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Bitácora de Kannod

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Bitácora de Kannod
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Serie
Creador(es) IDG
Género Escrito
Estatus Finalizado
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Bitácora de Kannod es el primer serial escrito por IDG. Narra la historia de Makuta Kannod, desde poco después de su origen hasta el inicio del reinado de Teridax.


HistoriaEditar

Entrada 1Editar

Me llamo Makuta Kannod. Puede que a nadie le importe esto que estoy escribiendo más de lo que a un Rahkshi le importa el color de los ojos del ser al que va a matar, pero, de todas formas, estoy haciendo este registro. ¿Para qué? Para asegurarme de que mi historia no se queda en la nada.

Yo, al igual que mis hermanos, fui un orgulloso Makuta, creadores de Rahi y protectores de este Universo. Sin embargo, diseñar y crear bestias para poblar el universo nunca fue mi pasatiempo favorito, y todavía tengo en la cabeza los largos discursos de Mutran acerca del asunto. Pero lo que a mí me fascinaba por sobre todas las cosas eran las máscaras Kanohi . Aquellos artefactos eran como un arsenal de poderes a disposición de cualquiera que lo necesitase.

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Makuta Kannod, el protagonista del serial

Recuerdo el día en el que cambié mi modo de ser un creador. Era un día poco excitante, apenas había nada para hacer en Destral, y Baknor y yo estábamos charlando sobre su nueva arma, una guadaña capaz de absorber poderes elementales por tiempo limitado. Le comenté entonces que me gustaría crear mi propio arsenal de máscaras Kanohi. Él me dijo que podía sugerirme poderes para las máscaras, mientras yo hiciera una copia para él. Su primera sugerencia fue bastante inútil, pero a partir de eso, comenzaron a nacer nuevos proyectos e ideas interesantes.

Con el tiempo, creé mis primeras máscaras Kanohi. Cada vez me resultaba más fácil fabricarlas, y también daban mejores resultados. Algunas de ellas fallaron, se rompieron e incluso me causaron heridas. Pero otras funcionaron a la perfección. Entre mis mejores creaciones se halla una máscara que un Toa tacharía de “inmoral”. Era la Kanohi Onnor, la Máscara del Terror Psicológico. Yo no pude probar esa máscara con seres pensantes, pero sí con varios Rahi, y el resultado fue estremecedor. Un Muaka afectado por esta máscara comenzó a huir y provocar sonidos de pavor ante la más pequeña y patética criatura que se le pusiese delante. Había creado una máscara que distorsionaba hasta tal punto la mente de un ser que se volvía temporalmente incapaz de distinguir entre amigos y enemigos.

Sin embargo, tuve la oportunidad de probar mi máscara muy poco después. Recuerdo bien estar ante la fortaleza del Continente Sureño, poblada por extraños seres, para recibir información del señor de la guerra llamado Takadox. La guerra iba a estallar en muy poco tiempo. Y yo iba a sacar provecho de ella.

Entrada 2

Yo no fui a la batalla final contra la Liga de los Seis Reinos. Baknor se presentó voluntario, fue, y volvió muy satisfecho por el trabajo de la Kanohi Onnor. Según me dijo, la máscara funcionaba con la mayoría de especies, y le había proporcionado una buena distracción para derrotar a sus enemigos.

Lo irónico de ese momento fue que Droporak vino a verme a mi laboratorio para pedirme una máscara concreta. Por supuesto yo no se la hice, a sabiendas de lo repulsivo y odioso que era. Esto, al parecer, lo ofendió bastante, pero no me importó, y continué con mi trabajo, sin saber que aquel pequeño acto iba a cambiarme la vida. “Nosotros creamos nuestros demonios” es una frase dicha por un Turaga que finalmente cobra sentido para mí.

A partir de entonces hay un enorme hiato, en el que yo no hice nada digno de mención. Y, ya que esto es un registro sobre mí, opino que los hechos de la desagradable guerra civil no tienen nada que hacer aquí.

Bien, retomaré la historia en el Concilio de Destral. El panorama no era muy agradable: Teridax había revelado su plan de conquista del universo, y varios Makuta (yo entre ellos) se habían unido a su causa. Sin embargo, una minoría estaba con Miserix, y Baknor era uno de ellos. Teridax, por supuesto, redujo a Miserix y ordenó su ejecución. Entonces fue cuando comencé a arrepentirme de mis acciones.

De vuelta en mi isla, provoqué un derrumbamiento sobre el lugar en el que se asentaba mi equipo de Toa Hagah. Debo admitir que no tengo ni la más remota idea de qué me impulsó a hacerlo, ya que no tengo un cariño especial hacia ellos, pero sabía que Teridax iría a por ellos, al igual que iría a por los demás Toa Hagah. Supongo que no quería que tanto poder se desperdiciara, así que los envié lejos.

Creo que será más agradable para todos ahorrarme también mi conversión en una nueva forma superior. Dejémoslo en que los Fantasmas Nynrah me construyeron una armadura nueva, sin entrar en detalles.

En una tarde en la que yo recogía algunas herramientas en mi isla, recibí la accidentada visita de Baknor. Tal vez no me hubiera alarmado tanto si llevara una Kanohi, si no estuviera seguido por otro Makuta… y si ese Makuta no fuera Droporak. 

Entrada 3Editar

Ignoro cuanto duró la batalla. Tal vez solo fuera un minuto, pero para mí fue un siglo entero.  Antes de que pudiera darme cuenta, tenía una de mis dagas en el cuello de Droporak, preparada para destriparlo. A partir de ese momento, perdí el control. Sin pensar demasiado, lo agarré del cuello y lo golpeé contra el suelo repetidas veces. Una, dos, tres… diez… veinte… veintiséis veces.

Su cara estaba ahora desfigurada, y la Antidermis comenzaba a filtrarse por los huecos de su máscara. Había destrozado a mi “hermano”, y, antes de que pudiera tener otra oportunidad, le prendí fuego a la armadura. La Antidermis comenzó a chirriar y gritar de una manera aterradora, hasta que finalmente se apagaron sus gritos. Baknor se me acercó. Él también tenía la máscara rota, por lo que me pidió que le diera una Akaus que sabía que yo tenía.  Detecté sus intenciones de asesinato en ese mismo instante. Ignoraba que era exactamente lo que le había pasado a mi viejo compañero, pero, ya fuera mi Kanohi la que me advertía de ello, o lo poco que pude leer de su mente, él tenía un solo objetivo: Matarme.

No se me ocurrió nada mejor que entregarle una máscara experimental, diciéndole que tenía la capacidad de paralizar a cualquiera. Es irónico, pude mentirle gracias a que mi propia mente estaba protegida ante cualquier intruso. Agarré fuertemente una de mis dagas ácidas, oculta en mi capa, dispuesto a contraatacar. Me giré, y esa fue la señal que estaba esperando. Se lanzó contra mí blandiendo su sable, pero yo estaba listo y lo intercepté a tiempo, a pesar de que me golpeó lo suficientemente fuerte como para tirarme al suelo. Era mi turno de lanzarme, tratando de romper su armadura. Entonces cometió el error que le costaría la vida: usó la máscara. Aunque no sabía que ocurriría, estaba seguro de que no podía ser bueno. Y no lo fue. Lo último que vi de Baknor fue su figura desintegrándose en el aire, desmenuzándose poco a poco, para no dejar nada más que la máscara. La cogí y me preparé para ocultarme de nuevo.

Ya tenía la Máscara de la Incógnita, así que ocultar mi presencia a los demás Makuta sería bastante fácil, pero aún me quedaba terminar mi escondite. Sin embargo, debí pensar que no había tiempo, así que usé parte de mis poderes de gravedad para levantar varias piedras hasta revelar la entrada a mi escondite. Podéis llamarme cobarde, porque pasé allí dentro todos los sucesos importantes en el Universo.

Entrada 4

Vivir en un refugio oscuro y tenebroso, teniendo una piedraluz como único foco de brillo, te hace perder la noción del tiempo. Sin embargo, aguantaba sabiendo qué era lo que me harían si me encontraban ahí fuera.

Durante el tiempo que pasé en el subterráneo de mi isla, tallé máscaras, muchas máscaras. Incluso llegué a encontrar un pequeño pozo de Protodermis Energizada, que usé para convertir una de mis Onnor en una versión Nuva, por lo que tendría más poder y más impacto cuando la usara.

Un día, sin ningún tipo de precedente, noté una estabilidad en el ambiente, que no había notado en mucho tiempo. Sabía que eso solo podía significar una cosa: Mata Nui había despertado y el Universo estaba de nuevo a salvo. No sabía si eso iba a ser bueno o malo para mí, ya que era probable que me juzgaran por los actos de toda mi especie, pero, aún así, me levanté de mi asiento habitual y me preparé para salir. Fue entonces cuando noté un segundo cambio en el ambiente. Este segundo cambio, sin embargo, fue más siniestro, más empalagoso, e hizo que me sintiera casi enfermo…

Teridax había tomado control del Universo. Solo tenía una opción, y una palabra se repetía en mi mente: “Miserix”. Debía encontrarlo y ayudarlo a derrocar a Teridax. Ah, aquí hay un pequeño detalle que olvidé mencionar: Miserix no fue ejecutado, fue encerrado en una isla alejada de la sociedad por Krika… sin que otros lo supieran, claro. Siempre me pareció muy extraño ese Makuta. No era convencional, no se tomaba su trabajo de la forma más cruel… cuando todos sabemos que es la forma más fácil. Le cogía cariño a los Rahi defectuosos que creaba, y luego no era capaz de destruirlos.

Pero, en fin, el tema es que yo salí del agujero, plenamente consciente de que, hiciera lo que hiciera, Teridax me iba a ver, y era más que probable que enviara a alguno de sus secuaces a destruirme. Lo único que temía era no llegar a tiempo para salvar a Miserix, porque la posibilidad de sacrificar mi vida en vano era sencillamente ofensiva.

Saqué una chalana y me preparé para poner rumbo a Artidax. Fue entonces cuando escuché otra voz en mi cabeza… solo que esa voz no era la mía. Y yo sabía perfectamente que infecto ser estaba proyectando sus palabras en mi mente.

“Vaya… si el hijo pródigo ha regresado…”

Personajes


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