de él, dejémoslo solo por ahora.” Dijo Cehk.
“Pobre Zokua...” Dijo Tihur.
“De seguro nos esperan tragedias como estas por ser lo que somos.” Dijo Netel.
“Debemos volvernos más fuertes, para evitarlas lo más que podamos.” Dijo Fajit.
“No... No permitiré que se vuelvan a repetir tragedias así, ni una sola.” Dijo Cehk decidido. “Rescataremos a los Turaga, y expulsaremos a esos villanos de nuestra isla. Andando.” Luego de que Zokua se adelantara unos metros, los Toa emprendieron rumbo al centro de la isla donde debían reunirse con los demás.

Capítulo 12 - La Reunión de los Diez Toa

Los cinco Toa, bajaron por la falda del siempre activo volcán de Kaaciah por el lado norte, para poder llegar al centro de la isla. A lo lejos se podían observar las amplias planicies semiáridas, las cuales contenían algo de hierba en su superficie. Al centro de todo el lugar, se hallaba una construcción de piedra semi-destruida, la cual era una entrada hacia un subterráneo. A su alrededor habían varias columnas de piedra también en mal estado, se trataba de la entrada a las Ruinas Malditas, el escondite del enemigo, Makuta Kudarax. Al llegar, vieron que en el lugar ya se encontraban los demás Toa, sentados esperando, y también estaba el vehículo que Cehk usó para llegar a Kaaciah Ko-Koro. Al verlos llegar, Delme, Heji y Muzek se pusieron de pie y corrieron para recibir a sus respectivos amigos de toda la vida.
“¡Cehk! Qué bueno que llegaste.” Dijo Delme aliviado.
“¿Esperaste mucho rato amigo?” Respondió Cehk chocando su puño con el de Delme, mientras que Zokua los miraba con cierto recelo. Mientras tanto Ahnia y Heji se abrazaban, y Muzek saludaba a Taihur dándole una palmada en la nuca.
“Un poco más de una hora según mis cálculos.” Dijo Jekal poniéndose de pie también. “Yo fui el primero en llegar, ya que tomé prestado tu vehículo, Cehk.”
“Entiendo, realmente me has hecho un favor al traerlo.” Dijo el Toa de Hierro.
“Yo fui el segundo en llegar.” Dijo Delme. “Luego llegaron Muzek y Heji respectivamente.”
“¡Los Turaga! ¡Fueron secuestrados por un tipo espeluznante!” Dijo Muzek.
“Lo sabemos.” Aclaró Netel. “Su nombre es Dhotter, y lo enfrentamos.”
“Reúnanse, trasmitiré nuestros recuerdos y los suyos.” Sugirió Ahnia, y en seguida los Toa a excepción de Zokua se acercaron a la Toa de Psiónica. Luego de unos segundos, Ahnia terminó de transmitirles lo que había sucedido en el viaje, los recuerdos de los Toa que estaban en las aldeas en el momento que secuestraron a los Turaga, y aprovechó de transmitir los nombres de los Toa que no se conocían entre sí.
“Es terrible...” Dijo Heji y luego miró a Zokua con una mirada compasiva, quien hizo contacto visual un segundo, pero luego corrió la mirada sin pronunciar una sola palabra. Muzek y Delme también lo miraron, pero no supieron qué decirle.
“Entonces todos los Turaga fueron llevados con Kudarax.” Dijo Jekal.
“Y tenemos dos enemigos poderosos además del Makuta.” Dijo Delme preocupado.
“Aquel Toa traidor que vimos en los recuerdos, y el ser que secuestró a los Turaga.” Dijo Muzek.
“No importa, somos diez Toa, ¡Los derrotaremos!” Dijo Tihur confiado.
“Finalmente estamos el grupo completo.” Dijo Fajit. “¿No creen que debemos elegir a un líder y un nombre para el grupo?”
“Estoy de acuerdo.” Dijo Jekal.
“Propongo a Cehk como líder.” Propuso Ahnia.
“¿Qué? ¿Yo líder?” Dijo Cehk algo sorprendido.
“Cehk ha demostrado cierta capacidad de liderazgo mientras viajábamos.” Dijo Netel. “Aún no del todo desarrolladas, pero opino que tiene potencial.”
“Yo apoyo al hermano de hierro para líder.” Dijo Fajit.
“Oigan, esperen.” Dijo Cehk aún más sorprendido.
“He conocido desde siempre a Cehk, y sé que lo hará de maravilla.” Dijo Delme. Zokua mientras tanto volteó su cabeza hacia los demás Toa.
“¡Esperen!” Exclamó Cehk. “Yo propongo a Ahnia.”
“¿Yo? ¿Por qué?” Preguntó Ahnia.
“Pues tú te llevas muy bien con todos, prácticamente conoces toda la isla como la palma de tu mano, y además puedes guiarnos con tus habilidades mentales.” Respondió el Toa de Hierro.
“Ammm... Estoy de acuerdo.” Dijo Heji tímidamente. “Mi hermana tiene un gran corazón... ¡Estoy segura que ella nos guiaría siempre por el buen camino!” Luego de eso Ahnia abrazó a Heji diciendo:
“¡Gracias hermanita! Pero sigo creyendo que Cehk sería mejor líder... Yo no soy tan fuerte como él en las batallas.”
“Eso no te hace menos capaz de ser nuestra líder.” Dijo Jekal.
“¿Y qué tal Netel?” Dijo Cehk. “Él es más inteligente, sabio y calculador que yo.”
“Si es por eso, Jekal sería mejor líder que yo.” Dijo Netel.
“¿Yo líder? Ni hablar.” Respondió Jekal, pasaron un par de segundos y dijo corriendo la mirada: “Soy muy poco sociable...”
“Yo era el menos sociable en mi aldea...” Dijo Cehk.
“Eso fue cuando eras un Matoran.” Dijo Delme. “Desde que eres Toa, has cambiado amigo, y para mejor.”
“¿Tú crees?” Preguntó Cehk.
“Hermano de hierro, eres valiente, fuerte, y se ve que tienes una voluntad de hierro, haciendo honor a tu elemento.” Dijo Fajit.
“Lo vimos en los recuerdos que nos transmitió Ahnia.” Dijo Muzek. “Eres noble, y tienes el corazón de un verdadero héroe.”
“¡Ajá!” Expresó Tihur.
“Esto... Realmente me gustaría que me hermana fuese la líder.” Opinó Heji. “Sin embargo, también pienso que tú podrías ser un gran líder.”
“Hazle caso a mi hermanita.” Dijo Ahnia.
Los Toa estaban a punto de declarar como líder a Cehk, sin embargo Zokua se acerco a paso rápido y por fin dijo algo irritado:
“¡Un momento! Estoy en total desacuerdo con eso.”
“¿Disculpa?” Dijo Ahnia.
“Quien debería ser líder de este grupo soy yo.” Añadió el Toa de Fuego.
“¿Tú? ¿Por qué crees que debes serlo?” Dijo Netel.
“Ya lo vieron, soy el Toa con más poder de todos los que están aquí, y además, en todas las historias de grupos Toa que he leído o que me han contado, el de Fuego siempre es el líder. Además ese inútil ‘Toa de hojalata’ no pudo hacer mucho contra ese canalla de Dhotter.” Tihur no pudo evitar reírse un poco por el apodo, y Ahnia lo miró con algo de reproche.
“Quizás en lo de su poder tenga razón.” Dijo el Toa de Aire. “¡Fue brutal!”
“Perdóname Zokua, pero cuando nos enfrentamos a él, tu trabajo en equipo y apoyo fue un total desastre.” Se defendió Cehk. “Y no en todos los grupos Toa el de fuego ha sido el líder.”
“Estoy de acuerdo, prácticamente luchaste tú solo.” Dijo Netel. “Y en todo momento has sido totalmente apático con el resto del grupo.”
“¡Ni tú ni los demás pudieron seguirme el ritmo, eso es lo que sucedió!” Insistió Zokua alterándose y acercándose un poco a Cehk de manera desafiante. “Si hubiesen sido más competentes... ¡Quizás Daral estaría con vida!”
“¡Oye cálmate ‘volcán andante’!” Dijo Tihur.
“Z-Zokua...” Dijo Heji levantando un poco su mano hacia el Toa de Fuego pero sin saber qué más decir.
“Que hayas sacado tanto poder luego de que tu amigo muriera no significa que seas más poderoso que el resto.” Añadió Cehk también acercándose un poco. “Solo fue tu inmensa y descontrolada ira lo que provocó que despertaras tanto poder.”
“¡Cierra la boca!” Exclamó Zokua aún más alterado. Luego Fajit se puso entre Zokua y Cehk extendiendo sus brazos para separarlos diciendo:
“No tenemos tiempo para pelear entre nosotros, debemos elegir a un líder ahora mismo e ir a rescatar a los Turaga.”
“Hagamos una votación rápida.” Dijo Jekal. “Que levanten la mano quienes están de acuerdo con que Cehk sea el líder.”
Inmediatamente todos los Toa, a excepción de Zokua, levantaron su mano. Zokua solo soltó un gruñido y se alejó caminando enojado. Heji se quedó mirándolo algo preocupada.
“Estoy orgulloso de ti, amigo.” Dijo Delme.
“Felicidades Cehk, nuestro líder.” Dijo Ahnia.
“Esto... Gracias amigos.” Respondió Cehk. “Nombraré a este grupo, Toa Kaaciah, al igual que el antiguo grupo que protegió esta isla anteriormente.”
“Sí, me gusta.” Dijo Fajit.
“¡Somos los Toa Kaaciah!” Dijo Muzek.
“¿No creen que es poco original?” Preguntó Tihur, y Muzek le pegó un codazo. “¡Sí! ¡Toa Kaaciah!”
“Protegeremos nuestra amada isla.” Dijo Heji intentando no sonar muy tímida.
“Detendremos a Kudarax.” Añadió Jekal.
“¡Entonces qué esperamos, andando!” Comandó Cehk. “¡A las Ruinas Malditas!”
“Vamos detrás de ti amigo.” Dijo Delme, quien sonreía algo emocionado por su amigo Cehk, y pensando: “Mírate ahora Cehk, pasaste de ser un Matoran a quien discriminaban injustamente, a el líder de nuestro grupo de Toa, realmente estoy orgulloso de ser tu hermano.”
Heji se acercó a Zokua, quien miraba hacia el suelo, colocando su mano sobre el hombro de él, y dijo: “Zokua-...”
“No necesito tu compasión...” Interrumpió el Toa de Fuego, y Heji soltó su hombro y dio un paso hacia atrás con una expresión de tristeza. Los Toa en seguida entraron a las oscuras Ruinas Malditas, siendo Zokua el último en entrar, y de muy mala gana, no estaba para nada conforme.

Capítulo 13 - Las Ruinas Malditas

Las Ruinas Malditas era un lugar tétrico, los Toa caminaban por un túnel bastante amplio, en cuyas paredes se hallaban grabados y símbolos ilegibles. Mientras más profundo se iba en el subterráneo, más oscuro era, hasta el punto que no se podía ver nada.
“Ya no veo nada, perdonen si choco con alguien.” Dijo Fajit.
“Yo aún puedo ver perfectamente.” Dijo Delme.
“Es porque eres un Onu-Matoran.” Dijo Netel.
“Toa de Tierra.” Corrigió Delme levantando su dedo índice.
“Alguien me pisó el pié.” Dijo Jekal, sin alterarse en lo absoluto.
“Ups, disculpa, creo que fui yo.” Se disculpó Ahnia.
“Quién diría que la armadura de Muzek brillara en la oscuridad.” Comentó Cehk contemplando unos segundos al Toa de la Flora.
“Es parte de mis cualidades bioquímicas. Fascinante, ¿no?” Afirmó Muzek.
“¿Alguien tiene una luz más potente?” Preguntó Tihur.
“Zokua podría iluminarnos con su fuego.” Dijo Cehk, mas Zokua no respondió.
“No tiene caso hablarle al hermano de fuego.” Sugirió Fajit.
“Esto...” Dijo Heji.
“¿Qué sucede hermanita?” Preguntó Ahnia. “¿Estás bien? Siempre le has temido a la oscuridad...”
“Ya no te preocupes por eso hermana, superé mi temor, y ahora puedo hacer esto.” Respondió la tímida Toa de Agua, y en seguida activó su Kanohi Ruru, la cual desprendió una luz que iluminó todo el camino por delante.
“¡Woah! ¡Excelente!” Exclamó Cehk.
“Bien hecho hermana de agua.” Dijo Fajit mostrándole su pulgar hacia arriba.
“¡Bravo hermanita!” Exclamó Ahnia abrazando alegremente a Heji. Los Toa caminaron unos minutos con Heji por delante, hasta que Muzek miró dijo:
“Esperen, miren lo que hay adelante.” Los Toa observaron lo que había, se trataba de cadáveres y esqueletos de varios Rahi. “Es horrible...”
“Parece un cementerio de Rahi.” Afirmó Jekal acercándose a ellos junto a los demás Toa. “A juzgar las heridas de varios, algo los mató aquí.”
“Carecen de sus partes orgánicas.” Añadió Netel observando con los lentes de su máscara. “Algo los mató para comérselos.”
“Era menos tétrico cuando estaba oscuro, ¿no creen?” Dijo Tihur algo nervioso. Súbitamente se empezó a escuchar un ruido en el suelo.
“Hermanos, ¿escuchan eso?” Dijo Fajit.
“Siento muchas vibraciones en el suelo.” Dijo Delme preocupado. “Algo se acerca desde abajo.”
“Netel, ¿puedes ver algo?” Preguntó Cehk. En seguida Netel activo su Kanohi Akaku para ver el suelo de delante de ellos, y dijo:
“Veo Rahi, ¡son muchísimos! Van por el subsuelo.”
“¿M-muchísimos?” Preguntó Heji asustada. De pronto, gran cantidad de luces fluorescentes empezaron a aparecer desde el suelo delante de los Toa. La luz combinada de aquellas criaturas iluminaron bastante el lugar, y se podían ver con más detalle, se trataba de una especie de Rahi insectoide negro, en cuyos caparazones había una parte que brillaba en la oscuridad, su tamaño era la mitad de la de un Toa, tenían mandíbulas con grandes colmillos, y en sus patas delanteras tenían afiladas cuchillas.
“¡Son Bohuddak!” Exclamó Delme. “Son horrendos monstruos subterráneos, las cuchillas que tienen en frente poseen un veneno paralizante más poderoso que el de los Onu-Jaga.”
“Entonces aquellos otros Rahi...” Dijo Cehk.
“...Fueron devorados por ellos.” Terminó de decir Ahnia.
“¡No nos queda otra que enfrentarlos!” Exclamó Tihur sacando sus Pistolas Gemelas.
“Estoy de acuerdo con el Hermano de Aire.” Dijo Fajit también sacando su doble maza y su pistola.
“¡Todos prepárense para pelear!” Ordenó Cehk sacando su espadón, y el resto de los Toa, a excepción de Zokua, sacaron sus armas para enfrentar a los amenazantes Bohuddak, los cuales empezaron a acercarse a los Toa corriendo con mucha ferocidad, algunos iban caminando por las paredes y otros por el techo.
“¡No podrán con nosotros, los poderosos Toa Kaaciah!” Exclamó Tihur al soltar una fuerte ráfaga de viento con sus pistolas que dispersó a algunos Bohuddak hacia atrás. Delme usando sus taladros hacia el suelo, levantó la tierra de modo que golpeara a unos cuantos de ellos. Netel utilizó su lanza para canalizar ondas sónicas lo suficientemente fuertes como para aturdir a los feroces Rahi. Fajit corría velozmente usando el poder de su máscara, y sosteniendo su doble maza por delante, envistiendo muchos Bohuddak en el proceso, y luego retrocediendo a la misma velocidad. Cehk por tanto clavó su espadón en el suelo, y canalizando su poder, generó una buena cantidad de puños de hierro que salían del suelo, las paredes, y el techo, golpeando a varios Bohuddak, y luego dijo: “No pareciera que dejaran de venir.”
“Es hora de poner a prueba esta máscara.” Dijo Ahnia, y activando su Kanohi, corrió hacia uno de los Bohuddak, el cual intentó atacarla abalanzándose con sus cuchillas, pero Ahnia lo bloqueó con su lanza, colocó su mano sobre el Rahi, y copió su habilidad. En seguida clavó uno de sus dedos rápidamente en una parte orgánica del Bohuddak, inyectándole el potente paralizante, dejando al Rahi totalmente inmovilizado. Luego la Toa saltó hacia atrás, y al caer dijo: “¡Ahora poseo el veneno paralizador de estos bichos!”
“Hermana, eres genial.” Dijo Heji, e inmediatamente después agitó su Rompe-Maremotos, creando una gran cantidad de agua a presión, la cual golpeó varios Bohuddak que se acercaban.
“¡Tú también eres fabulosa hermanita!” Exclamó Ahnia sonriéndole, y luego saltó hacia más Bohuddak que se acercaban para inyectarles veneno. Un Bohuddak que iba caminando por el techo saltó para atacar a Heji, quien no alcanzó a reaccionar, no obstante un rayo de hielo golpeó y congeló al Rahi antes de que pudiera alcanzar a la Toa de Agua, el rayo provenía de la espada de Jekal.
“G- ¡Gracias!” Dijo Heji algo avergonzada por no haber reaccionado a tiempo.
“No hay problema.” Dijo Jekal, y siguió disparando rayos de hielo hacia otros Bohuddak. Muzek por mientras atacaba golpeando a los Bohuddak con sus espinas, inyectándoles veneno paralizante también y mientras dacía: “Sé que no es sus culpas, probablemente estamos invadiendo su territorio, pero tenemos trabajo que hacer, ¡así que por favor duerman un momento!” Luego vio que uno pasó de largo de su retaguardia, y salto hacia atrás diciendo: “¡Tú también duerme!” Después de golpearlo y paralizarlo, se dio cuenta de que Zokua no hacía nada, y solo se limitaba a observar.
“¿Y éste no ayudará en nada?” Preguntó el Toa de la Flora.
“¡Oye ‘volcán andante’, ayúdanos con tu ‘súper’ fuego!” Exclamó Tihur al darse cuenta también. Zokua solo corrió la mirada.
“¡Zokua!” Exclamó Cehk. “¡No te quedes ahí parado!”
“¡Tú no me das órdenes, ‘Toa de hojalata’!” Exclamó el Toa de Fuego. “Arréglensela ustedes.”
“¿Qué? Eres un...” Dijo Cehk volteándose completamente hacia él.
“¡Cehk, mira!” Exclamó Delme, interrumpiendo a Cehk, y haciendo que se volviera a voltear. Una enorme luz fluorescente se veía al fondo, detrás de todos los Bohuddak.
“Eso debe ser...” Dijo Netel, y luego se pudo ver bien a lo que se acercaba, se trataba de un Bohuddak enorme, alrededor de seis veces más grande que uno promedio.
“Debe ser la reina, o algo similar.” Supuso Jekal sin perder la calma. El enorme Bohuddak emitió un ruido muy fuerte, el cual aturdió un poco a los Toa, y haciéndole peor a Netel, quien por tener el oído muy sensible, gritó de dolor.
“¡Netel!” Exclamó Ahnia corriendo a socorrerlo junto con Cehk.
“Hermano, ¿te encuentras bien?” Preguntó el Toa de Hierro.
“No... los puedo... escuchar... lo siento...” Dijo Netel arrodillado en el suelo y temporalmente ensordecido. Los Bohuddak seguían acercándose mientras los demás Toa los repelían con sus poderes. Delme después de uno de sus ataques, se volteó recordando los Rahi muertos que habían detrás, y recordó su entrenamiento, asimilando las cosas.
“Creo saber cuál es el poder de mi máscara.” Dijo el Toa de Tierra, y se acercó a los cadáveres, concentrándose mucho en que se movieran.
“Delme, ¿qué haces?” Preguntó Cehk mirándolo mientras seguía protegiendo a Netel.
“Solo debo concentrarme lo suficiente...” Dijo Delme, y de pronto, su máscara se activó, haciendo que los esqueletos y cadáveres de algunos Rahi de tamaño grande que se encontraban ahí, se empezaran a mover.
“Esto es...” Dijo Ahnia.
“Es el poder de su máscara.” Dijo Netel ya habiendo recuperado algo la audición, pero aún con dolor de oídos. “Leí sobre una máscara capaz de reanimar a los muertos, pero nunca me imaginé que uno de nosotros la tuviera.”
Delme, concentrándose lo más que podía en controlar a los Rahi que había reanimado, hizo que empezaran a atacar a los Bohuddak.
“Sorprendente, pero a la vez, bizarro...” Dijo Cehk observando la situación, y luego pensó: “Y yo aún no descubro el poder de mi máscara...”
“Ya lo descubrirás Cehk.” Dijo Ahnia al leer sus pensamientos por accidente, y Cehk respondió agachando un poco la cabeza: “Eso espero...”
“¡Yo también usaré el poder de mi máscara!” Exclamó Muzek, y en seguida empezó a concentrarse activando su máscara, para que instantes después, apareciera de la nada un imponente Rahi cuadrúpedo de colores blanco con plateado, y con alas en forma de cuchillas en su lomo.
“¿¡Qué es esa cosa!?” Preguntó Tihur con inquietud.
“Eso es... ¡El Volrak!” Respondió Jekal asombrado. “Leyendas se contaban sobre él, pocos Matoran en las montañas cercanas a mi aldea habían reportado verlo, es exactamente como lo describieron. Muchos, incluyéndome, no creíamos que existía, y acabas de probar su existencia.”
“Jekal se impresionó.” Dijo Netel ya bastante más recuperado. “Y es extremadamente difícil que se impresione.”
El Volrak al ver el peligro en los Bohuddak, comenzó a atacarlos usando sus colmillos, y sus alas afiladas. Mientras los Rahi reanimados de Delme continuaban atacándolos sin parar.
“Eso nos da cierto respiro, ¿no creen hermanos?” Dijo Fajit, mientras disparaba con su pistola a unos cuantos Bohuddak que venían del techo.
“Algo así, ¡pero aún se escabullen por arriba!” Dijo Tihur también disparando hacia el techo con sus Pistolas Gemelas, hasta que desafortunadamente, se quedó sin balas y dijo: “¡Rayos, me quedé sin munición! No recargué desde que salí de mi aldea.”
“Creo que también me hacen falta.” Dijo Fajit presionando el gatillo de su arma sin soltar ninguna bala.
“¡Yo me hago cargo!” Exclamó Cehk corriendo hacia ellos, luego colocó sus manos en la bolsa de balas de Fajit, y concentrando su poder elemental, creó varias balas de metal. Luego hizo exactamente lo mismo en el bolso de Tihur.
“¡Gracias, hermano de hierro!” Agradeció Fajit, levantando su dedo pulgar.
“¡Eres grandioso líder Cehk!” Exclamó Tihur, e inmediatamente comenzó a recargar sus pistolas.
“No es para tanto.” Respondió Cehk y rió. Mientras tanto, algunos Bohuddak que iban por el techo, llegaban hasta donde se encontraba Heji, quien ya prestando más atención a lo que había encima de ella, los iba golpeando con su Rompe-Maremotos mientras los Rahi bajaban para atacarla. La Toa de Agua siguió y siguió golpeándolos, mas no paraban de venir, hasta que comenzó a alterarse, al punto que grito:
“¡¡Aléjense de mí!!” E inmediatamente apunto con su arma, cargando su energía elemental, y disparó una enorme cantidad de agua a presión constantemente hacia los Bohuddak que venían del techo, derribando gran cantidad de ellos.
“¡Oye Heji!” Exclamó Muzek alarmado. “¡Calmate! ¡Inundarás todo el lugar!”
“No si hago esto.” Dijo Jekal, seguidamente apuntó con su espada hacia el agua que Heji disparaba, y descargó un rayo de hielo que se combinó con el ataque de la Toa de Agua, congelando a muchísimos más Bohuddak de los que congelaría en un ataque de él solo. Unos segundos después Heji cesó su ataque y se calmó, sin embargo luego se tambaleó hacia atrás por el cansancio, y Jekal rápidamente la sujetó para evitar que cayera.
“Bien hecho.” Le dijo el Toa de Hielo.
“Esto... Fue buen trabajo en equipo.” Le respondió Heji y sonrió. El enorme Bohuddak que se iba acercando lentamente a los Toa, se preparó para soltar un nuevo rugido ensordecedor, de lo cual Netel se dio cuenta y dijo:
“No esta vez.” Luego se concentró, y cuando el Bohuddak enorme comenzó a rugir, el intenso ruido empezó a ser absorbido por Netel, lo cual hizo que no se escuchara más que en el trayecto hacia él, ni tampoco le hacía daño al Toa del Sonido por absorber las ondas. Luego de absorber las poderosas ondas sonoras y estar sobrecargado de energía elemental, Netel dirigió su lanza con sus dos manos hacia los Bohuddak y hacia el Bohuddak gigante, y comenzó a disparar una poderosa onda sónica que sacó a volar muchos de ellos, incluso rompiendo parte del suelo, y aturdió al enorme Rahi.
“¡Fascinante!” Dijo Cehk con asombro.
“No iba a dejar que ese enorme bicho me pillara desprevenido otra vez.” Dijo Netel. “Esta vez absorbí su poderoso ruido, y lo canalicé en su contra.”
“Esperen hermanos, ¡miren!” Dijo Ahnia alarmada señalando al Bohuddak gigante, el cual rápidamente se recuperó, y para peor, se había enojado, comenzando a moverse mucho más rápido.
“¿Es que este monstruo es invencible?” Preguntó Fajit con inquietud. El enorme Bohuddak llegó hasta donde estaban los Rahi reanimados de Delme, y el Volrak, y los golpeó fuertemente con el lado de una de sus enormes cuchillas, a los Rahi ya muertos los hizo pedazos, y al Volrak lo golpeó, haciéndolo volar y chocar contra la pared, quedando inconsciente.
“¡El Volrak!” Exclamó Jekal con conmocionado.
“¡No! ¡Mi invocación!” Exclamó Muzek con frustración y preocupado por el Rahi. Delme al desactivarse su máscara, no dijo nada y se quedó mirando hacia el suelo perturbado por lo que él mismo había hecho durante esos minutos. El gran Bohuddak, estaba a pocos metros de llegar hasta donde los Toa, quienes ya se estaban preparando para un duro enfrentamiento en contra del descomunal Rahi. Pero Ahnia, en una medida desesperada, corrió hacia adelante de los Toa.
“¡Ahnia! ¿Qué estás haciendo?” Preguntó Cehk preocupado.
“¡Debo intentar algo!” Respondió Ahnia, y comenzó a concentrarse lo que más pudo en el gran Bohuddak, para luego exclamar: “¡Paralízate a ti mismo!” Un segundo después, el enorme Rahi se detuvo, se movió de manera agitada por unos pocos segundos, y luego clavó sus propias cuchillas en puntos no-vitales, inyectándose veneno a sí mismo, quedando totalmente inmovilizado casi instantáneamente. Los Bohuddak normales que quedaban se detuvieron, y se devolvieron hacia los agujeros de los que salieron, huyendo del lugar. Los demás Toa quedaron aliviados y por fin pudieron respirar con más tranquilidad.
“Lo... Logré...” Dijo Ahnia, y se sentó en el suelo con su mano en su cabeza, sintiendo dolor.
“¡Hermana!” Exclamó Heji dirigiéndose hacia ella.
“¿Te encuentras bien Ahnia?” Preguntó Cehk, quien se puso de rodillas al lado de ella.
“Sí, no se preocupen, es solo un dolor de cabeza, ya se me debería pasar.” Respondió la Toa de Psiónica cansada. “Al parecer era un Rahi bastante inteligente...”
“Tus poderes han mejorado mucho hermana.” Le dijo Heji contenta también de rodillas al lado de Ahnia.
“Buen trabajo hermana de pisónica.” Dijo Fajit. “Y todos lo hicimos bien, fue un gran trabajo en equipo.”
“¡Unidos somos invencibles!” Exclamó Tihur entusiasmado.
“La unidad es una de las virtudes que el Gran Espíritu nos concedió.” Dijo Netel.
“Aguarden, ¿qué le sucede a Delme?” Preguntó Muzek señalando al Toa de Tierra, quien temblaba de perturbación, y decía:
“No puedo creer que éste sea el poder de mi máscara... No puede ser...”
“¡Delme!” Dijo Cehk, fue a donde su amigo, y puso sus manos sobre los hombros del Toa de Tierra. “Tranquilízate Delme, hiciste un excelente trabajo.”
“Cehk... Reanimar a los muertos... Es algo horrible... Es algo inmoral...” Respondió Delme aún turbado. Cehk entonces zamarreó un poco los hombros de Delme, y nuevamente hablo diciendo:
“Delme, debe haber alguna razón para que Mata Nui te diera esa máscara. Sabemos que en este mundo nada ocurre por casualidad. Quizás hoy era el día en que aquella máscara cumpliría su propósito. Los Rahi que reanimaste nos concedieron mucha ventaja ante los Bohuddak.”
“¿Tú crees..?” Preguntó Delme tranquilizándose un poco.
“No creo amigo... ¡Es así!” Afirmó Cehk.
“Entonces bien... De todas no se te ocurra pedirme usar este horrible poder...” Dijo Delme ya con calma.
“Eres un idiota Delme.” Dijo Cehk sonriéndole a su amigo.
“Cierra la boca, pedazo de torpe.” Respondió Delme también sonriendo.
“Sí que son buenos amigos estos dos.” Dijo Muzek. El lugar seguía bastante iluminado por la luz del gran Bohuddak. Luego de unos segundos Cehk miró hacia donde estaba Zokua; quien se encontraba sentado con la espalda apoyada contra la pared, y con sus pensamientos en otra parte; y se acercó a él diciéndole:
“Zokua, ¿por qué no ayudaste a tus hermanos?”
“¿Era mi obligación ayudarles?” Respondió el Toa de Fuego de forma altanera.
“¡Pues claro que sí! Es tu obligación como Toa ayudar y apoyar a tus hermanos.”
“Yo haré lo que se me dé la gana. No seguiré tus órdenes, sólo los estoy siguiendo para poder volver a enfrentarme a ese miserable de Dhotter. Además pudieron arreglárselas perfectamente sin mí.”
“Cehk, no pierdas el tiempo con él.” Dijo Netel llegando a donde ellos antes de que Cehk se comenzara a alterar. “Debemos ir andando.”
“Ese monstruo podría volver a moverse en cualquier momento.” Dijo Tihur con inquietud.
“No te preocupes, tardará horas en volver a tener control sobre sus extremidades.” Dijo Delme. “Así de potente es su veneno.”
“Bien grupo... Movámonos, debemos rescatar a los Turaga.” Comandó Cehk, y los Toa comenzaron a caminar. Ahnia iba andando con ayuda de Heji a causa de su intenso dolor de cabeza.
“¿Qué pasara con el Volrak?” Preguntó Muzek.
“Descuiden, lo oigo respirar.” Dijo Netel mirando al Rahi, y activó su máscara. “No le veo daño grave alguno, solo quedó inconsciente por el fuerte golpe.”
“Nos ayudó bastante, que bueno que está a salvo.” Dijo Cehk.
“Entonces en cuanto se recupere probablemente volverá a su hábitat en las montañas.” Afirmó Jekal aliviado. Zokua se puso de pie cuando los demás Toa ya estaban lo suficientemente lejos. Mientras los Toa se alejaban del gran Bohuddak, se volvía más oscuro nuevamente, lo cual provocó que Heji volviera a activar su máscara para iluminar el camino.

En ese momento, en lo profundo de las Ruinas Malditas, Makuta Kudarax se encontraba reunido con sus seis seguidores, quienes se encontraban arrodillados ante él.
“Como predije, los Toa ya se encuentran rondando por estos túneles.” Dijo Kudarax. “He estado observando detenidamente cada uno de sus pasos, cada movimiento que dan. A pesar de ser inexpertos, han empezado a desarrollar muy rápido sus habilidades, volviéndose oponentes formidables. ¡Es una verdadera lástima que sus vidas ya tengan que terminar! Creaciones mías, ¡vayan y extermínenlos, no se contengan, no tengan piedad! A quien se le ocurra volver aquí sin haber matado a al menos uno de ellos, ¡lo lamentará!”
“¡Sí, mi creador!” Respondieron cinco de ellos a excepción de Hakjo, quien dijo:
“Sí... Amo Kudarax.”
“Yo, mientras tanto, continuaré mis asuntos con los Turaga... Aún deben sufrir mucho más, ¡sufrirán y sufrirán, incluso si me suplican que acabe con sus miserables vidas!” Dijo Kudarax, y caminó lentamente y riéndose hacia un rincón de la cámara, en donde se encontraban los cinco Turaga, colgados de los pies en la pared con unas cadenas, medio desmayados y con múltiples lesiones.

Los Toa Kaaciah continuaron caminando por el oscuro túnel, con la ayuda de la luz que emitía Heji con su máscara de la visión nocturna. En el camino se empezaban a ver cada vez más trozos de roca en el suelo, hasta que ya parecían escombros esparcidos por el túnel. Repentinamente, Heji se detuvo. La razón era que al frente de ella, el camino estaba bloqueado por un montón de escombros.
“No podemos avanzar...” Dijo la Toa de Agua.
“Oh Karzanhi... ¿Por qué esto ahora?” Dijo Cehk con frustración.
“Espera, puede que no sean tan densos estos escombros.” Dijo Netel, y procedió a activar su máscara para ver a través de los escombros. “¡Puedo ver algo!”
“Dinos que es el camino.” Dijo Fajit algo ansioso.
“No exactamente, pero veo algo hecho de metal ahí atrapado.” Respondió el Toa del Sonido. “Parece un enorme vehículo, no estoy muy seguro.”
“¿Qué dices? ¿Un vehículo?” Preguntó Cehk, y luego comandó: “Delme, Fajit, hágannos el favor de remover esos escombros.”
“Será todo un placer amigo.” Respondió Delme.
“Déjamelo a mí.” Dijo Fajit, y ambos Toa sacaron sus herramientas, Delme sus poderosos taladros, y Fajit su doble maza, dividiéndola para sostener una maza con cada mano. De inmediato los dos Toa comenzaron a romper y quitar los trozos de roca y tierra que bloqueaban el camino, teniendo cuidado de no golpear lo que Netel vio, y en pocos minutos lograron despejar lo suficiente para que se pudiera contemplar bien aquel vehículo que Netel mencinó.
“¡Vaya, es enorme!” Dijo Tihur maravillado.
“Como Netel pensó, se trata de un enorme vehículo blindado.” Dijo Fajit contemplando el vehículo, el cual medía cercano a lo que medía el túnel en toda su amplitud, contaba con dos grandes brazos mecánicos en su parte delantera, y un gran cañón en su parte superior.
“¿Será el ‘Tanque Kaaciah’?” Se preguntó Delme.
“¿Qué? ¿Conoces esa cosa?” Le preguntó Muzek.
“Turaga Makki habló una vez sobre un gran vehículo que diseñaron un grupo de ingenieros de Kaaciah Onu-Koro durante el primer ataque.” Respondió el Toa de Tierra. “Pretendieron usarlo para asaltar la guarida de Kudarax, sin embargo el vehículo resultó seriamente dañado al ser atacado mientras avanzaba, varios Matoran que lo tripulaban murieron, eso resultó en que el tanque dejara de funcionar, y fue abandonado. Pero jamás me habló de que lo enterró un derrumbe.”
“Quizás quedó así después del Gran Cataclismo.” Dijo Ahnia.
“Puede ser.” Dijo Delme. “Por cierto Fajit, no solo fueron Onu-Matoran quienes lo diseñaron y manejaron, Makki me dijo que también se involucraron algunos Po-Matoran en su construcción.”
“Ya veo. Es un diseño magnífico.” Respondió el Toa de Piedra contemplando y examinando el vehículo. “Hermanos, además de constructor y arquitecto, muchas veces me desempeñé como ingeniero y mecánico cuando era un Matoran.”
“Vaya, multifacético.” Dijo Tihur.
“Intentaré reparar este vehículo lo antes posible, y lo usaremos por el honor de los ingenieros que diseñaron tal maravilla tecnológica.” Afirmó Fajit decidido.
“Lo dejo en tus manos Fajit.” Dijo Cehk. “Además lo necesitaremos para abrirnos paso en los demás escombros que hay por delante nuestro.”
“Cuenta con ello hermano de hierro.” Respondió Fajit. “¡Ah! Necesitaré tu ayuda, para que fabriques partes de metal que puedan faltar con tus poderes.”
“Lo haré con gusto.” Terminó diciendo Cehk, y ambos Toa entraron al vehículo para empezar su reparación. Cehk luego se asomó afuera y dijo: “¡Ustedes descansen lo más que puedan por mientras!”
Al cabo de menos de una hora, el vehículo ya estaba reparado, gracias a las habilidades mecánicas de Fajit, y a la habilidad de Cehk de crear cualquier objeto de metal. Fajit entonces encendió el Tanque Kaaciah, y su motor comenzó a activar.
“Hasta ahora todo va en orden.” Dijo Fajit.
“Buen trabajo hermano.” Dijo Cehk.
“Todo gracias a ti, hermano de hierro.” Respondió Fajit con su pulgar arriba.
“¡Suban todos!” Exclamó Cehk a los demás Toa, quienes no tardaron en abordar el imponente vehículo. Zokua también ingresó, y se sentó en un rincón lo más alejado posible del grupo. El interior del vehículo era amplio, de tal modo que los diez Toa cabían perfectamente en él sin ningún problema.
“¡Incluso por dentro es fascinante!” Dijo Tihur nuevamente maravillado.
“Hicieron un buen trabajo los dos.” Dijo Ahnia con sus manos en los hombros de Cehk y Fajit. “Los felicito.”
El tanque, con luces delanteras encendidas, comenzó a moverse bajo el manejo de Fajit, y avanzó removiendo escombros y obstáculos con sus enormes brazos mecánicos, los Toa iban en marcha a las profundidades de las Ruinas Malditas a enfrentar su destino.

Capítulo 14 - La Batalla de las Ruinas Malditas

El Tanque Kaaciah avanzó por el túnel removiendo todo lo que estaba en su camino con sus grandes y poderosos brazos mecánicos, fue así hasta que llegaron a una gran cámara, del tamaño suficiente para albergar una arena o un estadio, y en cuyas paredes y techo había grandes luces las cuales parecían ser de alguna clase de energía. También habían enormes columnas que sostenían firmemente el techo del lugar, y al fondo tres entradas del mismo tamaño de la que usaron para ingresar al lugar.
“¿Qué lugar será este?” Se preguntó Cehk observando desde la cabina del conductor junto con Fajit.
“Ni idea.” Respondió el Toa de Piedra. “Según lo que nos contaron sobre la ‘misión de Kudarax’, puedo decir que no sabemos casi nada sobre nuestra propia isla.”
“¡Déjame ver!” Dijo Delme acercándose a la cabina también y contemplando el lugar. “Sorprendente, me pregunto qué serán esas luces en las paredes.”
“No se parece a nada que hayamos visto antes excavando en las minas de Kaaciah Onu-Koro.” Afirmó Cehk.
“Hermanos, prepárense.” Dijo Ahnia de repente.
“¿Qué sucede hermana?” Preguntó Heji.
“Siento algunas presencias más adelante.” Respondió la Toa de Psiónica concentrándose.
“Vaya, sí que has mejorado.” Dijo Cehk. “Este lugar es enorme y puedes sentir así las presencias.”
“No es para tanto, no hay muchos seres pensantes por aquí. Solo nosotros y...” Dijo Ahnia.
“...El enemigo.” Terminó de decir Cehk.
“Exacto, y ya se acercan.” Dijo Ahnia algo tensa. De pronto, algo salió de la entrada de al medio de las tres que habían al frente. Se trataba de un Rahi arácnido gigante, cercano al tamaño del Tanque Kaaciah, de color rojo con negro, de cuatro patas, enormes tenazas, con una especie de cañón en su parte superior, una cabina desde donde controlarla, y lo peor de todo, tres de los seguidores de Kudarax se encontraban en ella y los otros tres al lado de ella.
“¡Miren esa cosa!” Exclamó Fajit. “¡Es aún más grande que el gran Bohuddak!”
“¿Qué? ¿En serio?” Preguntó Tihur alarmado, quien no estaba mirando por la cabina.
“Puedo verlos.” Dijo Netel usando sus lentes telescópicos. “Son los seis secuaces de Kudarax junto a ese gran Rahi.”
Al escuchar eso, Zokua reaccionó y pensó: “Finalmente me enfrentaré a ese maldito...”
Sobre el arácnido se encontraban Rofgak, el Skakdi modificado, manejando el enorme cañón sobre el lomo del Rahi, Vahtor, el mutante insectoide, en la cabina en donde estaba conectado al Rahi con un dispositivo que le permitía controlarlo con su mente, y Zentrix, el Skakdi de Hierro, atrás de Rofgak. Los demás secuaces, Vinkah, Hakjo y Dhotter, estaban abajo, a un lado del gran arácnido.
“Miren, es el vehículo que destruimos hace siglos.” Dijo Hakjo. “Así que lograron reactivarlo.”
“Será fácil entonces.” Dijo Dhotter. “Ese vehículo no es más que una chatarra Matoran.”
“¡Sean bienvenidos a las Ruinas Malditas, Toa!” Dijo Zentrix desde un altavoz que se encontraba en el Rahi. “¡El lugar donde serán miserablemente masacrados!”
“Reconozco esa voz.” Dijo Delme.
“Es Zentrix, el Skakdi de Hierro que vino a molestar a nuestra aldea.” Dijo Cehk.
“¡Contemplen a esta hermosura! ¡La gran araña Ragahk!” Volvió a hablar Zentrix. “¿¡Magnífica, no!?”
“Sigo opinando que los ataquemos directamente es vez de usar a ese tonto Rahi.” Dijo Hakjo despectivamente.
“¡Cierra la boca Hakjo!” Respondió Zentrix.
“¡Ya verán el poder de mi preciosa Ragahk!” Dijo Vahtor también por altavoz.
“Me pregunto qué habrá dicho Hakjo.” Dijo Cehk.
“¡Rofgak disparará a los Toa!” Exclamó Rofgak apuntando y abriendo fuego con el enorme cañón en contra el Tanque Kaaciah. El disparo era una gran bola de energía roja, la cual dio a pocos metros del vehículo blindado, y provocando una explosión que lo sacudió un poco.
“¡Nos disparan!” Exclamó Fajit. “Alguien debe subir a controlar la torreta del cañón de este vehículo si queremos defendernos contra esa cosa.”
“Apuntar y disparar...” Dijo Cehk en voz baja, y en seguida recordó su entrenamiento. Luego dijo en voz más alta: “¡Yo iré!”
“Pero Cehk, ¡tu puntería siempre ha sido pésima!” Dijo Delme.
“Es cierto, pero créeme, sé lo que hago.” Respondió el Toa de Hierro, y se dirigió a la escalera que conducía a la parte superior del Tanque Kaaciah, en donde estaba la cabina del cañón.
“Bien, ¡pero ten cuidado!” Dijo Delme a su amigo.
“¡Lo tendré, no te preocupes!” Garantizó Cehk, y comenzó a subir por la escalera rápidamente. Al llegar arriba, Cehk observó los controles del cañón, y los analizó diciéndose: “Esto es para mover... Esto es el gatillo... La mira... ¡Bien!” En seguida procedió a manejar la torreta del cañón del Tanque Kaaciah, intentó apuntar a la Ragahk, la cual se movía, y concentrándose, disparó. Del cañón salió disparada una enorme bola de energía eléctrica, la cual pasó por encima del Rahi sin si quiera rozarlo. Cehk disparó unas cuantas veces más, sin dar en el blanco.
“Oh... ¡Vamos!” Exclamó Cehk frustrado.
“¿¡A eso llamas puntería, Toa!?” Exclamó Zentrix con su altavoz.
“¡Rofgak te demostrará lo que es disparar!” Exclamó el otro Skakdi cuya voz también se escuchaba en el altavoz, seguidamente disparó, y esta vez la bola de energía iba dirigida a la torreta del Tanque Kaaciah, pero afortunadamente Fajit se dio cuenta a tiempo, y maniobró el vehículo de modo que el proyectil no diera con Cehk.
“¿Todo bien Cehk?” Preguntó Delme desde abajo. La tensión de todos se podía sentir dentro del Tanque Kaaciah.
“¡Sí! ¡Estuvo cerca!” Respondió Cehk e intentó concentrarse aún más en apuntar.
“¿En qué piensa Cehk? ¡No ha acertado ningún disparo!” Alegó Tihur.
“No te preocupes, lo logrará.” Dijo Ahnia sabiendo lo que intentaba Cehk.
“Apuntar al blanco... Calcular distancia... Movimiento...” Decía Cehk mientras se concentraba lo más que podía, hasta que su máscara finalmente se activó, y Cehk disparó. El disparo se dirigía directamente al cañón de la araña Ragahk.
“¡Cuidado! ¡Dispara idiota!” Exclamó Zentrix desesperadamente, y Rofgak inmediatamente presionó el gatillo, soltando una bola de energía, la cual chocó con la bola eléctrica, provocando una explosión muy cerca del Rahi.
“Vaya, el Toa casi acierta en Rofgak.” Gruñó el Skakdi modificado.
“Se están confiando demasiado en ese enorme arácnido.” Dijo Hakjo desde abajo, observando la batalla junto a Vinkah y Dhotter.
“¡Cierra la boca Hakjo!” Exclamó nuevamente Zentrix, y el Toa de Piedra y Sombras hizo un gesto encogiendo sus hombros y levantando sus manos hacia los lados, mientras negaba con la cabeza mirando hacia abajo. Cehk en ese instante volvió a disparar, apuntando directamente a la torreta de la araña Ragahk, sin embargo Vahtor reaccionó e hizo que la enorme araña saltara hacia un lado, clavando sus enormes patas en el suelo. Justo en el instante que aterrizó, Cehk volvió a disparar, con una precisión perfecta, haciendo que Vahtor nuevamente controlara al enorme Rahi para que saltara hacia un lado, mas Rofgak disparó al llegar al suelo esta vez. Cehk apuntó a la bola de energía que se dirigía hacia el Tanque Kaaciah, y rápidamente disparó hacia ella, haciendo que explotara.
“¡Mata Nui!” Exclamó Delme asombrado. “¡Ahora Cehk está demostrando una puntería excepcional!”
“Es el poder de su máscara.” Declaró Ahnia sonriendo. “¡La máscara de la precisión!”
“¡Ese es nuestro líder!” Exclamó Fajit.
“¡Rofgak no comprende, antes el Toa disparaba peor que un ciego!” Se quejó Rofgak mientras seguía ejecutando disparos, los cuales Cehk repelía disparándoles también. La cadencia de tiro del Tanque Kaaciah resultó ser mayor, así que al cabo de varios disparos que chocaron, las explosiones iban estando más cerca de la araña Ragahk, hasta que en medio de una explosión la cual fue muy cerca del Rahi, un disparo de Cehk logró acertar en la torreta del enemigo, haciendo que volara en pedazos, y sacando a volar a Rofgak, quien gritó:
“¡¡Rofgak te desprecia!!” Luego el Skakdi modificado cayó al suelo detrás de la Ragahk.
“¡Lo hice!” Exclamó Cehk dichoso.
“¡Genial hermano de hierro!” Exclamó Fajit.
“¡No canten victoria horrendos Toa!” Exclamó Vahtor, quien luego hizo que la araña Ragahk diera un gran salto hacia donde estaba el Tanque Kaaciah, buscando clavar sus enormes y afiladas patas en el vehículo blindado. Cehk intentó disparar mientras estaban en el aire, mas el cañón del vehículo estaba sobrecalentado por los numerosos disparos que el Toa de Hierro perpetuó hace unos momentos.
“¡Karzanhi! ¡No te sobrecalientes ahora!” Se quejó Cehk.
“¡Fajit! ¡Retrocede, rápido!” Exclamó Netel al darse cuenta de que la Ragahk caería sobre ellos. Fajit de inmediato reaccionó, y controló el vehículo para hacer que retrocediera rápidamente. Por poco la Ragahk logra caer encima del Tanque Kaaciah, si no fuese porque Fajit logró retroceder lo suficiente.
“¡Ahora van en serio!” Exclamó el Toa de Piedra.
“¡Vahtor, atácalos con las tenazas!” Sugirió Zentrix.
“¡Por supuesto!” Respondió el horrible mutante, y procedió a hacer que la araña Ragahk arremetiera hacia el Tanque Kaaciah con sus poderosas tenazas. Fajit, maniobrando con los controles del vehículo, usó los brazos mecánicos del tanque para proteger el vehículo del letal ataque.
“¡Vamos, enfríate ya!” Exclamó Cehk con frustración de que el cañón aun no se enfriara.
“Ya me aburrí de perder el tiempo aquí adentro.” Dijo Zokua, abrió una de las compuertas laterales del tanque, y saltó.
“¡Oye idiota!” Exclamó Netel.
“Vamos con él, o lo matarán.” Sugirió Jekal, y ambos Toa saltaron del vehículo también. Rofgak, quien había caído unos metros atrás de la araña Ragahk mientras estaba en su posición anterior, se puso de pie y corrió hacia donde estaban Hakjo, Vinkah y Dhotter. Zokua corría hacia donde estaban ellos, mientras que Jekal y Netel lo seguían por detrás.
“Por fin se dignan a venir algunos de los Toa.” Dijo Hakjo.
“El de fuego viene por mí.” Afirmó Dhotter. “Le daré lo que viene a buscar, una muerte segura.”
“¡Rofgak enfrentará al de hielo y al de sonido!” Clamó Rofgak, y empezó a correr a donde venían los Toa. “¡Rofgak les debe una paliza!”
“Me pregunto si bajarán esas dos Toa femeninas.” Dijo Vinkah. “Tengo cuentas pendientes con ellas.”
Dhotter se teletransportó y apareció en frente de Zokua diciendo:
“Supongo que es obvio, vienes a buscar venganza. Cosa que no es muy digna de un Toa.”
“Por fin puedo enfrentarte de nuevo, miserable cobarde.” Dijo Zokua sacando sus cuchillas. “¡Me importa un desperdicio de Rahi el ‘Toa de hojalata’, ni los demás Toa, o ese tal Kudarax, guardé mis energías para poder aniquilarte!” E inmediatamente el cuerpo de Zokua empezó a desprender algunas llamas.
“Éste ya se encendió.” Dijo Netel llegando cerca de él, pero Rofgak repentinamente llegó de un salto ante el Toa del Sonido y el Toa de Hielo.
“Es Rofgak.” Dijo Jekal y sacó su espada mientras Netel sacaba su lanza.
“¡Rofgak esta vez sí los derretirá hasta que no queden ni sus esqueletos!” Gruñó el Skakdi modificado preparando su cañón de ácido. Hakjo y Vinkah por tanto volvieron a prestar atención a la batalla del Tanque Kaaciah, y comenzaron a moverse hacia él.
Mientras tanto Fajit seguía forcejeando con las poderosas tenazas de la araña Ragahk. Los brazos mecánicos del Tanque Kaaciah comenzaban a ceder, desprendiendo chispas.
“No le ganarás al Tanque Kaaciah...” Dijo Fajit y luego uso el control de aceleración del vehículo exclamando: “¡Diseñado por el arduo trabajo de ingenieros Matoran!” El enorme vehículo se comenzó a mover a toda velocidad, arrastrando a la gran araña Ragahk con él, luego Fajit hizo que virara unos pocos grados, para dirigirlo directo a una de las colosales columnas de la enorme cámara. Mientras se acercaban velozmente a la columna, los brazos mecánicos del Tanque Kaaciah cedieron, provocando que las tenazas llegaran a la cabina del vehículo, comenzando a aplastar los blindajes, y a romperlo. Fajit reaccionó y saltó de ahí, justo antes que las tenazas pudieran golpearlo.
“¡Fajit!” Exclamó Ahnia. “¿Te encuentras bien?”
“Sí... ¡Preparense, chocaremos!” Respondió el Toa, y el Tanque Kaaciah, llevando a la araña Ragahk por delante, chocó fuertemente con el enorme pilar, provocando graves daños tanto al vehículo como al Rahi.
“¡Odiosos Toa!” Exclamó Zentrix furioso. “¡Miren lo que le hicieron a nuestra Ragahk!”
“Ese sí fue un fuerte golpe.” Dijo Muzek.
“¿Están todos bien?” Preguntó Ahnia poniéndose de pie.
“Yo estoy bien hermana.” Respondió Heji.
“Muzek idiota... Caiste encima de mi...” Dijo Tihur con Muzek encima de él. En seguida el Toa de Flora salió de encima del Toa de Aire y dijo:
“Gracias hermano, hiciste que el golpe no fuese aún más fuerte.”
“Cierra la boca, loco de las plantas.” Respondió Tihur, y Muzek le ayudó a ponerse de pie.
“Será mejor que salgamos del vehículo... Hasta aquí llegó nuestro Tanque Kaaciah.” Dijo Fajit con tristeza.
“¡Cehk, salgamos del vehículo!” Exclamó Delme hacia el lugar donde estaba la torreta.
“¡Dame un momento!” Respondió Cehk, mientras el cañón se terminaba de enfriar. La araña Ragahk mientras tanto, a pesar de los graves daños, se empezó a mover de nuevo, aunque con dificultad.
“¡Ragahk aún puede moverse!” Dijo Vahtor intentado controlarla.
“No. Ya no se moverá.” Dijo Cehk, y apuntó a una de las patas del enorme Rahi, y disparó, luego apuntó y disparo seguidamente a las otras tres patas, dejando a la araña sin poder moverse más.
“¡No! ¡No! ¡¡No!!” Gritó Vahtor, y abrió la cabina del derrotado Rahi para desconectarse de él y salir. Cehk entonces procedió a bajar de la torreta.
“Vaya, les dije que su tonta araña no serviría mucho.” Dijo Hakjo llegando al lugar junto con Vinkah.
“¡Cierra la boca, Toa!” Exclamó Zentrix enojado. “¡Eres una basura Toa igual que ellos!”
“Observa esto sucio Skakdi.” Dijo Hakjo, y se agachó colocando sus manos hacia el suelo. Fajit, Ahnia, Heji, Delme, Tihur y Muzek salieron del vehículo, mas Cehk aún seguía adentro, cuando una enorme roca salió del suelo súbitamente, en donde estaba el Tanque Kaaciah, golpeándolo con increíble fuerza, la cual hizo que la roca atravesara el vehículo, partiéndolo en dos, para que seguidamente, explotara.
“¡¡Cehk!!” Exclamó Ahnia.
“¡No! ¡Hermano de Hierro!” Exclamó Fajit.
“Y así nos habríamos ahorrado ese tonto y aburrido combate.” Dijo Hakjo volviendo a ponerse erguido.
“Cehk...” Dijo Delme cayendo de rodillas al suelo, pero justo en ese instante una bola de metal de al menos dos metros de diámetro salió disparada con la explosión del Tanque Kaaciah.
“¡Miren! ¿Podría ser...?” Dijo Muzek. Luego la bola cayó al suelo, y empezó a desaparecer, ya que estaba siendo absorbida por Cehk, quien se encontraba dentro de ella.
“¡Es Cehk! ¡Está vivo!” Exclamó Tihur con entusiasmo.
“Cehk... Qué alivio.” Dijo Ahnia sonriendo aliviada.
“Sí...” Dijo Delme también sonriendo aliviado.
“Eso sí estuvo cerca.” Dijo el Toa de Hierro. “Esa enorme roca apareció al lado mío, y me di cuenta que el vehículo explotaría por tal golpe, así que rápidamente me protegí en esa bola de metal que vieron volar.”
“Sin duda fue genial, hermano de hierro.” Dijo Fajit con su pulgar hacia arriba.
“Muy bien, Toa de Hierro.” Dijo Hakjo acercándose y sacando sus armas. “Tampoco creí que sobrevivirías, pero creo que te subestimé.”
“¡Hakjo el traidor!” Exclamó Fajit.
“¡El tipo que me golpeó la máscara!” Exclamó Tihur.
“¡Es una pena que ahora debas morir junto con tus hermanos!” Exclamó el Toa traidor, saltado y clavando sus armas en el suelo con gran fuerza.
“¡Cuidado! ¡Salten!” Exclamó Cehk al sentir el serio peligro, y los siete Toa brincaron en diferentes direcciones mientras enormes rocas afiladas salían súbitamente del suelo en donde estaban parados. Al llegar al suelo, Vinkah llegó donde Ahnia y Heji, Vahtor llegó ante Tihur y Muzek, Hakjo apareció ante Cehk y Fajit, y Zentrix ante Delme.
“Ahora comienza la verdadera batalla.” Afirmó Hakjo.
Paralelamente cerca de ahí, Zokua enfrentaba a Dhotter, mientras que Netel y Jekal, enfrentaban a Rofgak. Zokua, dejando salir su ira, atacaba ferozmente y sin descanso a Dhotter, con sus cuchillas encendidas en llamas, sin embargo el oscuro ser lo evadía y se cubría con facilidad.
“Vamos Toa, esto no es lo mejor que puedes hacer.” Dijo Dhotter mientras evitaba los golpes de Zokua. El Toa de Fuego solo se limitó a vociferar mientras continuaba atacando sin cesar. Eso continuó hasta que Dhotter dio un salto hacia atrás, luego apuntó con su mortífera lanza hacia el Toa de Fuego, y creó una bola de energía sombría la cual disparó hacia él. Zokua rápidamente saltó generando fuego explosivo con sus pies para propulsarse, y así la bola oscura pasó de largo, y al tocar el suelo provocó una explosión de sombras.
“¡Aún te faltan milenios para poder estar a la par conmigo!” Exclamó Dhotter disparando otra bola oscura hacia Zokua quien iba aterrizando, por lo que solo logró reaccionar para cubrirse cruzando sus cuchillas en frente de él. Al impactar la bola oscura provocó otra explosión de sombras, que hizo que Zokua saliera disparado hacia atrás aturdido y cayó al suelo. De inmediato, Dhotter se teletransportó al aire encima del Toa de Fuego empuñando su lanza hacia abajo con sus dos manos, para poder clavarla en Zokua al caer, y exclamando:
“¡Ahora perece!” No obstante Zokua reaccionó a tiempo y logró bloquearlo con una de sus cuchillas, lo que le permitió usar rápidamente la otra cuchilla para disparar una potente llamarada, la cual sin embargo Dhotter evitó teletransportándose hacia atrás e izquierda. Posteriormente Zokua se puso de pie y arremetió de nuevo exclamando: “¡Antes perecerás tú miserable!”
Mientras tanto, Rofgak disparaba múltiples bolas de ácido, como si de una ametralladora su cañón se tratara, hacia Netel y Jekal, quienes lo esquivaban corriendo alrededor de Rofgak.
“¡Derrítanse, derrítanse, derrítanse!” Exclamaba el Skakdi.
“Me pregunto si él será invulnerable a su propio ácido.” Digo Netel, y provocó una onda sónica que hizo que varias bolas de ácido se reflejaran, devolviéndose a Rofgak, lo cual provocó que el Skakdi modificado saltara para esquivar sus propias bolas de ácido.
“Al parecer no.” Dijo Jekal, y justo cuando Rofgak iba a aterrizar en el suelo, disparó un rayo de hielo hacia el suelo debajo de él, creando una masa de hielo que atrapó al Skakdi modificado.
“¿Crees que esto detendrá al poderoso Rofgak?” Dijo el Skakdi, y comenzó a hacer fuerza. “¡Tu hielo no se compara a la inmensa fuerza de Rofgak!” Y logró destruir el hielo que lo atrapaba.
“No nos confiemos con él.” Dijo Netel. “Tiene una fuerza descomunal, y sus ataques por poco destruyen nuestra aldea.”
“Así es, no deben subestimar a Rofgak.” Dijo el Skakdi acercándose. “Rofgak no volverá a fallarle al creador Kudarax. ¡Rofgak no volverá a permitir que se lleven a Kudarax!”
“Así que este tipo estuvo en el primer ataque de Kudarax.” Dedujo Jekal.
“¡¡Rofgak esta vez no fallará, malditos Toa!!” Gritó Rofgak y dirigió su cañón hacia arriba en dirección de los dos Toa, provocando una fuerte lluvia de ácido.
A la vez que todo eso ocurría, Vahtor, quien se enfrentaba a Tihur y Muzek, los atacaba clavando sus patas delanteras en el suelo, creando gran cantidad de espinas que salían desde abajo, las cuales los dos Toa esquivaban saltando una y otra vez.
“¡Otra vez moviéndose como simios Rahi, Toa!” Exclamó Vahtor airado.
“¡Lo que más parece un Rahi aquí eres tú!” Respondió Tihur, saltando para esquivar las espinas que salían y salían del suelo.
“¡Oye Tihur!” Exclamó Muzek quien saltaba unos metros más allá.
“¡Dime!” Respondió el Toa de Aire y esquivó una espina.
“¿Por qué...?” Preguntó el Toa de la Flora esquivando una espina dando una vuelta hacia atrás. “¿...Karzanhi...?” Esquivó una espina que le rozó por el lado. “¿...No...?” Esquivó una de la cual se agarró mientras subía y saltó. “¡¿...Vuelas?!” Terminó su pregunta.
“¡Oh cierto, tienes toda la razón!” Dijo Tihur esquivando una espina, luego extendió sus alas, y canalizando su poder elemental de aire en ellas, se comenzó a elevar velozmente.
“¿¡Qué!? ¡Esto no es justo!” Exclamó Vahtor aparentemente frustrado.
“¿A este idiota por qué no se le ocurrió antes?” Se preguntó Muzek.
Ahnia y Heji por tanto, evitaban los ágiles ataques de Vinkah. A Ahnia le resultaba fácil esquivarla, al poder leer los movimientos de la enemiga, mientras que Heji debía confiar puramente en sus reflejos para poder bloquear sus ataques con su Rompe-Maremotos. Vinkah al darse cuenta de eso, le propinó una patada a la Toa de Agua mientras ella bloqueaba un ataque de cuchilla de la alta ser, derribándola.
“¡Tú serás la primera en morir bajo mi filo!” Exclamó Vinkah preparándose para arremeter contra Heji, pero Ahnia, prediciendo lo que iba a hacer, se acercó para detenerla a tiempo, sin embargo, rápidamente le llegó una señal de pensamiento de Heji, quien reaccionó provocando una explosión de agua a su alrededor, usando la densa humedad del ambiente que había en las Ruinas Malditas. Vinkah retrocedió unos metros a causa de la fuerte y húmeda explosión, al igual que Ahnia, quien no pudo reaccionar tan a tiempo.
“Lo siento hermana.” Dijo Heji poniéndose de pie.
“Descuida hermanita, lo haces muy bien.” Respondió Ahnia sonriéndole.
“No debo subestimar a esta Toa de Agua.” Dijo Vinkah, y pensó en una idea.
“Dudo mucho que funcione.” Dijo Ahnia leyendo su mente.
“¿De veras lo crees?” Preguntó Vinkah, luego se concentró un par de segundos, y cambió de forma ante los ojos de Heji. La Toa de Agua podía ver como Vinkah se convertía en una copia de Ahnia, con todos sus rasgos, y proporciones.
“Q-... ¿Qué significa esto?” Preguntó Heji confundida.
“El poder que Kudarax me concedió, es el de crear ilusiones.” Respondió Vinkah, mientras que Heji recordaba cuando Vinkah se multiplicó la vez pasada. “Soy uno de los sujetos de prueba del proyecto de fusión con máscaras de Kudarax. Él fusionó mi cuerpo con la Kanohi Mahiki, ¡la gran máscara de las Ilusiones!”
“Ilusiones... ¿eh?” Se dijo Ahnia, quien aún podía ver a Vinkah en su forma original gracias a sus habilidades psiónicas, pero sabiendo que tomó su forma ante Heji. En seguida, Vinkah arremetió contra Ahnia, quien predijo su ataque esquivando hacia atrás. Vinkah prosiguió intentando atacar a la Toa de Psiónica, mientras Heji veía como dos Ahnia idénticas se enfrentaban, lo cual la confundía.
Zentrix, dirigiendo su nueva lanza de tres hojas hacia Delme, hacía que las puntas de cada hoja de ésta se estiraran para atacarlo, mientras que el Toa de Tierra las esquivaba o se cubría de ellas con sus taladros.
“¡Es una verdadera lástima no enfrentarme al Toa de Hierro!” Dijo el Skakdi mientras no paraba de atacar. “¡Ese idiota de Hakjo me quitó a mi rival, así que por ahora descargaré mis ganas contigo!”
“¡Te demostraré que soy un digno adversario!” Respondió Delme, y luego de esquivar un ataque de Zentrix, rápidamente usó sus taladros en el suelo, liberando un montón de energía que se dirigió al Skakdi, en donde la tierra debajo del suelo de piedra explotó, obligando a Zentrix a saltar del lugar. En el aire, Zentrix volvió a estirar las puntas de las tres hojas de su lanza, seguidamente las dirigió en diagonal hacia abajo, volviendo a atacar a Delme, quien las esquivo con una voltereta, y volvió a atacar el suelo, creando una explosión en donde Zentirx aterrizó, golpeándolo y derribándolo.
“Te he subestimado, Toa.” Dijo el Skakdi poniéndose de pié.
“Las habilidades de Cehk son mucho más interesantes que las tuyas.” Dijo Delme.
“¿Qué? ¡Entonces, te mostraré algo interesante!” Respondió Zentrix, en seguida se concentró en su lanza, cuyas hojas de empezaron a combinar en una sola gran hoja con puntas afiladas a lo largo, la cual estiró hacia adelante alargándola varios metros, seguidamente alzó sus brazos hacia arriba, levantando toda aquella hoja larga y flexible, y agitó con fuerza su lanza hacia abajo, directo hacia Delme. Mientras caía la gran hoja, clavaba fuertemente sus puntas en el suelo, hasta que llegó a donde Delme, quien lo evadió dando un brinco hacia el lado.
“¡Ingenuo!” Dijo Zentrix, después haciendo un leve movimiento de brazos hacia arriba, levantó la gran hoja flexible del suelo, luego giró la lanza en noventa grados dejando el filo y las puntas de la hoja en dirección a Delme, y rápidamente procedió a girar hacia el lado donde estaba Delme, moviendo la flexible hoja con gran fuerza. El Toa de Tierra no alcanzó a esquivar de nuevo, y se vio obligado a cubrirse del ataque con sus taladros, de los cuales salieron chispas mientras los dientes de la hoja pasaban por ellos. Delme intentó resistir la fuerza de aquel ataque, sin embargo, por ser una hoja hecha de Protoacero, uno de los taladros de Delme, el que se encontraba más adelante de él, terminó por romperse, perdiendo la parte delantera de éste. Luego de eso, la hoja pasó de Delme siguiendo su camino hacia el lado.
“¡Maldición!” Exclamó el Toa de Tierra observando lo que quedaba de su taladro. “Cuando lo repare le pediré a Cehk que me lo refuerce con Protoacero.” Luego de eso guardó el taladro dañado en su espalda, quedando con uno solo en uso.
Hakjo atacó potentemente a Cehk y a Fajit, creando duros bloques de piedra los cuales les arrojaba cargados con energía sombría. Cehk para cubrirse de los ataques de Hakjo, creó un grueso escudo de Protoacero, el cual sostenía con su mano izquierda, mientras que sostenía su espadón con la derecha. Fajit entretanto esquivaba los ataques moviéndose velozmente gracias al poder de su máscara.
“¡Hakjo, eres un Toa, ¿por qué haces esto?!” Preguntó Fajit.
“¡No necesito darte explicaciones, novato!” Respondió Hakjo, y comenzó a crear rocas aún más grandes.
“Hakjo, ¡tu poder es impresionante!” Dijo Cehk y se cubrió con dificultad de una roca, la cual hizo que retrocediera un par de metros. “¡Si lo utilizaras para el bien serías un gran héroe!”
“En este mundo no hay tal cosa como el bien y el mal...” Respondió Hakjo lanzando más rocas. “¡Todo esto no es más que un sistema!”
“¿Un sistema?” Preguntó Fajit y esquivó una roca. “¿A qué te refieres?”
“¡No será necesario que lo entiendan! ¡Hoy morirán!” Terminó diciendo el Toa traidor, y concentrando sus poderes de Sombras y de Piedra, elevó un pedazo del suelo en el que estaba parado, sosteniéndolo con energía sombría que salía del suelo, luego arrancó cuatro trozos de piedra de gran tamaño del suelo con la misma energía sombría.
“Prepárate Fajit.” Dijo Cehk manteniendo estrictamente la guardia. “Algo malo hará.”
En seguida Hakjo utilizó la energía sombría que sostenía los grandes trozos de piedra que arrancó del suelo para lanzar dos de ellos a los Toa. Cehk saltó hacia atrás, logrando esquivar por poco el trozo de piedra, el cual se devolvió hacia atrás por la energía sombría. Fajit por tanto corrió nuevamente usando el poder de su máscara de la velocidad, pero ya empezando a quedar algo cansado por usarlo muchas veces, y el trozo de piedra que se le fue arrojado igualmente se devolvió. Mientras ambos trozos se devolvían, los otros dos fueron lanzados por Hakjo, por lo cual Cehk no alcanzó a reaccionar para esquivar, por lo que se vio obligado a cubrirse con su escudo y su espada a la vez, arrodillándose bruscamente por la fuerza del golpe, y generando un pequeño cráter en el suelo bajo sus pies. Fajit al estar cansado de usar la máscara, Creó una enorme mano de piedra del suelo que atrapó el trozo que Hakjo lanzó, aplastándolo, sin embargo la energía sombría que sostenía el trozo de piedra provocó una explosión oscura, golpeando a Fajit fuertemente.
“Es... Muy... Poderoso...” Dijo Cehk con dificultad mientras aún forcejeaba con el trozo de piedra, y el cráter abajo de él se agrandaba.
“Hakjo...” Dijo Fajit recuperando su aliento. “¿La razón de que te entregaras a las sombras se debió a aquel incidente?”
“¿Incidente?” Preguntó Hakjo.
Zokua atacaba con más fuerza que hace unos instantes a Dhotter, intentando golpear con bastante fuerza, mientras que su adversario bloqueaba todos los golpes sin esfuerzo, como si estuviese nada más que jugando con el Toa de Fuego.
“¿No que perecería, Toa?” Preguntó Dhotter desdeñando a Zokua. “¡Demuéstrame tu verdadero poder!” En seguida dio un salto hacia atrás, y clavó su poderosa lanza en el suelo, creando una fuerte onda expansiva repleta de energía sombría. Zokua hizo lo que pudo para resistir el impacto, sin embargo terminó cediendo ante la increíble fuerza de éste, saliendo hacia atrás y cayendo al suelo. Después de eso, Dhotter se acercó a él.
“¿Por qué...? ¿¡Por qué mataste a Daral, miserable!?” Preguntó Zokua frustrado.
“Solo fue una basura que se me cruzó en mi camino.” Respondió Dhotter. “Así que lo usé como alimento para mi Lanza de la Muerte. De algo debía servir ese Matoran, ¿no?”
“Qué... ¡¡¿Qué maldito Karzanhi dices infeliz?!!” Gritó Zokua con furia, y su cuerpo se empezó a encender, llenándose de potentes llamaradas, al igual que en su pelea anterior con Dhotter.
“Eso es... ¡Eso es!” Dijo el malvado ser retrocediendo unos pasos. “¡Por fin valdrá la pena acabar contigo!”
“Daral era mi mejor amigo... Y tú... ¡¡Tú...!! ¡¡Te refieres a él solo como basura, y como alimento para esa maldita lanza!!” Volvió a exclamar Zokua poniéndose de pie. “¡¡No te lo perdonaré!!” En seguida golpeó hacia el suelo con sus cuchillas, creando una gran explosión que generó una llamarada de varios metros de altura. Dhotter se teletransportó a tiempo, pero notó que quedó con una quemadura en un brazo al llegar. Sin darse cuenta, Zokua se acercó velozmente a él propulsándose con fuego y le propinó un rodillazo en su barbilla, haciendo que el oscuro ser cayera al suelo. Zokua entonces se puso en frente de él mientras aún se encontraba aturdido, guardó sus cuchillas en su espalda, se agachó, y encendiendo sus puños, comenzó a golpear duramente a Dhotter en la cara, quien se quejaba por los golpes.
“¡Sufre! ¡¡Sufre miserable!!” Exclamaba el Toa de Fuego lleno de ira.
Jekal creó una enorme barrera de hielo sobre él y Netel para protegerse de la lluvia de ácido que disparó Rofgak hacia ellos.
“No aguantará...” Dijo Jekal viendo como el ácido traspasaba el hielo sin poder regenerarlo lo suficientemente rápido.
“¡Derrítanse Toa, derrítanse con el ácido de Rofgak!” Decía el Skakdi modificado mientras seguía disparando ácido hacia arriba. De pronto, Jekal dejó de concentrarse en la barrera, y disparó un rayo congelante al cañón de Rofgak, quien exclamó:
“¡Rofgak ya dijo anteriormente que es inútil congelar su cañ-...” El Skakdi se vio interrumpido por un rayo congelante que llegó a su mandíbula, no pudiendo hablar. En seguida el Toa de Hielo volvió a disparar, esta vez dándole en los ojos. Mientras eso pasaba, el cañón de Rofgak se descongeló tan rápido como se congeló, y empezó a disparar nuevamente hacia arriba, pero sin poder ver nada. Netel entonces llegó detrás de él, y colocó sus manos a los lados de su cabeza.
“Siente el sonido, de tu derrota.” Dijo el Toa del Sonido, y en seguida generó una intensa onda sónica, la cual solo Rofgak podía escuchar, en sus oídos, y lo suficientemente potente como para causarle un intenso dolor, el cual lo dejó fuera de combate.
Tihur se desplazó volando y dijo en tono burlesco:
“Tus espinas no llegan tan alto, ¿no es así?”
Vahtor comenzó a reir, y en seguida exclamó: “¡Te engañé Toa!” Posteriormente las espinas que creó del suelo, salieron disparadas con fuerza hacia arriba, lo suficientemente fuerte como para clavarse en el techo de la enorme cámara. Tihur logró evadirlas por centímetros y dijo:
“Vaya, no me lo esperaba.” En seguida el Toa de Aire abrió fuego hacia Vahtor mientras emprendía vuelo, no logrando darle al mutante, y por poco dándole a Muzek, quien saltó para evitar el disparo.
“¡Apunta bien, soquete!” Exclamó el Toa de la Flora.
“¡Lo siento! ¡No soy muy bueno disparando mientras vuelo!” Respondió Tihur, y por estar desprevenido, una espina que se dirigía hacia él perforó una de sus alas, llevándolo rápidamente hacia arriba, y dejándolo colgado en el techo.
“¡Tihur!” Exclamó Muzek.
“¡Woah! ¡Puedo ver las peleas de todos desde aquí!” Dijo el Toa de Aire fascinado por la vista.
“¡Muere, Toa irritante!” Dijo Vahtor disparando más espinas hacia donde estaba Tihur, quien al verlas venir, reaccionó utilizando el poder de su máscara, teletransportándose y cayendo encima de Vahtor.
“¿¡Qué!? ¡Sal de ahí de inmediato!” Exclamó Vahtor, y rápidamente Muzek aprovechó de utilizar su poder de Flora para crear troncos del suelo, los cuales dejaron a Vahtor atrapado impidiendo clavar sus patas en el suelo. Tihur saltó de encima del mutante mientras se elevaba por los troncos.
“No subestimes a ese idiota.” Dijo Muzek haciendo que surgieran ramas de esos troncos, las cuales se enredaron en Vahtor, sujetando sus patas para que no tuviese la posibilidad de clavarlas en el tronco. “Ni a mí.”
“¡Bien hecho!” Exclamó Tihur dando un salto de celebración.
“Los odio... Toa...” Dijo Vahtor frustrado.
En paralelo a esos sucesos, Vinkah, confiada en su habilidad de ilusión, forcejeó con Ahnia convertida en una copia de la Toa de Psiónica ante los ojos de Heji, intentando confundila.
“C-¿Cuál es la verdadera?” Dijo la Toa de Agua después de que ambas Ahnia que veía ante ella ya se habían confundido por sus movimientos.
“Hermanita, ayúdame, ¡yo soy la verdadera!” Dijo una de las Ahnia.
“Esto...” Heji continuaba confundida, hasta que de pronto sus ojos se abrieron más, y en seguida la Toa disparó un potente chorro de agua a la Ahnia que le pidió ayuda.
“¿¡Pero qué!?” Dijo aquella al caer al suelo por el golpe.
“Déjame decirte que tu idea desde un principio fue una estupidez.” Dijo Ahnia. “Se te olvida que poseo todo ese tipo de habilidades mentales, y acabo de aprender a utilizar las ilusiones, así que solo me bastó poner una imagen en la mente de mi hermanita para que te viera con tu forma normal, solo que algo deforme.”
“¡No!” Exclamó Vinkah enojada.
“Además, Ahnia no suele pedirme ayuda de ese modo.” Dijo Heji.
“Ahora, sigamos probando estas habilidades que acabo de aprender.” Dijo Ahnia, y se concentró en Vinkah, quien de pronto, comenzó a sentir que estaba bajo el agua, y presenciar una gran cantidad de tiburones Takea gigantes, parecidos al que la intentó atacar anteriormente, nadando alrededor de ella. Los tiburones emitían ruidos muy realistas, y Vinkah tenía una sensación de ahogo y terror a la vez.
“¡No! ¡Aléjalos de mí! ¡Auxilio!” Gritaba Vinkah bajo la poderosa ilusión de Ahnia.
“Me pregunto qué fue lo que le hiciste.” Dijo Heji.
“Esto.” Dijo Ahnia transmitiendo un par de segundos de lo que Vinkah veía, a la mente de Heji.
“Q-¡Qué horror!” Dijo la Toa de Agua con inquietud.
“Dejémosla así un rato, para que aprenda a no meterse con una Toa de Psiónica.”
Delme esquivaba golpe tras golpe de la gran hoja flexible de Zentrix, quien continuaba manejándola sin descanso, intentando cortar al Toa de Tierra.
“¡Debo contraatacar también!” Dijo Delme, y luego de esquivar un ataque, atacó hacia el suelo con el taladro que le quedaba, generando energía sísmica que llegó hasta Zentrix, partiendo el suelo debajo del Skakdi, quien saltó rápidamente para evitar caer. Delme repitió eso antes de que Zentrix aterrizara, haciendo que volviera a saltar en el momento en que cayó al suelo.
“¡Eso no funcionara, Toa!” Exclamó el Skakdi de Hierro atacando con su hoja dentada mientras saltaba. Delme dio una voltereta hacia un lado para esquivarlo, y volvió a intentar un ataque sísmico, haciendo que Zentrix volviera a saltar en el momento que llegó al suelo. Sin embargo esta vez, cuando el Skakdi aterrizó, el suelo debajo de él se desplomó, provocando que cayera en lo profundo de un agujero y exclamando:
“¿¡Pero qué ‘Irnakk’!?”
“No pensé que funcionaría.” Dijo Delme al acercarse al agujero. “Hice que los ataques sísmicos que te lancé deterioraran el suelo debajo de ti, pero no creí que saltarías en los mismos lugares una y otra vez, por eso dudé que funcionara.”
“¡Te maldigo, Toa!” Dijo Zentrix, y cuando quiso intentar atacar con su hoja, Delme colocó sus manos en el suelo y lo cerró, atrapando al Skakdi de Hierro bajo tierra, solo quedando su cabeza al descubierto.
“¡No me puedo mover!” Se quejó Zentrix.
“Pues esa es la idea.” Respondió Delme y dio un suspiro de alivio.
Mientras todo lo anterior ocurría, Cehk se mantenía protegiéndose del gran trozo de piedra que Hakjo controlaba para intentar aplastarlo, hasta haciendo una maniobra bastante arriesgada, en la que dejó solo su escudo cubriéndolo, clavó su espadón en el suelo, creando un gran puño de hierro de desde el suelo, que golpeó el pedazo de piedra, y lo lazó hacia arriba con fuerza, dándole oportunidad de salir de ahí.
“Nidrek me habló de un incidente que ocurrió poco antes del primer ataque de Kudarax.” Dijo Fajit. “Y estuve pensando sobre aquello.”
“Un incidente... Nidrek... Y...” Dijo Hakjo colocando su mano en su cabeza, y luego exclamó quitándola de ahí: “¡Eso no hará que cambie!” Posteriormente volvió a intentar atacar a los Toa intentando aplastarlos con los pedazos de piedra cubiertos en sombras. Cehk se protegió con una barrera de Hierro que creó de su escudo, y Fajit volvió a utilizar su máscara a pesar del cansancio mental.
“¡El incidente en que un grupo de piratas Skakdi atacaron Kaaciah Po-Koro!” Exclamó Fajit. “Nidrek no era tu único mejor amigo... ¡Ustedes eran tres amigos!”
De pronto Hakjo empezó a recordar algunas cosas abriendo un poco más sus ojos, y diciendo:
“Molzun...”
“¡Molzun era su nombre, el Matoran amigo tuyo que murió en ese incidente!”
“Molzun... No pude... ¡¡Aaaargh!!” Hakjo se empezó a quejar de intenso dolor de cabeza.
“¡Hakjo!” Exclamó Cehk. “¿Quieres que tragedias como esa vuelvan a ocurrir?”
“¡¡Cierra la boca...!!” Gritó el Toa traidor y empezó a atacar nuevamente mientras sufría de un dolor de cabeza insoportable. Cehk se cubrió con más dificultad que antes, provocando un nuevo cráter en el suelo, y Fajit volvió a correr, tropezando al detenerse por el cansancio. Mientras Cehk se cubría, dijo:
“¡No sé a qué te refieres con que este mundo es un sistema... sin embargo, los Matoran... nosotros los Toa... somos parte de ese sistema del que hablas... y nuestro deber en él es protegerlos de quienes tengan malas intensiones! ¡¿Que el bien y el mal no existen?! ¡¡Eso es desperdicio de Kane-Ra!! ¡Querer controlar a otros, querer hacerle daño a otros solo por deseos egoístas, ese tipo de cosas a mi parecer son malvadas! ¡Y como Toa, tenemos el deber de proteger a los Matoran de eso!” En seguida el Toa de Hierro usó todas sus fuerzas, y mandó hacia un lado el trozo de piedra que intentó aplastarlo.
“¡Hakjo, recuerda a tus amigos!” Exclamó Fajit aún cansado. “¡Una verdadera amistad nunca muere!” Luego Cehk dejó su espadón clavado en el suelo, seguidamente creó desde sus pies una plataforma de hierro que lo impulsó hacia donde estaba Hakjo, cubrió su puño con una gruesa capa de Protoacero, y gritando: “¡¡Abre los ojos, Hakjo!!” Golpeó en un lado de la máscara a Hakjo, botándolo de la plataforma que estaba sujetada en el aire por energía sombría, que luego de eso cayó al suelo junto con los demás trozos. Cehk aterrizó cerca de Hakjo, y se arrodilló del cansancio.
“Ya pude recordarlo...” Dijo Hakjo acostado en el suelo. “Tu golpe... me hizo recordarlo...” Luego se levantó, quedando sentado. “No pude proteger a Molzun durante ese ataque... dejé que lo mataran...” Miró al suelo. “Entonces recurrí a Kudarax, para que me ayudara a volverme más poderoso, y así poder proteger a Nidrek, y a los demás Matoran... Él accedió a entrenarme en el elemento de las sombras, utilizando mi ira y mis sentimientos negativos, a cambio que lo ayudara con su investigación sobre esta isla... Sin embargo, cuando pude controlar esos poderes en cierta medida, él me ofreció amplificarlos con algo que hizo en mi cuerpo, y en mi mente, lo cual me hizo olvidarme de mi propósito original... El cual tú, Toa de hierro, me has hecho recordar.”
“Hakjo...” Dijo Fajit acercándose.
Dhotter, quien recibía golpe tras golpe del furioso Zokua, finalmente reaccionó y se teletransportó unos metros más atrás, más o menos cerca de donde estaba Zentrix atrapado, y disparó una potente ráfaga de sombras hacia el Toa de Fuego, quien no alcanzó a reaccionar a tiempo, recibiendo el poderoso ataque de lleno, lo que le hizo caer al suelo aturdido.
“Debiste matarme cuando pudiste, Toa.” Dijo Dhotter algo agotado.
“Zokua está en problemas” Dijo Jekal, y él junto a Netel fueron donde el Toa de Fuego. Mietras Vinkah ya salía de la ilusión que le introdujo Ahnia en sus sentidos, y dijo:
“No me han derrotado... No me detendré hasta acabar con ustedes en nombre de Kudarax...”
“¡Rofgak no se rendirá!” Exclamó Rofgak luego de que se derritiera el hielo en su boca. “¡¡Rofgak esta vez no le fallará a Kudarax!!”
“¡Debemos vencer a estos odiosos Toa, por nuestro creador Kudarax!” Exclamó Vahtor intentando salir de su aprisionamiento.´
“¡Kudarax! ¡Debemos luchar por Kudarax!” Exclamó Zentrix intentado moverse con su cuerpo bajo tierra.
“¿Por qué...?” Dijo Heji, y luego alzó la voz. “¿¡Por qué insisten tanto en seguir a Kudarax!? ¡Ya basta! ¡Él solo los está utilizando!”
“Pues porque él nos dio un propósito...” Respondió Vinkah.
“Rofgak fue tratado como basura en su tierra natal... ¡Kudarax no trató así a Rofgak!” Dijo el Skakdi modificado.
“Así es...” Dijo Vahtor. “Todos fuimos desechados por nuestras propias especies, vivimos vacíos y sin propósito alguno.”
“Pero al convertirnos en los sujetos de prueba de Kudarax...” Dijo Zentrix. “...Y seguidamente en sus seguidores, ¡él nos concedió una razón para vivir, y nos trató como los suyos!” Los Toa se quedaron observándolos y pensando en lo que decían.
“¡Dhotter, danos ‘eso’!” Exclamó Vinkah.
“¿Estás segura?” Preguntó el sombrío ser.
“¡Solo dánoslo!” Exclamó Zentrix, y en seguida Dhotter, luego de recuperarse un poco, se teletransportó al frente de Vinkah, entregándole una pequeña cápsula con una sustancia en su interior, en seguida fue con Zentrix, Rofgak, y finalmente Vahtor, a quien se la dio directamente en su mandíbula. Los cuatro seres, al ingerirla, comenzaron a gritar de dolor, y un aura oscura empezó a brotar de sus cuerpos.
“¿Qué les está pasando?” Preguntó Muzek con nerviosismo.
“Sea lo que sea, nada-nada bueno.” Dijo Tihur.
“Se trata de un compuesto.” Aclaró Dhotter. “Que entre otras sustancias, contiene una pequeña porción de la esencia de Makuta Kudarax.”
“¿Esencia de... Kudarax?” Dijo Delme. Los cuatro seres que ingirieron aquella cápsula, recobraron todas sus fuerzas, las cuales aumentaron exponencialmente. Vahtor destruyó las fuertes ramas que lo aprisionaban, y clavando sus patas delanteras en el tronco que lo elevó, creó espinas diez veces más grandes y poderosas que antes atacando a Tihur y a Muzek quienes al intentar esquivarlas, fueron golpeados por los lados de estas con mucha fuerza. Rofgak se puso de pie, y cargando rápidamente su cañón que empezó a despedir una especie de vapor, disparó una poderosa y continua ráfaga de ácido hacia Netel y Jekal, quienes estaban junto al aturdido Zokua. Ambos se vieron obligados a salir de ahí rápidamente, con Zokua en la espalda de Jekal. Zentrix hizo salir un montón de puntas de metal del suelo alrededor de él, las cuales empezaron a moverse alrededor de él, moliendo la gran cantidad de tierra que lo rodeaba, para luego poder salir. En seguida saltó y creó gran cantidad de hojas dentadas parecidas a la que creó anteriormente para atacar a Delme, quien al intentar esquivarlas, fue herido en su hombro, derribándolo. Mientras que Vinkah, se puso de pie, y creó un ejército de ella misma rodeando a Ahnia y Heji.
“No puedo distinguir cuál es la verdadera...” Dijo Ahnia con inquietud. “¡No logro leer su mente!” De pronto el suelo debajo de ellas pareció que empezara a oscilar ante sus sentidos, y las Toa comenzaron a sentir que se hacían más pequeñas. Las Vinkah entonces empezaron a correr alrededor de ellas, y algunos golpes surgían de aquello, hiriendo a Ahnia en su espalda, y a Heji en su abdomen, ambas cayendo al suelo derribadas.
De pronto, Zokua recobró en conocimiento en la espalda de Jekal.
“¿Qué sucedió...?” Se preguntó el Toa de Fuego, y luego al darse cuenta de lo que pasaba dijo: “¡Bájame! ¡Debo acabar con Dhotter!” Luego se soltó y comenzó a correr en dirección a donde estaba Dhotter.
“¡Espera!” Exclamó Jekal mientras seguía corriendo para evadir el poderoso ácido de Rofgak.
“Si sigue así o lo matará Dhotter, o él lo matará, lo cual también sería malo...” Dijo Netel también corriendo. Repentinamente una salpicadura de ácido llegó a un brazo del Toa del Sonido, haciendo que se cayera por el intenso ardor, mientras se quejaba.
“¡No, hermano!” Dijo Jekal y retrocedió para socorrerlo, sin embargo la ráfaga de ácido estaba muy cerca, por lo que tuvo que crear un poderoso rayo de hielo para repelerlo usando todo su poder, y dijo: “No creo resistir mucho tiempo...”
“¡¡Dhotter!!” Exclamó fuertemente Zokua acercándose al ya agotado Dhotter.
“¿Vienes a acabar conmigo... Toa?” Dijo el ser y empuñó su lanza. “No te será tan fácil... Aún conmigo en este estado...”
Mientras tanto, Cehk, quien estaba junto a Fajit y Hakjo, se dio cuenta de lo que pasaba metros más allá, y exclamó:
“¡Los demás Toa! ¡Están en peligro!”
“Creo que es hora de expiar mis pecados...” Dijo Hakjo levantándose.
“¿Qué harás?” Preguntó Fajit. “¿Nos ayudarás?”
“Huyan...” Respondió Hakjo mientras empezó a cargar todos sus poderes. “Vayan a la entrada de al medio, los conducirá a donde está Kudarax.” En seguida se agachó y colocó sus manos sobre el suelo, despidiendo una gran cantidad de energía. Seguido de eso, mucha energía de sombras apareció alrededor de Zentrix, Vinkah la cual suprimió su ilusión, Vahtor, Rofgak que hizo que cesara su disparo de ácido, y finalmente Dhotter, quienes quedaron atrapados en una masa de piedra y sombras sin poder moverse. Rápidamente, grandes manos hechas de roca recogieron tanto a los Toa derribados como a los que estaban de pie, llevándolos a la salida que él indicó.
“¡Espera! ¿¡Qué haces!? ¡¡Lo tenía en donde lo quería!!” Exclamó Zokua muy enojado.
“¿¡Qué crees que estás haciendo!?” Exclamó Zentrix con una profunda, grave, y fuerte voz, diferente a la que tenía normalmente.
“¡¡Hakjo!! ¡¡Maldito seas Toa!!” Exclamó Vahtor igualmente con su voz cambiada.
“¡¡Eres un traidor, tanto para los tuyos, como para nosotros!!” Exclamó Vinkah.
“¡¡No!! ¡¡Rofgak no puede fallar!! ¡¡¡NO!!!” Gritó el Skakdi modificado. Dhotter por tanto se limitó a estar en silencio.
“Pero Hakjo... ¿qué harás?” Preguntó Fajit preocupado.
“Díganle a mis hermanos... y a Nidrek... que lo siento mucho...” Terminó diciendo Toa Hakjo, para luego empujar a Fajit y a Cehk hacia la salida moviendo el suelo bajo ellos. En seguida, Hakjo, el antiguo Toa de Piedra del original grupo de los Toa Kaaciah, quien en ese momento usando hasta la última gota de su poder, tenía completo control de toda la cámara hecha de piedra, y comenzó a hacer que las enormes columnas de ésta se derrumbaran, luego el techo comenzó a agrietarse. Mientras aquello ocurría, el ahora de nuevo un poderoso héroe, recordó toda su vida, tanto como Matoran, como de Toa. Las aventuras junto a Toa Makki y sus hermanos, hasta el momento en que sucumbió ante las sombras de Kudarax, lamentándose. También recordó que Rofgak y Zentrix eran parte de los piratas Skakdi que atacaron su aldea, lo que provocó la muerte de su amigo Molzun, por lo que también sintió algo de satisfacción. El techo entonces comenzó a derrumbarse sobre toda la cámara, y Hakjo exclamó:
“¡Desaparezcan, engendros de Kudarax!” Seguidamente todo lo que estaba allí fue aplastado por el techo que caía.
“¡¡Hakjo!!” Gritó desconsoladamente Fajit mientras veía como la entrada se iba bloqueando por la gran cantidad de piedras y escombros que caían desde arriba.
“Hakjo...” Dijo Cehk con una expresión de tristeza. “Al final fuiste un verdadero Toa...” Los Toa que estaban totalmente conscientes también observaban la escena, sin saber qué decir exactamente.

Capítulo 15 - Cehk v/s Zokua

Kudarax, haciendo una pausa de la cruel tortura que le propinaba a los Turaga, se volteó y observó lo que sucedía en las Ruinas Malditas.
“Así que al final me has traicionado, Hakjo...” Dijo Kudarax con pesar. “Y te has sacrificado para destruir a mis valiosas creaciones... No pensé que terminarías siendo un experimento fallido.”
“Hakjo... así que al final...” Dijo Turaga Makki débilmente y luego tosió.
“Siempre supimos... que en el fondo... él seguía siendo el gran Toa... que siempre fue...” Dijo Huobul con dificultad igualmente. Kudarax entonces se volvió a voltear hacia los Turaga cautivos, y dijo:
“Que bien que aún les quede energías para hablar, ya que aún no han sufrido lo suficiente. En cuanto los Toa lleguen y acabe con ellos con mis propias manos, ¡haré los peores experimentos que puedan imaginarse con sus patéticos cuerpos! ¡Los mantendré con vida hasta que considere que no se les puede hacer nada más horroroso! ¡Sentirán en carne propia todo lo que tuve que pasar durante años!”
“Estás demente... Kudarax...” Dijo Divuor.
“Los jóvenes Toa no lo permitirán... Ellos no perderán...” Dijo Nella.
“Eso ya lo veremos... ¡Así que prepárense!” Respondió Kudarax, y en seguida se empezó a reír.

Los Toa se encontraban en un corredor muy similar al que usaron para ingresar a las Ruinas Malditas, del mismo alto y ancho, sin embargo, se diferenciaba en que éste tenía en sus paredes, techo y suelo numerosas líneas brillantes en las que fluía una especie de energía de color azul, y mantenían levemente iluminado el lugar. Los Toa que estaban heridos se comenzaron a recuperar, mas se veían muy cansados. Delme mentaría su mano en su hombro, el cual fue herido por el ataque de Zentrix, mientras que Heji tenía su mano en su abdomen, cuya armadura estaba con un tajo. Netel por tanto tenía su mano en su brazo, el cual tenía la armadura semi-derretida, y con una quemadura en su parte orgánica de éste. Tihur y Muzek aún se encontraban medio-aturdidos por los fuertes golpes que les propinaron las espinas de Vahtor. Ahnia se le veía cansada, y se quejaba un poco por el corte en la armadura de su espalda. Jekal estaba relativamente bien, Cehk y Fajit se les veía algo entristecidos, mientras que Zokua estaba evidentemente enojado.
“¿Que sucedió...?” Preguntó Ahnia al estar más espabilada.
“Ahnia...” Dijo Cehk. “Si es posible, mira mis recuerdos recientes, y transmítelos a los demás Toa a excepción de Fajit. Todos deben presenciar el heroico acto de Hakjo... Solo si puedes...”
“Creo que sí puedo, dame unos segundos.” Respondió la Toa de Psiónica, y empezó a concentrarse en Cehk, leyó sus recuerdos más recientes, y seguidamente los transmitió a los demás Toa. Al terminar, Ahnia se tambaleó casi cayéndose, si no fuera porque Cehk la sostuvo en el momento indicado. “Así que eso ocurrió...”
“Dio su vida para salvarnos...” Dijo Delme luego de ver los recuerdos.
“Lo perdono... Por el golpe...” Dijo Tihur.
“Toa Hakjo, nunca serás olvidado.” Dijo Netel.
“Hakjo...” Dijo Fajit, y los Toa se quedaron en silencio por algunos segundos.
“Así que ese maldito fue el que no me dejó acabar con Dhotter.” Dijo Zokua rompiendo el silencio de forma altanera.
“Espera un momento.” Dijo Cehk con molestia, luego hizo que Fajit sostuviera a la agotada Ahnia, y caminó hacia Zokua.
“Cehk... No lo hagas...” Dijo la Toa de Psiónica al recibir pensamientos de Cehk.
“Yo y los demás Toa ya hemos soportado bastante tu arrogancia, Zokua.” Dijo Cehk enojado llegando a donde el Toa de Fuego, y lo agarró con su mano de una parte de la armadura de Zokua cercana a su cuello. “¡Pero no aguantaré que hables así del gran Toa que acaba de dar su vida por salvarte a ti y a tus hermanos!”
“¡Yo no necesitaba ser salvado!” Respondió Zokua. “¡Estaba a punto de acabar con Dhotter con mis propias manos, y él lo arruinó!”
“¿¡Solo eso te importa!?” Cehk se enojó más. “¿¡Tu maldita venganza!?”
“Y si es así, ¿qué harás? ¿Vas a atacarme?”
“Oigan, ya es suficiente.” Intentó intervenir Jekal.
“Zokua... No sigas...” Dijo Heji con bastante preocupación.
“Ustedes, manténganse al margen.” Dijo Cehk de manera estricta y mirando a los demás Toa, haciendo que retrocedieran.
“Esto es entre él y yo.” En seguida Zokua aprovechó para soltarse del agarre de Cehk, y retrocedió un par de pasos para luego decir:
“¿Disfrutas ser el líder, ‘Toa de hojalata’?”
“¿¡Ya empezarás de nuevo con lo de ser el líder!?” Alegó Cehk, y en seguida Zokua sacó sus cuchillas, juntándolas en una sola mano.
“¡Ya estoy harto de ti!” Exclamó el Toa de Fuego.
“¿Me estás retando?” Preguntó Cehk colocando su mano en su espadón.
“¡Saca tu espada, ‘Toa de hojalata’! ¡Si te consideras digno de ser el líder, enfréntame!”
“Tú lo pediste.” Respondió Cehk sacando su espadón, y en seguida Zokua arremetió hacia Cehk para atacarlo con su doble cuchilla, mientras que el Toa de Hierro se defendió con su espadón de Protoacero. Zokua continuó golpeando mientras que Cehk solo se cubría.
“¿Que sucede, líder?” Preguntó Zokua mientras atacaba insaciablemente. “¿Solo te cubrirás? ¡Pelea!” Inmediatamente Cehk respondió a eso con un fuerte movimiento de su espadón el cual blandía con ambas manos, empujando a Zokua, pero no logrando desestabilizarlo. Luego de eso Cehk procedió a perpetuar espadazos hacia Zokua, quién los esquivaba hábilmente.
“¡Demasiado lento!” Exclamó el Toa de Fuego contraatacando con una bola de fuego que golpeó a Cehk en su pecho, haciéndolo retroceder.
“Oigan, esto se está poniendo feo.” Dijo Muzek.
“No intervengan.” Dijo Netel.
“¿Por qué? ¡Los Toa no debemos pelear entre nosotros!” Dijo Delme.
“Estoy de acuerdo con eso. Y no estoy de acuerdo con solucionar siempre las cosas con violencia.” Dijo el Toa del Sonido. “Sin embargo pienso que Cehk necesita darle una lección a Zokua a cerca de su desmedida arrogancia.”
“Puede que tengas razón.” Dijo Jekal.
“Zokua... Cehk...” Dijo Heji aún preocupada.
“¿Sabes lo que le sucede al metal a altas temperaturas?” Preguntó Zokua, y en seguida disparó una fuerte llamarada hacia Cehk. “¡Se derrite!” Cehk esquivó la llamarada dando una voltereta hacia el lado, y luego creó un puño metálico para atacar a Zokua, al cual le disparó otra llamarada, derritiéndolo antes de que llegara hasta él. El furioso Toa de Fuego continuó disparando llamaradas hacia Cehk, quien se cubría de ellas creando barreras metálicas que salían del suelo, y moviéndose de su lugar antes de que se derritieran por el intenso calor. Cehk, luego de cubrirse de las llamaradas múltiples veces, volvió a arremeter para atacar con su espadón, con más rapidez que anteriormente, no permitiendo que Zokua esquivara todos los golpes, lo que provocó que se tuviera que cubrir con sus cuchillas.
“¡Hasta cuándo seguirás con esta tonta actitud arrogante y vengativa Zokua!” Dijo Cehk en medio del forcejeo. “¿¡Acaso no entiendes el deber de un Toa!?”
“¡Yo jamás elegí ser un Toa!” Exclamó Zokua enfurecido y encendiendo llamas en su cuerpo. “Si nunca me hubiese convertido en uno... ¡¡Daral no habría tenido que morir!!” Seguido de eso, Zokua separó su arma de la de Cehk, la encendió con intensas llamas, e intentó golpearlo con mucha ira, sin embargo Cehk aprovechó para atacar a sus cuchillas agitando su espadón con todas sus fuerzas, lo cual provocó que éstas se partieran, por la extrema dureza del Protoacero.
“¡¡Zokua, eres un idiota!!” Exclamó fuertemente Cehk mientras le propinaba un potente puñetazo al mentón con su puño cubierto de hierro, derribando al Toa de Fuego.
“¿¡Crees que yo sí elegí ser un Toa!? ¿¡Crees que todos aquí elegimos que llegara ese condenado Makuta a nuestra isla y perturbara nuestros rutinarios días de paz!?” Los demás Toa observaban y escuchaban lo que Cehk decía, mientras en sus consciencias sabían que él tenía razón en sus palabras.
“Pues a veces pareciera que lo disfrutaras... Como si siempre hubieses deseado ser uno...” Respondió Zokua quejándose del golpe. En seguida Cehk guardó su espadón en su espalda y dijo:
“Reconozco que muchas veces deseé ser uno, quizás para ser algo más que un pseudo-Onu-Matoran minero, discriminado por sus compañeros... Quizás por querer ser un héroe y hacer algo bueno por esta isla, por este mundo. Sin embargo, jamás creí que ocurriría, y por ende nunca consideré la enorme responsabilidad que significaba serlo. Pero cuando me convertí en uno, lo entendí... muy dentro de mí lo entendí, mi deber como Toa es proteger a los Matoran, apoyar a mis hermanos Toa en aquella dura tarea, y expulsar a todo aquello que intente atentar contra la paz y la armonía de esta isla. Los Matoran cuentan con nosotros Zokua, ¿qué crees que pensaría Daral viéndote así...?”
“¡Cállate!” Interrumpió Zokua. “Probablemente me culparía por dejarlo morir... Y por no poder vengarlo...”
“¡No digas tonterías! Él murió intentando salvarte, para que pudieras cumplir tu misión como Toa... ¡No para que te obsesiones con vengarlo! ¿De verdad crees que él sentiría algo de orgullo al verte con esa actitud tan patética? No permitas que su muerte haya sido en vano, Zokua... ¡Recapacita!”
“Esto... Yo...” Dijo Zokua corriendo la mirada, sin saber qué responder. Después de eso, Cehk comenzó a caminar, pasando de largo a Zokua, y diciendo:
“Bien... Iré a enfrentar a Kudarax.” Los demás Toa entonces comenzaron a caminar también, incluso quienes aún estaban cansados. Cuando pasaron de largo también a Zokua, Heji se volteó unos instantes para ver a Zokua, quien permanecía sentado en el suelo con la cabeza gacha.
“Zokua...” Dijo la Toa de Agua, y Ahnia colocó su mano sobre el hombro de su hermana diciendo:
“No te preocupes hermanita, necesita estar solo un rato.”


Capítulo 16 - Makuta Kudarax

Cehk, y los demás Toa Kaaciah detrás de él, caminaron unos pocos minutos por el ancho túnel que Hakjo les indicó que los conduciría hasta la ubicación de Kudarax, hasta que se divisó al fondo una gran entrada con compuertas, las cuales estaban cerradas. El Toa de Hierro al deducir que esa era la entrada a la guarida de Kudarax, se volteó hacia sus hermanos, y súbitamente Ahnia exclamó intentando acercarse rápidamente hacia él:
“¡Cehk, espera! ¡No!” Sin embargo antes que la Toa de Psiónica lograra alcanzarlo, Cehk creó una serie de fuertes barras de hierro verticales que provenían del suelo, llegando hasta el techo, y de las cuales por sus lados salieron más barras de hierro horizontalmente, quedando cuatro capas de barreras de hierro entre él y los demás Toa.
“¡Cehk! ¿Qué crees que haces?” Preguntó Delme desconcertado.
“La mayoría de ustedes están heridos o cansados.” Respondió Cehk. “Yo enfrentaré a Kudarax, ustedes descansen.”
“¡Pero hermano de hierro! ¡Nosotros aún podemos luchar!” Exclamó Fajit.
“¡Así es!” Afirmó Tihur.
“¡Ahora más que nunca debemos luchar unidos!” Dijo Netel.
“¡No permitiré que Kudarax los mate!” Respondió Cehk alzando la voz. “No se preocupen, estaré bien.” En seguida Cehk se volteó y empezó a correr en rumbo a la gran entrada que había en frente.
“¡Cehk...! ¡Pedazo de idiota!” Exclamó Delme golpeando la barrera de metal con sus puños y brazos a los lados de su cabeza.
“Cehk...” Dijo Ahnia preocupada, mientras observaba al Toa de Hierro alejarse.
Cehk en cosa de segundos llegó hasta la entrada, y al llegar empezó a recobrar su aliento. Era evidente que también sentía cierto cansancio, y que además estaba nervioso. De pronto, las compuerta se abrieron ante el valiente Toa de Hierro, permitiéndole ingresar a la cámara, la cual era de un tamaño mucho más pequeño que la anterior, mas también era bastante amplia. En sus muros tenía las mismas líneas de energía que el pasillo anterior, en el centro de ella había una especie de trono de piedra, y no se podía observar bien lo que había al otro lado por cierta oscuridad que inundaba la sala a pesar de las líneas del muro. Al ingresar y adentrarse algunos pasos, las compuertas se cerraron detrás de él, y una voz se comenzó a escuchar:
“Así que viniste solo, Toa de Hierro.”
“Tú debes ser Kudarax.” Respondió Cehk. “¡Muéstrate!” De las sombras, y como si formara parte de ellas, emergió una enorme figura, de al menos un metro más que un Toa, de armadura negra como la más profunda oscuridad, sus ojos eran grandes y anaranjados, de sus brazos salían cadenas, las mismas que lo mantuvieron aprisionado durante siglos, su cabeza no parecía portar una máscara, si no que aparentaba estar fusionada con ella, y en cada mano, portaba un afilado sable hecho de Protoacero.
“Eres terrorífico... Más de lo que me imaginé, Makuta.” Dijo Cehk con una leve sonrisa, y con un poco más de nerviosismo al verlo.
“Te he observado Toa, a ti y a tus hermanos desde que se convirtieron, pero especialmente, a ti.”
“¿A mí? ¿Por qué a mí?”
“Dime una cosa, Toa de Hierro, ¿por qué te empeñas tanto en cumplir tu deber? ¿Por qué deseas proteger a los demás Matoran que te discriminaron durante toda tu vida?”
“Pues es simple, es mi deber como Toa protegerlos, y mi destino es defender esta isla.”
“¿Tan simple como eso? ¿Por el simple hecho de ser un Toa tienes esa obligación? ¿Alguna vez te has cuestionado las tres virtudes? ¿El destino? ¿Por qué todo eso está predefinido?”
“¿Por qué debería cuestionármelo?”
“No te lo cuestionas debido a que tu ser está programado para no hacerlo. Este universo es un gran sistema de cosas, todo los sucesos en él están esquematizados.”
“Un sistema... Es lo mismo que dijo Hakjo...”
“Las Sombras nos han permitido a los Makuta ver más allá de aquello, y por esa razón, buscamos la supremacía, para romper aquel sistema que ata a nuestros destinos, ¡para escaparnos de esa predefinición programada!”
“No entiendo todo lo que me estás tratando de decir, Makuta.”
“¿Que no lo vez? ¡Todos los que vivimos en este universo somos marionetas de los Grandes Seres! ¡Incluso Mata Nui lo es! ¡Los Makuta no seremos controlados, nosotros debemos controlar!”
“Ya es suficiente... ¡No vine aquí a perder el tiempo escuchando tus divagaciones y delirios! ¡Vine aquí a enfrentarte Makuta!” Seguidamente Kudarax se rió y dijo:
“Vaya, al parecer tu limitada mente no es capaz de procesar las verdades que te estoy contando.”
“¡Dime dónde están los Turaga!”
“Allí están, obsérvalos.” Dijo Kudarax apuntando e iluminando a la pared en donde los Turaga estaban colgados de sus pies, totalmente maltratados, e inconscientes.
“Pero-... ¿¡Pero qué les has hecho!?” Preguntó Cehk con enojo.
“Solo les devolví una pequeña parte de los cientos de años de sufrimiento por los que tuve que pasar gracias a ellos... Luego de que unos seres me capturaron, cometieron numerosos y horribles experimentos...”
“Me pregunto a cuántos les has hecho tú lo mismo.”
“La mayoría después me lo ha agradecido, ¡ya que yo los he mejorado! En cambio a mí, me mutaron... me devolvieron la sensación de dolor... me privaron de muchos de mis poderes... Me encerraron... Así que después de tratar contigo y tus hermanos, ¡procederé a experimentar horriblemente con ellos, para que sientan lo que tuve que pasar durante mi cautiverio!”
“¡No te lo permitiré!”
“Entonces intenta vencerme Toa.” Se rió. “Te demostraré el poder que nos permitió ver la verdad de este, erróneamente llamado, ‘universo’.”
“¡Entonces adelante!” Terminó exclamando Cehk, en seguida corrió y saltó para arremeter contra el Makuta utilizando su espadón, sin embargo Kudarax fácilmente se cubrió con sus dos sables, los cuales al estar hechos de Protoacero, resistieron bien el impacto, y seguidamente los agitó al mismo tiempo, haciendo que Cehk retrocediera. Luego de aquello, Kudarax soltó una poderosa cadena de rayos de la cual Cehk intentó cubrirse, resultando electrocutado a causa de eso, y cayó arrodillado.
“¿Que no sabes que los metales conducen la electricidad, Toa ignorante?” Dijo Kudarax.
“Ciertamente he aprendido varias cosas hoy” Respondió Cehk levantándose. “Y entre todas, que los Makuta son unos completos dementes.”
“¡Somos pensadores! ¡Científicos!” Dijo Kudarax mientras soltaba nuevamente cadenas de rayos hacia Cehk, quien esta vez las esquivaba. “¡Somos superiores! ¡Nuestra inmensa sabiduría nos da poder!” Continuó soltando rayos. “¡Jamás lo entenderías! ¡Nosotros vemos, lo que los demás no son capaces de ver!” Cehk volvió a correr hacia el Makuta evitando las cadenas de rayos, para volver a intentar atacarlo con su espadón, ataque que Kudarax bloqueó con uno solo de sus sables. “¡Por eso los Makuta debemos gobernar a los demás seres inferiores de este ‘universo’, que no son capaces de ver más allá!” Inmediatamente después Cehk dio un paso hacia atrás, y arremetió agitando su espada de abajo hacia arriba, lo que obligó a Kudarax a saltar hacia atrás para esquivar el ataque, pero de todas el ataque logró hacerle una pequeña grieta en la armadura de Protoacero del Makuta. Luego de eso Kudarax arremetió y atacó a Cehk usando sus sables con mucha potencia, obligando al Toa de Hierro a que se cubriera usando su espadón, pero con bastante dificultad.
“La mayor parte de los Makuta le temen a los Toa de Hierro.” Dijo Kudarax mientras forcejeaba con Cehk, llevando bastante ventaja. “A causa de su capacidad de utilizar el Protoacero, el cual es perjudicial para la armadura de un Makuta. Por esa razón los han ido exterminando, eres de los pocos que quedan en el universo.”
“¿Qué dices?” Preguntó Cehk desconcertado, y dio una voltereta hacia atrás para salir del forcejeo.
“A diferencia de mis hermanos, yo estoy interesado en los Toa de Hierro, les veo muchísimo potencial experimental.” Dijo Kudarax acercándose lentamente a Cehk. “Por esa razón te he observado a ti, Cehk.” En seguida los ojos del Makuta comenzaron a emitir mucho brillo. “Es una lástima, si hubieses entendido lo que decía, te habría ofrecido convertirte voluntariamente en uno de mis sujetos de prueba.” Luego disparó desde sus ojos un poderoso rayo calorífico, el cual Cehk alcanzó a esquivar dando una voltereta hacia el lado. “¡Te habría concedido poderes extraordinarios!” Volvió a disparar su visión calorífica la cual Cehk nuevamente esquivó.
“¡Jamás me convertiría en uno de tus fenómenos!” Exclamó Cehk.
“Por ese motivo, luego de vencerte, y acabar con los demás Toa, te conservaré vivo para al cabo de terminar mis asuntos pendientes, poder hacer todo tipo de experimentos contigo. ¡No desaprovechare esta oportunidad tan exquisita de experimentar con un Toa de Hierro!” Luego de decir eso disparó un continuo rayo de visión calorífica, girándose para perseguir a Cehk con él, por lo que Cehk creó un escudo en su mano izquierda para poder bloquearlo, sin embargo el escudo se comenzó a calentar intensamente y a derretirse, obligando a Cehk a soltarlo. Kudarax cesó su ataque diciendo:
“Así que no te preocupes, no voy a matarte, ¡pero en cuanto a tus hermanos, no dudaré en masacrarlos sin piedad!”
“¡Estás demente! ¡Detendré toda esta locura aquí y ahora!” Exclamó Cehk, luego se concentró en su espadón de Protoacero, y lo convirtió en una lanza con una gran hoja del mismo material, para luego arremeter en contra de Kudarax.

Fajit golpeaba con su doble maza, separada en ambas manos, repetidas veces contra la gruesa barrera de metal que Cehk creó para evitar que los Toa lo acompañaran, mientras que Delme igualmente intentaba romperla con el taladro que le quedaba.
“¡Esta barrera no se quiere romper!” Exclamó Delme medio alterado mientras usaba su taladro sin cansancio. “¡Rómpete maldita sea!”
“A pesar de que no está hecha de Protoacero, sin duda el hermano de hierro creó una barrera muy resistente.” Afirmó Fajit mientras seguía atacando a la barrera. Netel mientras tanto se encontraba en un estado de suma concentración, lo que llamó la atención de Tihur, quien le preguntó:
“¿Netel? ¿Qué haces?”
“No puede escucharte.” Respondió Ahnia, quien había leído la mente del Toa del Sonido. “Creó un campo de silencio alrededor de su cabeza, a causa de que los ruidos que causan Delme y Fajit al golpear el metal le causan dolor, debido a su sensible oído.”
“¡Lo tengo! ¿Cómo no se me ocurrió antes?” Dijo Delme dejando de atacar. “Excavaré este muro para que podamos rodear la barrera.”
“Espera Delme.” Dijo Muzek. “¿No crees que esa energía que se ve en las paredes podría ser peligrosa?”
“El hermano de flora tiene razón.” Afirmó Fajit cesando su ataque a la barrera. “No sabemos qué es esa energía, ni cómo se comporta.”
“Lo sé...” Dijo Delme algo inseguro. “Pero... No lo sabremos si no lo intentamos.” En seguida el Toa de Tierra, aún algo inseguro de si hacerlo o no, colocó su taladro en la muralla, y lo encendió, comenzando a perforarla. Al cabo de unos segundos y de haber perforado tan solo un poco la muralla, una fuerte descarga de energía sacudió a Delme, lanzándolo hacia atrás y haciendo que cayera al suelo de espalda.
“¡Delme!” Exclamó Ahnia.
“¿Te encuentras bien hermano?” Preguntó Fajit tratando de ayudarlo a ponerse de pié.
“Sí...” Respondió Delme. “Al parecer no podré perforar esa pared.”
“Yo lo sabía.” Dijo Muzek.
“Esta energía que fluye es muy intrigante.” Dijo Ahnia.
“¿Tú crees?” Preguntó Heji. Jekal mientras tanto se acercó a la barrera de metal, colocó sus manos sobre ella, y usando sus poderes la cubrió de hielo.
“¿Y tú qué haces Jekal?” Preguntó Tihur.
“¿Que no lo sabes?” Dijo el Toa de Hielo. “Los metales se vuelven más quebradizos con el frio extremo.”
“Vaya, no tenía idea.” Respondió Tihur. Delme y Fajit observaron lo que Jekal hizo y escucharon lo que dijo, por lo cual de inmediato se acercaron nuevamente a la barrera y prepararon sus armas.

Cehk chocó la dura hoja de su lanza de Protoacero con los sables del poderoso Kudarax, quien al rato de bloquear repetidos ataques del Toa de Hierro, se teletransportó detrás de él y le dio una fuerte patada en la espalda, lanzándolo hacia adelante. Cehk se volteó luego de ponerse de pié, y el Makuta dijo:
“Puedo leer todos los movimientos que ejecutarás segundos antes.”
“De todas formas logré agrietar tu armadura, no es imposible vencerte.” Respondió el Toa de Hierro, y volvió a intentar arremeter en contra de Kudarax.
“¿De verdad lo crees? ¡Solo he estado jugando contigo!” Seguidamente, Kudarax usó poderes magnéticos para atraer la lanza de Cehk, quitándosela de sus manos, y la arrojó lejos. Luego de aquello, guardó uno de sus sables, se teletransportó en frente del Toa de Hierro, y agarró la cabeza de Cehk, levantándolo.
“Si quisiera podría matarte en este instante, Toa de Hierro.” Dijo Kudarax de forma amenazante.
“De todas formas... mis hermanos que ya estarán recuperados... vendrían y te derrotarían.” Respondió Cehk sujetando la muñeca de Kudarax. “¡No se rendirán hasta haber protegido esta isla!”
“¿Sabes lo que contiene esta isla? ¿Conoces su propósito?”
“Ni idea... solo sé que es mi hogar... el hogar de mis hermanos Toa... y el de los Matoran que la habitan.”
“¡No tienen idea de lo que están protegiendo!” Exclamó Kudarax, y luego soltó una descarga eléctrica en Cehk, lo suficientemente fuerte para causarle intenso dolor sin matarlo, lo que hizo que el Toa de Hierro gritara de dolor. “¡Ustedes no saben absolutamente nada!” Cehk, en medio de todo el dolor que le provocaba la descarga eléctrica de Kudarax, movió uno de sus brazos, y creó una punta de Protoacero que salió de éste, la cual llegó hasta el hombro de Kudarax, perforándolo. Aquello provocó que la descarga eléctrica que le estaba propinando a Cehk, se transfiriera a Kudarax, electrocutando al Makuta, haciendo que soltara al Toa de Hierro; quien cayó al suelo arrodillado; y que retrocediera un par de pasos.
“El metal... Conduce la electricidad...” Dijo Cehk algo debilitado y electrificado.
“Reconozco que eso fue inteligente, Toa.” Dijo Kudarax volviendo a acercarse. “Pero ya me harté de jugar contigo.” El Makuta entonces guardando su otro sable, creó sobre cada mano una bola de energía de sombras. “¡Espero no dañar demasiado tu cuerpo!” Y las disparó hacia Cehk, quien intentó esquivar una tropezándose al moverse por estar algo débil ya, pero logro esquivarla. Al momento en que la siguiente se dirigía, creó desde el suelo una barrera de metal para protegerse de la bola de sombras, la cual explotó dañando la barrera, pero no haciendo mucho efecto en el Toa de Hierro.
“Veo que aún te queda energía elemental.” Dijo Kudarax creando dos bolas más, mientras que Cehk creó una pequeña punta de Protoacero en cada mano, seguido de eso el Makuta disparó nuevamente una bola de sombras hacia Cehk, quien logró saltar a pesar del cansancio para poder esquivarlo, y al caer arrojó hacia su adversario una de esas puntas, haciendo que se dirigiera muy precisamente a él gracias al poder de su máscara, sin embargo Kudarax leyó lo que Cehk pretendía, y logró esquivarla.
“¡No podrás asestarme!” Exclamó el Makuta, y soltó la otra bola de sombras, la cual Cehk volvió a esquivar dando una voltereta, y al terminarla, disparó otra punta de metal hacia Kudarax, quien volvió a esquivarla después de leer la mente del Toa de Hierro, sin embargo Cehk, usando su poder de precisión perfecta que le concedía su máscara, calculó la siguiente posición de Kudarax y de inmediato volvió a crear y a arrojar una punta de Protoacero hacia él, perforando uno de sus muslos, y haciendo que el Makuta se arrodillara exclamando:
“¿¡Pero qué...!?” En seguida Cehk creó más puntas de Protoacero las cuales arrojó hacia las extremidades del Makuta para intentar debilitarlo, y éste se quejaba por las perforaciones en su armadura. Kudarax creó una bola de sombras en frente de él usando sus dos debilitados brazos, y la soltó hacia delante. Cehk en el último momento, y usando la energía elemental que le quedaba, creó un grande y pesado poliedro de Protoacero con sus dos manos, y saltó para arrojarlo con todas sus fuerzas directamente encima del Makuta, luego de eso la bola de sombras impactó contra el Toa de Hierro, haciendo explosión, arrojándolo hacia atrás y haciendo que cayera al suelo aturdido. El poliedro golpeó duramente a Kudarax contra la pared, aboyando gravemente la parte delantera de su armadura, para luego caer al suelo en frente del Makuta.
“Despreciable Toa...” Dijo Kudarax con debilidad y muy adolorido, mientras intentaba ponerse de pié, sin poder lograrlo a causa de que Cehk dañó las articulaciones de la armadura del Makuta con las puntas de Protoacero. “No puedo moverme... Y me siento... Agotado...”
“He... Ganado...” Dijo Cehk con dificultad mientras intentaba levantarse. Repentinamente, la entrada a aquella cámara se abrió, y los otros ocho Toa Kaaciah ingresaron rápidamente, transportando partes de la barrera de Cehk. “¡Cehk!” Exclamó Delme al entrar, luego vio al Toa de Hierro abatido en el suelo y corrió hacia él. “¡Oh no!” En seguida entre él y Netel ayudaron a Cehk a ponerse de pie.
“Él lo venció...” Dijo Muzek estupefacto. “¡Cehk venció a Kudarax!”
“¡Increíble!” Dijo Fajit igualmente impresionado. Ahnia caminó hasta ponerse en frente de Cehk, para luego propinarle una bofetada en su máscara y exclamó:
“¡Eres un tonto!”
“¡Ahnia!” Dijo Netel sorprendido.
“Estaba preocupada... Todos lo estuvimos...” Dijo Ahnia mirando hacia el suelo. “No lo vuelvas a hacer...” Luego levantó la mirada. “¡Debes confiar en nosotros!”
“Ahnia...” Dijo Cehk, y sonrió. “Tienes razón.. lo siento mucho.”
“También tengo ganas de golpearte.” Dijo Delme. “Pero yo no seré tan bruto como para hacerlo en tu estado.”
“¿Me llamaste bruta?” Preguntó Ahnia y los demás Toa rieron. Cuando terminaron de reír, Cehk volvió a prestar atención al Makuta, diciendo:
“Se acabó, Kudarax...” Los demás Toa también pusieron su atención en él.
“Esto no puede... Estar pasando... Otra... Vez...” Dijo Kudarax débilmente.
“Vete de esta isla... ¡Y no vuelvas jamás...!” Clamó el Toa de Hierro. Sin embargo, repentinamente una figura apareció en frente de Kudarax, y para sorpresa de todos los presentes, se trataba de Dhotter, quien al observar a Kudarax dijo:
“Mi creador, discúlpeme por la tardanza. Me desharé de estos odiosos Toa, así que no se preocupe.” En seguida blandió su lanza en dirección a los Toa.
“¡Es Dhotter!” Exclamó Ahnia.
“Pero si... ¡Debería estar enterrado junto con los otros fenómenos de Kudarax!” Dijo Tihur desconcertado.
“Pues justo antes de que el techo cayera sobre mí, creé un campo de sombras que amortiguó el golpe, sin embargo de todas formas quedé inconsciente durante un rato, y apenas desperté me teletransporté hasta acá.” Respondió Dhotter mientras comenzaba a cargar una inmensa cantidad de energía que emanaba su Lanza de la Muerte. Kudarax, lleno de frustración, observó aquella energía, y, convocando con todo su ser las fuerzas y energías que le quedaban, creó en su aboyado pecho una Mano de Sombras, la cual dirigió hacia Dhotter, agarrándolo junto con su lanza.
“¡Mi creador...! ¡¿Qué es lo que hace?!” Exclamó Dhotter intentando liberarse, sin embargo le resultó imposible, y la mano de sombras lo dirigió bruscamente hacia el cuerpo del Makuta, absorbiéndolo junto con la poderosa Lanza de la Muerte, mientras que desesperado exclamaba:
“¡Por favor no haga esto...!”
“¡Absorbió a su propio seguidor!” Exclamó Fajit choqueado.
“Es un miserable...” Dijo Cehk. El cuerpo de Kudarax comenzó a emanar un brillo de color rojo fuerte, y a despedir de él rayos del mismo color, su armadura comenzó a repararse y a cambiar de forma, le brotaron grandes alas de su espalda, y el aura que se sentía en él, hacía notar el abrumador poder que estaba ganando el Makuta, quien no paraba de reír perversamente.
“Se siente un poder... Inmenso...” Dijo Ahnia al sentir la energía que emanaba de Kudarax.
“He-hermana...” Dijo Heji asustada.
“Esto es malo...” Dijo Delme aún sujetando a Cehk. Al terminar de transformarse, Kudarax expulsó una gran cantidad de energía, lo suficientemente fuerte como para empujar y botar al suelo a los nueve Toa que estaban en el lugar. “Que oportuno fue Dhotter.” Dijo Kudarax. “Mi poder... ¡Ha regresado!” Rió. “Creé la Lanza de la Muerte para que por cada víctima que Dhotter matase con ella, acumulara energía vital y se transformara en energía de sombras... ¡La cual podría absorber cuando realmente la necesitara! Cuando luché contra los antiguos Toa Kaaciah no tuve la oportunidad de absorberla, pero gracias a Dhotter, se dio la oportunidad esta vez. ¡Ahora les es imposible derrotarme, insignificantes Toa!” Nuevamente rió. “Pero antes de aplastarlos como los insectos que son, ¡les haré sentir la verdadera desesperación de no poder proteger aquello que juraron defender!” En seguida, volviendo a expulsar energía, el Makuta dio un brusco salto hacia el techo de aquella cámara, y al impactarlo, la energía que fluía en el techo hizo una descarga en contra del Makuta, lo cual resultó inútil, ya que rápidamente desintegró la piedra y la tierra que estaba alrededor de él con solo acercársele, y comenzó a subir así para dirigirse a la superficie.
“Va...” Dijo Cehk recuperándose luego del golpe de energía. “¡Va por los Matoran...!”
“Debemos ir tras él.” Dijo Jekal.
“¡Pero... es muy poderoso!” Dijo Heji.
“Hermanita... No hay nadie aquí que no tenga miedo.” Dijo Ahnia. “Todos estamos aterrados por tal magnitud de poder... Sin embargo es nuestro deber detenerlo, ¡los Matoran cuentan con nosotros!”
“La hermana de psiónica tiene razón.” Dijo Fajit. “Por cierto, hermano de hierro, ten.” Y le entregó a Cehk pedazos de la barrera de metal que había creado, Jekal y Tihur también le entregaron algunos. “Recupera la energía que malgastaste creando esa barrera.”
“Gracias... Hermanos...” Dijo Cehk, y procedió a absorber el metal. “Ayuden a los Turaga...” Netel, Delme y Muzek se dirigieron hacia donde se encontraban los Turaga colgados de sus pies, para liberarlos.

Al llegar a la superficie, Kudarax aterrizó varios metros lejos del agujero que creó, y en seguida comenzó a expulsar una gran cantidad de energía. El cielo sobre las planicies del centro de Kaaciah comenzó a oscurecerse súbitamente, provocando una tormenta eléctrica generada por el inmenso poder del Makuta.
“Todos los Rahi que habitan esta isla... ¡Sométanse a mi voluntad!” Dijo Kudarax convocando su habilidad de Control de Rahi. Aquello provocó que los Rahi de toda la isla de Kaaciah, a pesar de no estar infectados, se volvieran intensamente agresivos, para seguidamente acercarse a las aldeas de los Matoran en grandes oleadas, comenzando así una desesperada batalla en cada asentamiento de la isla. Kudarax no paraba de reír perversamente mientras observaba todo lo que ocurría por toda la isla.

“¿Como llegaremos a tiempo para detener a Kudarax?” Preguntó Tihur.
“Yo los llevaré.” Respondió Fajit. “Todos, posiciónense bajo ese enorme agujero que dejó Kudarax.” Cehk mientras tanto, terminó de absorber el metal, y en seguida recogió su lanza, la cual volvió a convertir en su Espadón de Protoacero. Los nueve Toa, junto con los Turaga inconscientes, se posicionaron en donde Fajit les indicó, con él al centro. “¿Estás seguro de que tendrás la energía suficiente para hacer lo que estás pensando?” Preguntó Ahnia.
“Sí, no te preocupes.” Respondió el Toa de Piedra, luego se agachó colocando sus manos en el suelo, y utilizando su energía elemental, comenzó a elevar el suelo de piedra, creando más piedra debajo para poder elevarse rápidamente a través del largo conducto que creó el Makuta. Luego de varios segundos, los nueve Toa finalmente llegaron hasta la superficie. Al llegar, Fajit quedó muy agotado, y casi pierde el conocimiento.
“¡Fajit!” Dijo Cehk sosteniéndolo. “Hiciste un buen trabajo hermano.” El agotado Toa de Piedra levantó su dedo pulgar lentamente, y procedió a absorber algo de piedra para reponer sus energías.
“¡Allá está!” Exclamó Delme señalando a Kudarax, quien se encontraba algunos metros delante de los Toa, expulsando energía de él. Los Toa acostaron a los Turaga aún inconscientes fuera del agujero que Kudarax creó, y Fajit, levantándose, dijo:
“Ya puedo moverme, combatiré junto a ustedes, hermanos.”
“Bien, pero no te sobre esfuerces Fajit.” Aconsejó Cehk y luego, con mucha decisión, dijo: “Por nuestra amada isla, por los Matoran que cuentan con nosotros, y por la voluntad de Mata Nui... ¡Derrotemos a Kudarax, Toa Kaaciah!” “¡Sí!” Exclamaron los demás Toa, y procedieron los nueve a correr hacia donde estaba Kudarax.
“Así que llegaron hasta acá, Toa.” Dijo Kudarax al ver llegar a los Toa. “Pensé que se acobardarían debido a mi inmenso poder.”
“¡Te dije que no nos rendiríamos, Makuta!” Exclamó Cehk.
“Mientras hablamos, miles de Rahi controlados por mí están atacando las aldeas Matoran de esta isla, sembrando absoluto terror y caos.” Afirmó Kudarax y rió.
“Los Matoran...” Dijo Heji preocupada.
“¡Con mayor razón debemos derrotarte!” Exclamó Muzek.
“Todos sus esfuerzos serán inútiles. ¡Contemplen mi poder!” Exclamó Kudarax, y alrededor del campo de batalla se formó un enorme y poderoso ciclón, repleto de energía sombría que se manifestaba como rayos de color rojo. “¡Nadie de ustedes podrá huir de mí!”
“¡Ninguno de nosotros lo hará!” Exclamó Delme preparando su taladro.
“¡Exacto! ¡Los Toa Kaaciah no le tememos a nada!” Exclamó Tihur intentando lucirse mientras sacaba sus pistolas.
“¡No continuarás haciendo daño!” Exclamó Ahnia preparando su doble lanza.
“Lucharemos hasta el final.” Afirmó Netel blandiendo su arma. Los demás Toa también prepararon sus armas.
“¡Entonces, desaparezcan gusanos!” Exclamó Kudarax sacando sus dos mejorados sables, rebosantes de energía sombría.
“¡Toa Kaaciah, luchemos unidos!” Exclamó Cehk blandiendo su Espadón de Protoacero, y corrió hacia el Makuta para atacarlo junto a los demás Toa.
“¡Ya no me contendré contigo, Toa de Hierro, he decidido aniquilarte junto a tus hermanos!” Exclamó Kudarax, y agitando uno de sus sables, soltó una poderosa descarga eléctrica combinada con energía sombría hacia los Toa Kaaciah.
“¡Cuidado!” Advirtió Tihur segundos antes de que los rayos sombríos llegaran a los Toa, mas Heji sin dudar reaccionó agitando su Rompe-Maremotos y creando una gran barrera de agua en frente de todos, la cual repelió los rayos.
“¡Muy bien hermanita!” Exclamó Ahnia.
“Nos salvaste, Heji.” Dijo Jekal, y Heji sonrió. Kudarax creó esta vez dos rayos sombríos, uno con cada sable, para atacar a los Toa, quienes esta vez lograron reaccionar saltando hacia los lados para evadirlos. Al impactar el suelo, aquellos rayos sombríos dejaban notables marcas en el suelo, demostrando el enorme poder ofensivo que contenían.
“¿Alguien sabe como venceremos a este monstruo?” Preguntó Muzek.
“¡Ahnia!” Exclamó Cehk. “¿Puedes leer la mente de Kudarax?”
“Sí puedo.” Respondió Ahnia luego de concentrarse en el Makuta, quien nuevamente soltó rayos sombríos, lo que obligó a los Toa a retroceder.
“Predice sus movimientos, e intenta transferir esa información a los demás.” Sugirió Cehk.
“¡Lo intentaré!” Respondió la Toa de Psiónica, para luego concentrar sus poderes mentales tanto en Kudarax como en los Toa.
“¡Fajit, Jekal, protejan a Ahnia de los ataques de Kudarax!” Comandó Cehk, y ambos Toa se colocaron delante de ella. Ahnia inmediatamente leyó a Kudarax, y les transmitió la información a los Toa: “¡Aléjense de Kudarax, hará un ataque de área!” Inmediatamente los seis Toa que se encontraban más cerca de Kudarax procedieron a alejarse de él, mientras que el Makuta expulsó rayos sombríos desde todo su cuerpo, devastando todo alrededor de él en un radio de alrededor de diez metros, pero afortunadamente los Toa lograron alejarse a tiempo.
“¡Los demás ataquémoslo!” Dijo Cehk luego del ataque de área. De inmediato se acercó a Kudarax y lo atacó arrojando puntas de Protoacero para mantener la distancia del peligroso enemigo, sin embargo las puntas justo antes de impactar, sucumbieron ante una expulsión de energía de Kudarax y cayeron al suelo.
“Eso ya no te servirá contra mí.” Dijo Kudarax y rió.
“Delme, combinemos nuestros ataques.” Sugirió Netel, Delme respondió asintiendo con la cabeza, y ambos se acercaron un poco a Kudarax, para dispararle sus poderes elementales, Delme creando una fuerte onda sísmica, y Netel creando una intensa onda sonora, las cuales se combinaron creando una poderosa onda destructiva que arrasaba con todo el suelo a su paso en dirección a Kudarax, quien reaccionó y saltó, evitando el explosivo poder de aquella onda; la cual dejó un cráter en donde se encontraba el Makuta; para luego mantenerse en el aire usando sus alas.
“Vaya, ¡cuánta destrucción hicimos!” Comentó Delme impresionado.
“Aún así necesitaremos más que ataques destructivos.” Afirmó Netel.
“¡Cuidado, cúbranse! ¡Disparará bolas de energía!” Advirtió Ahnia en las mentes de cada Toa, y en seguida Kudarax creó numerosas bolas de energía de sombras alrededor de él, las cuales inmediatamente lanzó hacia abajo, en donde estaban los Toa. La advertencia de Ahnia le dio tiempo a Cehk de crear una gruesa barrera de hierro en frente de él, Delme y Netel, en donde impactaron algunas bolas de sombras que exploraron al llegar, haciendo que Cehk retrocediera un poco. Luego absorbió la dañada barrera para recuperar algo de su poder invertido. Mientras tanto Tihur se había colocado frente a Heji y Muzek, y empezó a expulsar una potente ráfaga de viento hacia las bolas de energía, desviándolas de su curso, y éstas impactaron explotando alrededor y atrás de los tres Toa.
“Genial, ¿no?” Alardeó Tihur.
“Debo reconocer que sí.” Respondió Muzek, y Heji asentía con la cabeza. A la vez que lo anterior ocurría, Fajit y Jekal combinaron sus poderes para formar una sólida barrera que combinaba Protodermis sólido con el más duro hielo al frente de ellos y Ahnia, para evitar que las bolas de energía interrumpieran su concentración. Al explotar las bolas de energía en la barrera, la dañaron creando algunos agujeros en ella, pero ninguna logró sobrepasarla.
“¡Disparará más!” Advirtió Ahnia al momento de que todas las bolas de energía sombría llegaron, y en seguida Kudarax procedió a crear más bolas de energía, en mayor cantidad que anteriormente. Cehk esta vez pensó en otra idea, creó un poliedro de hierro en cada mano, y usando el poder de su máscara, los arrojó a las bolas de energía sombría justo antes de que Kudarax las lanzara hacia abajo, provocando que dos de ellas explotaran, lo cual hizo que el resto también explotaran en frente del Makuta, pero sin causarle daño alguno. Seguido de eso, Tihur emprendió vuelo canalizando su poder elemental en sus alas para dirigirse a donde Kudarax.
“¡No intentes lucirte, tonto imprudente!” Exclamó Muzek.
“¡Cuidado Tihur, todos! ¡Controlará la gravedad!” Advirtió Ahnia al Toa de Aire y a los demás Toa, y en seguida Kudarax procedió a utilizar los poderes de gravedad que poseen los Makuta para aumentar significativamente el peso de los Toa, haciendo que Tihur fuera disminuyendo su velocidad de vuelo, y obligando a los Toa que estaban en el suelo a agacharse bruscamente.
“Puedo... Hacerlo...” Dijo el Toa de Aire haciendo mucho esfuerzo en elevarse, mientras que la gravedad lo mantenía estático en el aire, sin embargo no pudo aguantar lo suficiente, precipitándose hacia el suelo. Ahnia, estando agachada por la intensa atracción gravitacional, utilizó sus poderes de telequinesis para intentar amortiguar lo más que pudiera la caída de Tihur, lo cual logró a medias a causa de la gravedad, provocando que el Toa de Aire se diera un duro golpe al llegar al suelo, pero sin sufrir graves daños. Ahnia en seguida volvió a concentrarse en Kudarax, pero ya era demasiado tarde, el Makuta había creado sobre él una enorme bola de energía de sombras.
“¡Oh, no!” Exclamó Ahnia, y el Makuta lanzó su gran ataque. Cehk, usando una gran cantidad de su poder, hizo brotar del suelo una gran mano de hierro, en un intento desesperado para intentar atrapar la gran bola de sombras. Fajit intentó ayudar creando una gran mano de piedra al lado de la de Cehk, mientras que Delme creó una hecha de tierra y Jekal una de hielo. Las cuatro manos elementales lograron contener algunos segundos la gran bola de energía, hasta que ésta hizo una gran explosión de energía sombría, la cual destruyo las manos, y sacudió violentamente a los nueve Toa. Luego de eso Kudarax bajó hacia el suelo mientras el polvo levantado por la explosión se disipaba, y al llegar, Cehk arremetió contra el Makuta saliendo de entre el polvo, usando su espada de Protoacero, mas Kudarax bloqueó fácilmente su ataque usando un solo sable, para luego repeler al Toa de Hierro con magnetismo. En seguida, varias enredaderas creadas por Muzek brotaron del suelo, enrollándose y atrapando a Kudarax, luego Netel disparó un estampido supersónico hacia él, sin embargo el Makuta utilizó poderosas ondas sónicas igualmente para contrarrestarlo, después, controló las mismas enredaderas que lo sostenían para agarrar a Netel, y seguidamente lo lanzó en contra de Muzek. Heji aprovechó para soltar un potente chorro de agua a muy alta presión en contra de Kudarax, empujándolo solo unos cuantos milímetros, y luego Jekal disparó su rayo congelante hacia él, aparentemente congelándolo, no obstante el hielo se quebró antes de que pudiera cubrirlo por completo. Kudarax de inmediato creó una bola de sombras del tamaño de un Toa, y la arrojó hacia Heji y Jekal, lo que obligó al Toa de Hielo a empujar a la Toa de Agua al suelo junto con él mismo, exclamando:
“¡Cuidado!” Y la bola de energía de sombras pasó muy por encima de ellos, casi rozándolos, para luego impactar el suelo a un poco más de un metro de ellos, generando una explosión que los sacudió violentamente, y a Ahnia que se encontraba cerca. Tihur apareció detrás de Kudarax usando el poder de su máscara, y procedió a dispararle, mas las balas resultaron inútiles ante la dura armadura del Makuta, quien se volteó, y simplemente pisando el suelo, creó una fuerte explosión que golpeó duramente al Toa de Aire, haciéndolo caer al suelo. Delme y Fajit usaron sus poderes elementales a cada lado del Makuta, Fajit creando espiras de piedra, y Delme haciendo que la tierra explotara, no obstante Kudarax se volvió intangible, por lo cual ambos ataques no le hicieron daño alguno. Luego volvió a la normalidad y disparó una bola de sombras a ambos Toa, derribándolos. Los nueve Toa, cansados y derribados, en seguida se empezaron a poner de pié a pesar de todo, aunque con evidente dificultad.
“¿Por qué siguen insistiendo en luchar?” Preguntó Kudarax. “Este combate ya lo perdieron.”
“Mientras sigamos con vida, y nuestra voluntad siga latente, ¡esta batalla no terminará!” Respondió Cehk mientras se ponía en posición.
“¡Ni si quiera nueve Toa pueden vencerme!” Exclamó Kudarax, y repentinamente, una bola de fuego llegó a su cabeza y explotó en ella, pero sin causarle daño. Aquel ataque provenía de Zokua, quien recientemente logró llegar al campo de batalla, y sostenía sus cuchillas soldadas por él mismo.
“¿Qué tal diez Toa?” Dijo el Toa de Fuego mientras los demás Toa centraban su atención en él.
“¡Zokua!” Exclamó Cehk con cierto alivio.
“¡Volcán andante!” Exclamó Tihur.
“Zokua... Qué bueno que viniste.” Dijo Heji sonriendo.
“¡Un Toa más no hará mucha diferencia!” Exclamó Kudarax preparando una bola de sombras, y en seguida Zokua creó una gran bola de fuego con una de sus manos, la cual arrojó contra la bola de sombras del Makuta, haciendo que explotara.
“¡Por fin comprendí quién es el enemigo, el causante de todo, y también entendí mi deber!” Exclamó Zokua acercándose. “¡No permitiré que causes más tragedias, Makuta!”
“Zokua, debes saber que Kudarax absorbió a Dhotter y su lanza.” Dijo Cehk.
“Ya veo... Digamos que ahora tengo aún más motivos para derrotarlo.” Respondió el Toa de Fuego, mientras los demás Toa, algo recuperados, se pusieron completamente de pié, y se mostraron desafiantes hacia Kudarax.
“Débiles gusanos ignorantes...” Dijo Kudarax. “Todos sus intentos de atacarme han sido patéticos comparados con mi gran poder... ¡Ahora incluso puedo volver a hacer uso de mi máscara! ¡Contemplen el poder de la Kanohi Titrath, la máscara de la manipulación!” Luego de decir eso, Kudarax activó su máscara, que aún estando fusionada con su cabeza, había recuperado su poder, y seleccionando a cuatro de los Toa; siendo el límite de seres a los que puede controlar con ella; Ahnia, Netel, Tihur y Delme, manipuló sus cuerpos mientras que las mentes de ellos cuatro cayeron dormidas.
“¿Qué les sucede hermanos?” Preguntó Fajit evidentemente preocupado.
“¡Delme! ¡Ahnia!¡Netel! ¡Tihur!” Exclamó Cehk. “¡Reaccionen!”
“No nos escuchan.” Dijo Jekal.
“Es inútil. ¡Ahora sus cuerpos están bajo mi control!” Afirmó Kudarax, y en seguida los cuatro Toa comenzaron a atacar a sus hermanos inconscientemente utilizando puramente ataques físicos. Delme atacó a Fajit, Netel atacó a Jekal, Tihur atacó a Muzek, y Ahnia atacó a Heji. Kudarax rió y dijo:
“¡Qué divertido es ver como intentan desesperadamente defenderse de sus propios hermanos! ¡Se ven tan patéticos tratando de no hacerles daño!” Se volvió a reír.
“¡Eres un monstruo miserable!” Exclamó Cehk con furia, y volvió a arremeter contra Kudarax ferozmente, lo que hizo que los ataques de Cehk fueran más fuertes que antes, por lo que el Makuta se cubría, aunque igualmente con facilidad, pero sintiendo mucha más fuerza en los golpes. Kudarax usó su poder de desintegración para destruir el espadón de Protoacero de Cehk. El Toa de Hierro saltó hacia atrás y rápidamente creó un nuevo espadón exactamente igual.
“Hermana...” Dijo Heji mientras bloqueaba los ataques de Ahnia. “¡Por favor ya basta!”
“Reacciona, Netel...” Dijo Jekal mientras que el Toa del Sonido lo atacaba de manera inconsciente.
“Vamos Tihur... ¡Esta broma ya fue demasiado lejos...!” Dijo Muzek intentando no creer que el Toa de Aire estaba siendo manipulado para atacarlo.
“Hermano de tierra, no quiero hacerte daño...” Dijo Fajit forcejeando con Delme.
“¡Ya detente!” Exclamó Cehk aún más enojado y de inmediato volvió a arremeter en contra de Kudarax usando su espadón, pero esta vez acompañado por Zokua quien atacaba con sus cuchillas en cada mano y encendidas en intensas llamas. Los golpes que Zokua propinaba, al impactar con los sables del Makuta, provocaban un golpe explosivo que a cualquier otro ser les sería muy difícil de bloquear, lo que también era el caso de los golpes llenos de fuerza que daba Cehk con su espadón de Protoacero. Makuta Kudarax estaba concentrado en tres cosas al mismo tiempo, en controlar a todos los Rahi de la isla de Kaaciah para atacar a los Matoran, en utilizar el poder de su máscara para manipular a los cuatro Toa Kaaciah que seleccionó, y en bloquear los incansables ataques de Cehk y Zokua, lo cual hacía que se notara un leve retraso al momento de bloquear cada golpe, y que se viera obligado a retroceder mientras bloqueaba, por lo que consideró que debía cesar una de esas dos cosas que lo mantenían concentrado, o dejar de atormentar a los Matoran, o terminar ya con los cuatro Toa.
“Ya me harté.” Dijo el Makuta, y en seguida se teletransportó hacia atrás haciendo que Cehk agitara su espadón al aire, casi cayéndose hacia adelante por la fuerza infringida. Los cuatro Toa que estaban siendo manipulados saltaron hacia atrás, colocándose en frente de Kudarax. “¡Vean cómo sus hermanos mueren bajo su propio filo!” Y entonces los cuatro Toa inconscientemente colocaron sus armas hacia ellos mismos, Ahnia y Netel con la punta de sus lanzas hacia sus cuellos, Tihur con una de sus pistolas apuntando a su cabeza, y Delme con su taladro apuntando a su pecho.
“¡¡No!!” Gritó Cehk mientras los cuatro Toa estuvieron a punto de propinar sus suicidios, y en una maniobra desesperada, el Toa de Hierro, utilizando el poder de su máscara, arrojó su espadón de Protoacero hacia Kudarax. El espadón giró en el aire a gran velocidad, y antes que el Makuta pudiera esquivarlo, o teletransportarse, o bloquearlo, Jekal, Fajit, Heji y Muzek dispararon igualmente desesperados sus poderes elementales hacia Kudarax, y de forma combinada, contuvieron sus extremidades inmóviles, incapacitándolo de moverse por pocos segundos, lo que permitió que el espadón de Cehk llegara y se clavara con mucha fuerza en el pecho del Makuta, causando que soltara sus sables, y se comenzara a filtrar algo de la energía gaseosa que era su ser. Los cuatro Toa manipulados no alcanzaron a asestarse los golpes mortales, y se detuvieron en su lugar.
“Q-...Que... Has... Hecho... ¡¡Toa...!!” Dijo Kudarax comenzando a debilitarse, luego estiró una de sus manos hacia delante. “S... Solo debo... Absorber a esos... Cuatro T-...” Mas antes de que terminara la frase, Zokua llegó hasta él propulsándose a toda velocidad por el aire, y se agarró del espadón de Cehk que estaba clavado en el Makuta, afirmando sus pies sobre su armadura.
“Como si fuera a permitirte que lo hagas... ¡Desaparece, monstruo!” Dijo el Toa de Fuego, para inmediatamente concentrar su poder elemental en el espadón de Cehk, y comenzó a soltar poderosas llamaradas en el interior de Kudarax canalizándolas a través del arma de Protocero, propagándose por todo su interior, y haciendo que las llamas incluso brotaran de los ojos del Makuta y de otros huecos en su armadura, mientras Kudarax gritaba. Luego de unos segundos se provocó una fuerte explosión, la cual mandó a volar a Zokua violentamente hacia atrás, y solo quedaron trozos de la armadura de Kudarax esparcidos alrededor. La esencia de Kudarax fue destruida para siempre por el fuego y la explosión.
“¡Zokua!” Exclamó Cehk corriendo a donde el Toa de Fuego había caído, mientras que los demás Toa fueron a donde los cuatro que anteriormente estaban siendo manipulados, y ahora yacían en el suelo inconscientes.


Capítulo 17 - Después de la Batalla

El enorme ciclón que había sido creado por Kudarax, y la tormenta eléctrica se disiparon rápidamente, permitiendo a la luz del atardecer iluminar el lugar nuevamente. Los Rahi que atacaban incesantemente las aldeas de los Matoran se detuvieron, y regresaron a sus ambientes, dándoles por fin un respiro a los Matoran.
“¡Oye Zokua!” Dijo Cehk preocupado, intentando despertar a Zokua, quien no daba respuesta. “Rayos... ¡Despierta!” De pronto, Zokua comenzó lentamente a abrir los ojos. “¡Idiota temerario, tienes que despertar!”
“¿A quién... le dices idiota...?” Dijo Zokua al recuperar el conocimiento. “Toa de hojalata...”
“¡Zokua!” Dijo Cehk aliviado. “Qué bueno que estás vivo.”
“¿De verdad creías que eso me mataría? No me hagas reír.” Respondió el Toa de Fuego más recuperado. Los Toa que fueron manipulados también habían despertado. Heji abrazaba a Ahnia muy conmovida, Muzek seguía zamarreando a Tihur aunque éste ya estuviese despierto, Jekal le daba la mano a Netel para ayudarlo a ponerse de pié, y Fajit le mostraba su dedo pulgar hacia arriba a Delme mientras le decía que la batalla terminó en victoria. Momentos después, los diez Toa se encontraban de pié reunidos, Cehk le pidió a Ahnia que leyera sus recuerdos de cuando ella estaba bajo el control de Kudarax, y los transmitiera a los otros tres que también lo estaban. Luego de eso, Zokua dijo algo avergonzado:
“Hermanos... Les ruego que me perdonen... Fui un completo imbécil.”
“N-No tienes que...” Dijo Heji.
“Disculpa aceptada.” Dijo Cehk. “Ahora yo te debo dar las gracias, por venir a luchar junto a nosotros, hermano.” Sonrió y le mostró su puño. Zokua lo miró un segundo, y también sonriendo, chocó su puño con el de Cehk.
“Buen trabajo, ‘volcán andante’.” Dijo Tihur poniendo su brazo sobre los hombros de Zokua. Los Turaga de pronto llegaron caminando a donde los Toa Kaaciah.
“¡Turaga!” Dijo Fajit, y los Toa fueron de inmediato a donde ellos.
“¿Están bien?” Preguntó Ahnia.
“No te preocupes por nosotros, pequeña mía.” Respondió Turaga Nella. “Estamos bien.”
“¡No subestimen a los Toa Kaaciah!” Exclamó Turaga Divuor.
“Ahora nosotros somos los Toa Kaaciah.” Afirmó Muzek.
“¿Qué? ¡Copiones!” Respondió el Turaga de Aire. “¡Nunca superarán a los originales!”
“Turaga...” Dijo Cehk. “Nosotros tuvimos que... Eliminar a Kudarax.”
“¿Estás preocupado por eso?” Preguntó Zokua. “Sabes muy bien lo que había sucedido si no lo hacíamos.”
“¡Lo sé!” Respondió Cehk. “Pero... ¿De verdad no había otra alternativa?”
“Cehk.” Dijo Delme. “Eso no...”
“Nosotros lo vimos todo, Cehk.” Interrumpió Turaga Makki. “El estruendo de la batalla nos despertó, y vimos gran parte de ella desde lejos. Lucharon con gran valor, han desarrollado sus habilidades muy rápidamente, incluso lo hicieron mejor que nosotros cuando empezamos.”
“Sí, recuerdo que Makki me hacía reír.” Dijo Divuor, luego se rió y Makki le dirigió la mirada con algo de desaprobación.
“Kudarax estuvo a punto de eliminar a cuatro de ustedes.” Dijo Giell. “Si no fuese porque actuaste a tiempo para detenerlo.”
“Él nos pudo haber matado a todos.” Añadió Huobul. “En una situación así de desesperada, dejarlo con vida no era una opción.”
“El mismo Código Toa dice que no debes matar a tu enemigo, a menos que sea realmente necesario.” Dijo Nella.
“Supongo que tienen razón...” Dijo Cehk, aunque de todas formas no terminaba de estar convencido.
“Vamos, ‘Toa de hojalata’.” Dijo Zokua. “Esa no es la actitud que tendría un líder.”
“Está bien...” Respondió Cehk, y luego se puso firme. “¡Tienen toda razón!”
“Entonces... ¡Misión cumplida!” Exclamó Tihur dando un salto.
“¡Salvamos nuestra amada isla!” Dijo Delme con alegría.
“Fue gracias al esfuerzo de todos, trabajando unidos.” Dijo Fajit con su pulgar arriba.
“Debemos volver, para dar las buenas nuevas a los Matoran.” Afirmó Netel. Los Toa Kaaciah se despidieron unos de otros, pero ninguno dijo adiós, ya que todos sabían que en algún momento debían volver a reunirse, para proteger nuevamente a la isla de Kaaciah. En seguida los Toa tomaron rumbos diferentes acompañados de los Turaga.

Cehk, Delme y Makki llegaron a Kaaciah Onu-Koro en el vehículo motorizado de Cehk al anochecer. Los Matoran, a pesar de estar aún reponiéndose de la dura batalla, los recibieron con honores y ovaciones. Se organizó una celebración en la aldea, al igual que en todas por el triunfo de los Toa Kaaciah.
“¡Mira Cehk!” Dijo Delme apuntando hacia el cielo estrellado, que se podía observar desde el fondo del gran acantilado.
“Son diez estrellas brillantes.” Dijo el Toa de Hierro.
“Esas son sus estrellas de espíritu.” Dijo Makki llegando donde ellos. “Estoy orgulloso de ustedes dos, Toa Cehk, Toa Delme.” Ambos Toa sonrieron y juntaron sus puños con el del Turaga.

“Hermana...” Le dijo Heji a Ahnia mientras estaban en uno de los muelles durante la celebración en su aldea. “Ahora que me acuerdo... ¿Dónde está mi bote?” Ahnia se puso muy nerviosa, y cuando estuvo a punto de responder, se vio llegando el bote motorizado de Heji, conducido por cuatro Le-Matoran.
“¡El bote de Heji!” Exclamó Ahnia aliviada.
“Les traemos su bote.” Dijo uno de los Le-Matoran. “Lo reparamos en cuanto se fueron.”
“Espera...” Dijo Heji extrañada. “¿Por qué tuvieron que repararlo?” Ahnia sonrió algo nerviosa.

Zokua, en medio de toda la celebración en su aldea, se quedó algo alejado, mientras pensaba en su amigo Daral.
“Espero que puedas descansar en paz, Daral.” Dijo Zokua hablando solo, mirando a las estrellas. “Pude proteger nuestra isla, junto a mis hermanos Toa, gracias a ti, y a ese ‘Toa de hojalata’, que me salvaron.”

Al día siguiente cada aldea comenzó su proceso de reparación a causa los daños ocasionados por los ataques de Rahi. Po-Matoran de Kaaciah Po-Koro se ofrecieron de voluntarios para ayudar en las demás aldeas, y en aquella aldea, luego de que Fajit le contara todo lo sucedido a Nidrek, se ordenó la construcción de una gran estatua de Toa Hakjo que sería colocada al centro de Po-Koro, junto al Suva.

Cehk los días siguientes no pudo evitar pensar en todo lo que le había dicho Kudarax durante su pelea. Aunque haya sonado como una locura para él, cada palabra que le dijo lo intrigaba bastante, y lo perseguían, sin embargo no deseaba mencionárselo a nadie.


Continuará...

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